Miércoles, julio 17, 2024

La revolución de Octubre

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León Trotsky estableció en la Revolución Traicionada que Rusia era el eslabón más débil del capitalismo en su fase imperialista por lo que una revolución proletaria que luego intentara ser mundial era algo poco esperado para los teóricos revolucionarios. Sin embargo, las condiciones del desarrollo de las clases proletarias y campesinas condujeron a un cambio radical en lo social, cultural, político y económico en Rusia.

Las primeras décadas del siglo XX estuvieron definidas por dos grandes revoluciones ocurridas en dos continentes completamente diferentes: la mexicana y la rusa. Sin embargo, la revolución del 7 de noviembre de 1917 generó la creación del primer Estado Obrero en la historia y que propuso las bases para construir un mundo fuera del capitalismo para construir el socialismo que condujera a la utopía marxista: el comunismo

Antecedentes a la revolución de octubre

Los años previos a las revoluciones de 1917 en Rusia estuvieron principalmente dominados por una extensa radicalización del conservadurismo tal y como lo sostiene Adam J. Sacks, doctor en historia por la Universidad Brown. Desde finales del siglo XIX comenzaron las ideas contrarrevolucionarias que fueron bases lejanas del fascismo italiano o del nazismo alemán.

Sacks explica que es común pensar que el imperio zarista era un vestigio del medievo. Sin embargo, los rusos conservadores entendieron que la derecha también puede radicalizarse y plantearon ideas modernas para detener los avances sociales que comenzaban a estallar en el extenso territorio del imperio. 

Tras el asesinato de Alejandro II en 1881 por la Naródnaya Volia, voluntad del pueblo, asumió el poder su hijo Alejandro III, durante su mandato comenzó la radicalización de la derecha que parió al primer gobierno europeo en imponer un estado de excepción, conocido como la rusificación, estableciendo tribunales especiales para juzgar a todos los opositores a la “seguridad nacional”

Asimismo, la censura se volvió cada vez más intensa con la prohibición de publicaciones a autores ucranianos, los finlandeses perdieron la autonomía de su ejército y servicio postal,  no se podía enseñar en polaco en las escuelas secundarias, las universidades de Varsovia y Vilna fueron cerradas, y los lituanos comenzaron a perder su derecho a usar el abecedario latino. 

Por otra parte, el imperio zarista emprendió la expulsión de judíos en Kiev y Moscú, lo cual fue un antecedente para el crecimiento del antisemitismo europeo reflejado en las teorías de derechistas que justificaron el genocidio del pueblo judío como en el libro Los protocolos de los sabios de Sion.

En 1887 integrantes de la Naródnaya Volia planearon el asesinato de Alejandro II pero este no se concretó, uno de los cómplices fue Aleksandr Uliánov, hermano mayor de Vladímir Ilich Uliánov (Lenin), quien fue condenado a muerte y ahorcado en Shlisselburg.

Alejandro III falleció en 1894 tras contraer una nefritis, su fallecimiento sólo agudizó la caída del imperio. Posteriormente, Nicolás II fue el heredero al trono y continuó las políticas de extrema derecha que iban de la mano represiva del Estado. La oposición política al zarismo se fortaleció en tres partidos políticos: 

  • El Partido Constitucional-Demócrata (1905) o Partido de los Kadetes que buscaba transformar a Rusia en una democracia liberal con un sistema parlamentario. Sus líderes fueron el príncipe L’vov y Miliukov.
  • El Partido Socialista Revolucionario (1901) tenía como objetivo implementar una revolución campesina en Rusia y organizar un Estado federal que tomara en cuenta las distintas nacionalidades en el Imperio. Sus principales voceros fueron Tchernov y Kerenski.
  • El Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (1898) cuyos orígenes se remontan a grupos marxistas organizados por Giorgio Plejánov. En el año 1903 se dividió en dos fracciones: mencheviques (reformistas o moderadores) y bolcheviques (revolucionarios o radicales).

En 1904, Rusia comenzó una guerra con Japón ya que la emergente potencia asiática buscaba dominar Manchuria y los puertos orientales de Rusia. Sin embargo, el frío y la hambruna generaron protestas y huelgas de obreros contra el régimen zarista. El 9 de enero de dicho año, una protesta de trabajadores en la capital San Petersburgo fue reprimida por el ejército que disparó contra los obreros. Dicho evento es conocido como el domingo sangriento. 

Esta acción represiva del imperio zarista generó la radicalización de los movimientos obreros y campesinos que se organizaron en los primeros soviets, consejos de obreros, y extendieron sus manifestaciones y huelgas por todo el imperio, algunos historiadores denominan a este momento histórico como la revolución de 1905 o la huelga general

Nicolás II intentó romper la resistencia popular con una serie de reformas, como la reestructuración de la Duma, parlamento ruso, la declaración de amnistía, la libertad de prensa, reunión y asociación. Asimismo, impulsó políticas modernizadoras en el campo para implementar el libre mercado en la agricultura lo que terminó en mayor concentración de la riqueza en manos de la nobleza y la iglesia. 

Las reformas de 1905 no apalearon los malestares estructurales y los siguientes años se conformaron los movimientos que terminarían por derrocar al zar. El escritor e historiador Paco Taibo explica en su libro La Historia de la Unión Soviética que en 1906:

“El voto de un gran terrateniente equivalía al de siete burgueses, al de treinta campesinos y al de sesenta obreros. Pese a ello, y en la paradoja enunciada por Lenin, el máximo dirigente bolchevique, la duma era el cuerpo representativo más revolucionario de Europa, en el país más atrasado”.

En 1914 estalló la Primera Guerra Mundial y el zar Nicolás II despertó el clamor patriótico para justificar la participación de Rusia en este conflicto bélico. El propósito del zar era plenamente colonial e imperialista al intentar extender sus dominios. Sin embargo, tal y como lo sostuvo Lenin, este conflicto sólo aceleró el desarrollo de la historia: las debilidades estructurales, el descenso de la producción industrial y el gran número de bajas (aproximadamente 8 millones de rusos) en las campañas militares de 1914, 1915 y 1916 provocaron la desmoralización y nuevas revueltas en contra del régimen. 

Revolución de febrero

En 1917, el gobierno ruso tuvo que abandonar la guerra por las grandes pérdidas y la presión popular. Entre el 23 y 25 de febrero del mismo año tuvo lugar una gran manifestación de obreros en Petrogrado y realizaron una proclama para el fin del zarismo. El gobierno intentó reprimir al movimiento sin embargo, los soldados mermados por la guerra simpatizaron con los trabajadores y Nicolás II se vio obligado a abdicar el 2 de marzo de 1917. 

A toda prisa se formó un gobierno provisional encabezado por Alexander Kerenski formado principalmente por integrantes del Partido Democrático Constitucional, el viejo aparato imperial, socialdemócratas moderados o mencheviques y los socialistas. Inmediatamente se encarceló al zar, se decidió continuar la guerra con Alemania y se abolió la estructura imperial y la policía estatal. 

Sin embargo, dicho gobierno tuvo que enfrentar los mismos problemas de la monarquía y no contaba con las estrategias ni con los recursos para paliar los problemas que aquejaban al proletariado y al campesinado.  Ante ello, estas clases sociales se vieron representadas por el Soviet de Petrogrado, el cual era más revolucionario. 

En consecuencia se formaron dos gobiernos: el Soviet (integrado por campesinos y obreros) y el gobierno provisional (conformado por intelectuales y burgueses). De acuerdo con el primer ministro, el príncipe Gueorgui L´vov, “el sóviet tenía el poder sin autoridad, mientras que el gobierno provisional tenía la autoridad sin el poder”.

Los meses siguientes estuvieron condicionados por las diferencias de clase que fueron cada vez más evidentes. La burguesía intentaba construir un gobierno liberal mientras que los soviets proponían una república de los soviets conformada por diputados obreros. 

Entre febrero y octubre el partido bolchevique fue ganando paulatinamente terreno en las elecciones municipales y Lenin se fue perfilando como líder indiscutible. Las masas participaron en las luchas obreras para que los salarios crecieran al mismo ritmo que la inflación, se mejoraran las condiciones laborales y también para impedir que los capitalistas cerrasen las fábricas en tiempos de carestía.

Los bolcheviques impulsaron la concientización del campesinado y del proletariado para que participaran en los soviets que desencadenó en una serie de huelgas, protestas y revueltas contra el gobierno provisional. 

Revolución de Octubre

El gobierno provisional impulsó una ola de represión contra los movimientos revolucionarios y de sus líderes, Lenin fue orillado a la clandestinidad. En general el panorama económico condujo a una crisis aguda que fue la gota que derramó el vaso y el 25 de octubre (según el calendario juliano) estalló la revolución proletaria y campesina que a diferencia a la de febrero, generó menos caos y derramamiento de sangre.

Según el teórico Chris Harman, dicha revolución fue una acción de masas organizadas en el Soviet de Petrogrado el cual fue elegido por sus mismos integrantes por lo que tenía mucha mayor representatividad y legitimidad que el gobierno provisional.

El 25 de octubre, las tropas dirigidas por León Trotsky tomaron el Palacio de Invierno y arrestaron a los integrantes del gobierno provisional. En palabras del revolucionario:

“Hasta ahora todo ha sucedido sin derramamiento de sangre. No nos consta ni un solo muerto. Yo no conozco un solo ejemplo en la historia de un movimiento revolucionario en el que hayan participado masas tan enormes y que se llevara a cabo tan incruentamente”.

Inmediatamente se conformó un régimen constituido por bolcheviques, denominado Consejo de Comisarios del Pueblo y sus acciones fueron: 

  1. El decreto sobre la paz que invitaba a las naciones beligerantes de la Gran Guerra a establecer una paz inmediata sin anexiones, ni indemnizaciones.
  2. El decreto sobre la tierra, la expropiación de los grandes latifundios (un total de 150 millones de hectáreas) en favor de los campesinos.
  3. El decreto relativo a las empresas industriales mediante el cual los obreros de los soviets obtuvieron el control sobre las fábricas.
  4. El decreto sobre las nacionalidades en el que se reconoció la autodeterminación de estas partes de los pueblos rusos. El objetivo era, de acuerdo con los bolcheviques, facilitar la expansión de la revolución reconociendo en principio las particularidades lingüísticas, culturales y religiosas de los pueblos que antiguamente formaban parte del imperio.

Dicho evento histórico tomó por sorpresa a la burguesía internacional y estableció el primer gobierno proletario en el mundo. El éxito de la revolución de octubre buscó expandir los ideales del marxismo-leninismo para acabar con el capitalismo e instaurar el socialismo conforme a la realidad y límites de cada país tal y como lo estableció Marx:

“la clase trabajadora debe convertirse de una clase en sí misma a una clase para sí misma”.

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