La pretensión de la derecha

Conforme transcurre el tiempo es posible darse cuenta que la creación del Frente Nacional Anti-AMLO (Frena), no fue una ocurrencia de Gilberto Lozano, cabeza visible de esa  organización. Lozano, fue directivo de Femsa, la  embotelladora de Coca-Cola más grande de Latinoamérica, luego fue empleado federal con Vicente Fox y se ha vinculado a distintas organizaciones anticomunistas, antiabortistas y otras de ese corte que han manifestado sus simpatías a Frena; en el sexenio de Felipe Calderón, Lozano formo un fantasmal Congreso Nacional Ciudadano, antecedente de Frena. Más que empresario, Lozano ha sido empleado útil para ellos y convencido militante anticomunista, que se ha trazado como misión detener todo lo que a él le parezca socialista. Por esa razón, se vio en la necesidad de revivir las consignas anticomunistas y declarar socialista al Presidente de la República para dar sentido a su lucha opositora, todo acompañado de un discurso de odio que se sintetiza en un cartel que se pudo leer en el desangelado plantón establecido en el zócalo de la Ciudad de México: “Lárgate López. Te oído con toda mi alma. Perro.”

La derecha ha estado presente en la vida política nacional, con el empeño de mantener los privilegios de la élite social de la que forma, o cree formar, parte. En el siglo XIX se levantaron al grito de “Religión y Fueros” y en el siglo XX se opusieron a la revolución, sobre todo cuando se trataba de repartir la tierra de las haciendas o veían que su mundo de privilegios, su hegemonía cultural y económica se ponía en riesgo y que la vida social se contaminaba ante la emergencia de un pueblo irredento que se “atrevía a desayunar el Jockey Club de la calle Plateros” y anhelaba cambiar la vida que por generaciones los había sometido al látigo de la oligarquía rural que, así, ejercía sus “derechos de amo.”

En el siglo pasado, su oposición a la revolución alcanzó uno de sus hitos entre 1926 y 1929, periodo la primera guerra cristera impulsada por la “Liga Nacional de Defensa de la Libertad Religiosa”, que enfrentaba al gobierno de Plutarco Elías Calles que pretendía hacer cumplir la Constitución de 1917, que negaba la personalidad jurídica a las iglesias y las privaba del derecho a poseer bienes raíces, prohibía la participación del clero en política, e impedía el culto fuera de los templos.


El ambiente político se tensó cuando la Liga llamó a un boicot económico, lo que provocó choques violentos en algunas partes del país. Más tarde, la Liga, que había formado grupos armados, decidió levantarse en armas para derribar al gobierno callista y tomar el poder a fin de “restaurar el orden social cristiano en México.” El primer brote cristero ocurrió en Jalisco, el 29 de agosto de 1926, y se extendió por todo el Bajío en una guerra sangrienta e inútil. Los llamados cristeros eran fundamentalmente campesinos constituidos en guerrillas apoyadas por un grupo urbano clandestino, llamado Unión, que alentaba la guerra entre los católicos para para defender su religión que, decían, estaba en peligro.

Aislada la guerrilla campesina, la guerra entró en un in pace hasta que el 17 de julio de 1928 un fanático religioso asesino al Presidente electo Álvaro Obregón, lo que dio lugar al recrudecimiento de la violencia por la persecución en busca de los responsables del magnicidio, violencia que llevó a la conclusión de la guerra el 21 de junio de 1929 tras la firma de los acuerdos de paz entre el arzobispo mexicano, Leopoldo Ruiz y Flórez, delegado apostólico del Papa Pío XI y el Presidente interino Emilio Portes Gil.

Fracasada la guerra cristera, el 23 de mayo de 1937 en León, Guanajuato, se funda la Unión Nacional Sinarquista, una de las organizaciones políticas más representativas de la derecha que se declaraba abiertamente contrarrevolucionaria. En 1942, en plena contrarrevolución, los sinarquistas seguían impugnado el proceso revolucionario, que declinaba. En su periódico El Sinarquista, un redactor anónimo escribió: “Cuándo te pregunten ¿qué es la revolución?, responde: anarquía; ¿Qué es el Sinarquismo?, la Contrarrevolución (sic).”

Hoy las cosas son distintas, pero la derecha mantiene su vocación golpista y no se arriesga

a participar en las elecciones; eso ha hecho de Frena una secta ultraderechista que, con el fin de atraer a la clase media, ha utilizado la inexistente “amenaza comunista” que, dicen, los va a empobrecer y  para dar credibilidad a su mito, caracterizan al gobierno de AMLO como una dictadura socialista, que ni por asomo existe, lo prueban las agresiones verbales que sufre cotidianamente el Presidente o la libertad con la que toman sus decisiones los poderes Legislativo y Judicial, libertad   que no tenían en la época de los gobiernos prianistas.

Las movilizaciones de la reacción, son presentadas como multitudinarias, pero se olvida que, en las últimas elecciones presidenciales, si bien AMLO tuvo una votación mayoritaria, no alcanzó la unanimidad, que es por cierto indeseable en la democracia. En 2018, las distintas versiones de la derecha (PAN, PRI y un candidato independiente) obtuvieron el 44% de la votación total, es decir, 24 millones 861 mil 765 ciudadanos que asistieron a las urnas votaron por un candidato distinto a AMLO; por eso aún son pobres sus manifestaciones que cuentan con la garantía de no ser reprimidas bajo ninguna circunstancia.

Al parecer, la derecha nostálgica pretende volver al esquema de la guerra fría, donde la unidad se lograba teniendo un enemigo que combatir. Primero fue la Revolución, luego el gobierno “estatista” y ahora la “amenaza comunista”, que hará del país la segunda Venezuela. Pese a lo intrascendente de la presencia de la reacción en el espacio público, no se puede ignorar que la derecha se organiza, ya está formando “grupos” -especie de células- que actúan coordinadamente. La derecha se fortalece en la medida que entre los sectores progresistas prevalece la desorganización, Ya un diputado dio el aviso, muchos de los que quieren dirigir a Morena no les interesa el partido, sino las candidaturas. ¿Será?