“El arte es una casita de refugio que realmente transforma ciudades, municipios y pueblos”, dicen convencidos Melissa Gómez y Pablo Quintero, miembros de la corporación La Tartana, un grupo de teatro gestado hace 25 años en Itagüí, municipio que quizá era considerado el más violento de Colombia.
Movidos por esa idea, que más que un precepto se convirtió en una declaración de principios, la corporación La Tartana se presentó en Puebla en el marco de la edición número 17 del Festival Internacional de Puebla (FIP) para compartir parte del “poder transformador del arte”.
A la ciudad, la compañía se presentó en el barrio del artista: con un improvisado escenario, una sillería contada para unas 30 personas -algunas tan viejas que provocaron la caída de un espectador-, un par de bocinas y una luz de fondo que iluminó la tarde.
En el que fue considerado el primer acto artístico de la edición 17 del FIP, que no contó con una inauguración o acto oficial, ni un reconocimiento a los artistas colombianos invitados, la corporación La Tartana ofreció el espectáculo A vuelo de pájaro, en el que a través de diversas escenas compartieron un “poquito de lo que es Colombia”: desde su flora y su fauna, hasta su folklore, su idiosincrasia y cultura.
“El arte transforma vidas y familias”, afirman Gómez y Quintero, la pareja de actores protagonistas de esta puesta en escena, en la que se mezcla el humor, la música, el baile y un toque de doble sentido.
Los artistas escénicos explican que de su fundación -bajo la dirección de Gustavo Campos-, la corporación La Tartana buscó un acercamiento con los jóvenes y adolescentes que estaban inmersos entre los conflictos y la violencia, siendo que a lo largo de estas dos décadas y media han probado del poder transformador del arte en las personas que pueden acercarse a él.
“El arte como una herramienta de transformación social en zonas de conflicto”, señala Pablo Quintero, al explicar que la corporación abre la invitación, lo mismo para menores, que viejos o jóvenes, para que se acerquen a sus compañías teatrales, convencidos de que “el arte transforma zonas de conflicto, cambiándolas por amor, por música, por escritura, por poesía”.
Estos 25 años, continúa Quintero, “ha sido como surfear”, pues no ha sido fácil el camino en su natal barrio de Calatrava, en el municipio de Itagüí, Antioquia, pues como sucede en el renglón de la cultura algunas autoridades no siempre se han sumado y apoyado el proyecto.
“Creemos que los entes gubernamentales, las entidades públicas y privadas, deben apoyar un poco más la cultura y el arte, pues son las únicas que tenemos, nosotros como artistas, para ir en contra de lo que daña a los niños y a las niñas, a las nuevas generaciones”, reflexiona el artista.
Por tanto, al aseverar que “al arte es una herramienta poderosa” para el cambio social, consideraron que es claro que proyectos como el de La Tartana necesita más apoyo por parte de las autoridades y gobiernos en turno.
En el marco del FIP, la OSEP regresa a San Pedro Museo de Arte
También como parte de la edición 17 del FIP, la Orquesta Sinfónica del Estado de Puebla regresó a San Pedro Museo de Arte, espacio que desde hace años ocupa esta agrupación fundada en 2002.
Con un concierto en el que los músicos interpretaron piezas de Rossini, Grieg y Beethoven, bajo la batuta de David Hernández Bretón, el público aplaudió no sólo la ejecución sino el regreso de la OSEP a este recinto luego de las dos fechas anteriores de la actual temporada de otoño que los llevó a presentarse en un hotel de la ciudad: el Hotel Quinta Real, donde ocuparon un salón.
No obstante su regreso a San Pedro Museo de Arte, voces entre el público pidieron que la OSEP regrese a su espacio original, donde músicos, composiciones y público pueden “sonar” con mayor calidad y respeto: el Auditorio de la Reforma.
Dicho espacio fue reabierto hace más de un año -el 10 de octubre de 2024-, luego de casi dos años de trabajos de intervención hechos para revertir los daños en su estructura a causa de la mala rehabilitación realizada en el sexenio del gobernador panista Rafael Moreno Valle Rosas, que le destinó una inversión de 38 millones de pesos, pese a que menos de una década después tuvo que cerrar.
Este auditorio, una obra del reconocido arquitecto Abraham Zabludovsky, que se caracteriza por su cúpula acústica y sus 24 arcos de madera que sostienen la estructura de cobre, es el lugar idóneo para una orquesta como la OSEP, como han consideraron asiduos asistentes a los conciertos de la agrupación, misma que este 2025 ha cumplido 23 años de trayectoria.


