Lunes, junio 21, 2021

La sirena de ojos color azul hielo y mirada encendida

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Persia es una gatita que engordó desde que la operaron para no tener crías a pocos meses de ser adoptada; además de que su redonda figura ha sido conseguida a pulso, encaramada en el suave sillón frente al televisor o en la cama. Es mestiza de raza y sus amos la llevan y la traen del tingo al tango a todos lados donde han vivido, por lo que es una gatita viajera, acostumbrada a su transportadora. Es desconfiada, se esconde cuando llegan visitas y no se mueve ni hace ruido hasta que se van, pero no es agresiva. No es ruidosa al comer, beber o en su arenero. Cualquier persona que la conoce y ella acepta, disfruta de su dulzura, su cálida compañía y su plácido ronroneo, además de que tiene una cara preciosa con unos ojos color azul hielo que sólo se ven en los gatos siameses de raza pura.

En un nuevo hogar, después de un duro invierno con nieve, sus dueños optaron por sacarla a caminar diariamente con su pechera arnés y correa para que se ejercite y baje de peso. Al inicio se quedaba largos momentos como empollando el pasto y no caminaba ni con premios. Poco a poco fue dando sus primeros pasos sin arnés y con la condición de no estar atada a la correa por lo que decidieron dejarla salir sólo al jardín de la casa y supervisada, donde no hay riesgo alguno.

A la primera de cambios la gatita se sintió libre y empezó a caminar de aquí para allá para después correr por la vereda de ida y de regreso oliendo las plantas, el pasto y comiendo yerbita. Después de algún tiempo empezó a disfrutar más el aire libre, dando carreritas a voluntad, dominando el universo entero del jardín donde fue descubriendo sus espacios preferidos y sus escondites.

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Así se fue activando durante varias semanas hasta que un buen día, en el transitar de ese cosmos, descubrió un minúsculo espacio, una muy breve pestañita entre una puerta y el piso del jardín de al lado y, ni tarda ni perezosa, echó pecho a tierra, y como ágil lagartija de gelatinoso cuerpo, se arrastró ligera y rápida hacia el otro lado ante la mirada atónita de su ama quien muda quedó por la inesperada audacia.

El lote de junto está bardeado y vacío, sin peligros, pero la pregunta era: ¿Saldrá? Su dueña no tuvo otra que sentarse y esperar atenta el tiempo necesario, para cuando se avisaran sus ojos, su carita y el cuerpo de la pequeña.

Después de un buen rato, la gatita espió con sus enormes ojos por la pestañita, echó pecho a tierra ahora en sentido contrario, y como si de una sirena emergiendo del mar se tratara, a medio cuerpo de salir, apoyada con sus manos, erguido levantó el torso, sacudió su pelo como si de larga y ondulada cabellera mojada se tratara y salió triunfante y extasiada de su primer zambullido en las aguas del campo cuántico que la transformó en sirena de ojos color azul hielo y mirada encendida.

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