Un minuto de silencio y una bandera desplegada, de manera lenta, silenciosa y ondeante, cobijaron Voces por Palestina, un acto en el que participaron un activo y nutrido grupo de ciudadanos en el zócalo de Puebla para solidarizarse con el pueblo de Palestina y denunciar, de manera enérgica, el genocidio perpetrado contra esa comunidad a manos del gobierno israelí.
Teñido de los colores rojo, verde y negro, tal como la bandera de Palestina, el acto ocupó un costado del zócalo como una forma misma de ocupar el espacio público para la manifestación pública y enérgica: en contra del genocidio, la violencia, la complicidad, la opacidad, las muertes de cientos de niños y la indiferencia de los gobiernos y el poder, así como para mostrar la solidaridad, la empatía, el dolor y la preocupación compartidas.
Luego de una marcha que ánimo los espíritus de presencia y denuncia, misma que recorrió la calle Palafox y Mendoza hasta rodear el zócalo, el contingente llenó esta parte de la plancha central: lo mismo con gritos como “¡A romper, a romper relación con Israel!” y “¡Desde el río, hasta el mar, Palestina vencerá!”, hasta cantos enérgicos para sumar a más personas.
Ahí, la académica y activista Alejandra López García señaló que el acto y sobre todo el minuto de silencio guardado en memoria de los palestinos fallecidos, era para mostrar y hacer sentir el apoyo y el dolor compartido entre Puebla y Palestina, entidades separadas por kilómetros de distancia, esta vez acortada por la empatía.

“Queremos enviar un grito solidario al pueblo palestino y a la tripulación de la Global Sumud Flotilla quienes están arriesgando, incluso sus vidas, para abrir una brecha de ayuda a las víctimas del sionismo mundial y exhibir en toda su magnitud el espíritu humanitario universal del cual formamos parte todas nosotras y todos nosotros”, dijo animada.
El ánimo de denuncia y alerta subió con las palabras cantadas de Deni Valo, una rapera poblana comprometida con las causas sociales quien, con micrófono en mano y el ritmo de base clave del rap de su tema Sin Rostro, cantó por Palestina.

“No se necesita ser un genio en geopolítica ni ser de alguna religión o geografía específica para repudiar el genocidio contra cualquier pueblo. Desde acá, desde el Frente Comunicacional Antifascista exigimos a los tres niveles de gobierno que se posicionen contra el genocidio, por la vida. Desde acá exigimos a todas las instituciones que se rompan relaciones con el ilegal Estado asesino y genocida de Israel”, expuso de manera enérgica al sentenciar que “el silencio también es complicidad” por lo que es necesario no quedarse callado ni indiferente ante las muertes de niños, niñas, jóvenes, mujeres y hombres inocentes. ¡Viva el pueblo palestino!, sentenció.
“¡Rebélate, organízate o muere, nos están matando!”, continuó repetidamente Deni Valo para hablar también sobre las mujeres desaparecidas, los feminicidios y sobre todo por el genocidio, convencida de que “el odio es aquí ternura” y “la estrella de la esperanza sigue siendo nuestra”.
Enseguida, la también activista Ana Lluvia García Vilchis alzó la voz por los niños y niñas palestinos, quienes merecen todo lo que merecen los niños del mundo, pues “los niños de Gaza también son niños del mundo”. Recordó que desde 1948 cuando el pueblo palestino fue despojado de su tierra, como parte del llamado Nakba, la tragedia marcó generaciones a generaciones enteras causando el desplazamiento y la expulsión de más de 750 mil palestinos, siendo que más de 200 mil llegaron a la Franja de Gaza, sobreviviendo en campamentos improvisados que luego fueron barrios de carencia y hacinamiento. Acotó que en 1963 en una segunda embestida brutal nombrada Naksa el ente sionista volvió a golpear: 245 mil palestinos fueron desplazados, cifra a la que se suma más muerte.
“En 1948 más de 100 mil palestinos murieron en el marco del genocidio., En las décadas posteriores, las ofensivas militares dejaron huellas imborrables y desde octubre de 2023 la herida se ha abierto de nuevo con una brutalidad in precedentes: más de 65 mil palestinos han sido asesinados, entre ellos más de 19 mil niños y más de 165 mil heridos, según la autoridad palestina. La relatora especial de la ONU, Francesca Albanese, sugiere que un conteo más realista las victimas podrían ser 10 veces más, es decir, 680 mil asesinados, siendo 380 mil niños y niñas menores de cinco años”, dijo citando cifras estremecedoras.
García Vilchis completó, por tanto, que la opacidad de los registros es una consecuencia del aislamiento que enfrenta el pueblo palestino y, a pesar de que el mundo ha respondido con solidaridad, la crueldad del ente sionista ha bloqueado el flujo de la solidaridad: asesinando médicos, bombardeando escuelas, hospitales y caravana de ayuda, incluso a quienes esperan alimento.
“La magnitud de esta barbarie ha rebasado toda posibilidad de encubrimiento a pesar del sesgo mediático, las imágenes de Palestina han atravesado las pantallas, los corazones y las conciencias. La humanidad sabe que esto es un genocidio. Gaza no es un conflicto, Gaza es un genocidio”, gritó.
Al igual que Deni Valo, la activista también pidió que el gobierno de México abandone la neutralidad cómplice y actúe con claridad frente al genocidio, a la par que dijo que desde Puebla se respaldaba a la Global Sumud Flotilla.

A la fuerza de la palabra vino al suavidad y candencia de La Coraza, una colectiva de canto dirigida por María Emilia Martínez que entonan su voz más profunda por diversas causas sociales y políticas. “Venimos a cantar con ustedes, somos un taller colectivo de mujeres y nos juntamos para cantar siempre que sea necesario”, dijo la directora de variopinto grupo con su guitarra entre brazos.
Con el viento a favor, entre banderas ondeantes de Palestina, por las voces de las mujeres de La Coraza sonaron temas de la música latinoamericana y mexicana, entre sones y cantos cardenches, hasta canciones clave de Violeta Parra o Víctor Jara, cantautor de quien han montado su propia versión de El derecho de vivir, dedicada ahora a la libertad en Palestina.
“El derecho de vivir, sin miedo en nuestro país. En conciencia y unidad, con toda la humanidad. Ningún cañón borrará la huella de tu olivar //El derecho de vivir en paz// Palestina es el lugar más allá del ancho mar donde revientan la flor, con genocidio y maldad. La luna es una explosión, que funde todo el clamor. // El derecho de vivir en paz. //Alto al genocidio atroz contra del pueblo palestino, que el dolor no sea destino, levantemos nuestra voz. Muerte al sionismo feroz que destruye a toda Gaza. Levantémonos ya raza, presionemos todos juntos, no queremos más difuntos, esto pide La Coraza”, entonaron llenando con su canto el zócalo de Puebla.
Entre acto y acto, no faltaron los textos que los columnistas de La Jornada, Hermann Bellinghausen y Fabrizio Mejía Madrid, quien en su artículo Sumud explicó que este nombre adoptado por la flotilla es de larga historia como concepto, que simboliza incluso a Palestina: “quiere decir firmeza, tenacidad, perseverancia”. Citando al abogado palestino Raja Shehadeh acotó que: “Sumūd es observar cómo tu hogar se convierte en una prisión. Tú eliges quedarte en esa prisión porque es tu hogar y porque temes que, si te vas, tu carcelero no te permita regresar. Es transformar toda forma de vida ordinaria en un acto de resistencia a la ocupación israelí”. Así, la idea de sumūd es quedarse cuando permanecer con vida en la misma tierra es una victoria. Los palestinos se sienten triunfantes, no frente al enemigo, sino dentro de su propia permanencia”.
Tampoco, faltó el mensaje que desde la flotilla Sumud mandó la periodista y delegada mexicana Arlin Medrano, quien agradeció el apoyo y el alzar la voz. “Nos debemos organizar y resistirnos a deshumanizarnos pues Gaza no es allá lejos, compartimos una historia de genocidio en América Latina y en México. Es momento de que nos unamos”, dijo en su mensaje grabado.
Así, entre la música de la Coraza y su triste canto cardenche Ojitos Negros dedicados a las personas desaparecidas, concluyó este acto que llamó a sumarse, a no ser indiferente, a reclamar el cese a la violencia y la muerte, de poner un alto a este genocidio que sucede y no es lejano, sino cercano y humano.



