A Enrique Cabrera, asesinado impunemente el 20 de diciembre de 1972.
El capitalismo en México se ha desarrollado de manera desigual. En norte del país, existe una estructura económica industrial con un desarrollo de las fuerzas productivas relativamente homogéneo. La zona metropolitana de Nuevo León, aporta el 8 por ciento del PIB (definido por el INEGI como “La suma del valor (en dinero) de todos los bienes y servicios de uso final que genera un país o entidad federativa durante un período, comúnmente un año o un trimestre”). Su aportación, convierte a la Zona Metropolitana de la ciudad de Monterrey en la segunda en importancia del país, después de la Zona Metropolitana de la ciudad de México, que además de las 16 alcaldías que la integran. se extiende hacia 27 municipios del Estado de México y uno de Hidalgo. En síntesis, la Zona Metropolitana de la Ciudad de México la integran 44 localidades, aporta poco más del 25 por ciento al PIB nacional y tiene una importancia internacional. En esta zona metropolitana, el desarrollo de las fuerzas productivas es, también, desigual al coexistir el uso de tecnología muy elevado, como en la industria automotriz, con bajo uso de tecnología en las micro y pequeñas empresas, sobre todo, de servicios. Estas empresas, junto con las medianas, aportan una parte significativa del empleo. La zona metropolitana de la ciudad de México, incorpora a la zona metropolitana de Toluca, capital del Estado de México, entidad que por sí misma aporta el 9.1 por ciento del PIB (INEGI, México, Aportación por Entidad Federativa al PIB Nacional).
Existe otra zona metropolitana de importancia regional, constituida alrededor de la ciudad de Guadalajara, que porta 7.3 por ciento al PIB del país. Su estructura productiva, es diversificada, con servicios y desarrollo industrial que extiende su influencia por toda la costa noroeste del Pacífico hasta la frontera con Estados Unidos.
En cambio, el sur–sureste del país ha sido una región permanentemente excluida por el sector privado y el público. Esta exclusión crónica, ha carecido de opciones de desarrollo y a su población se le han negado derechos básicos, como la educación y la salud, que, los gobiernos neoliberales desatendieron lo mismo en todo el país, que, en esta región, donde el déficit era mayor por lo que la crisis de ambos derechos ha sido más aguda, acompañada por la constante precariedad laboral, escasez de empleo, bajos salarios y sin las prestaciones mínimas.
Durante décadas, escribe el presidente Andrés Manuel López Obrador (A mitad del camino, p. 279) se impulsó el “crecimiento hacia el centro, el Bajío y el norte del país; la gran paradoja es que este modelo de desarrollo descansó en los ingresos que se obtenían por la extracción del petróleo de Veracruz, Chiapas, Campeche y Tabasco, de 1988 hasta 2018…Sin embargo, el sur y el sureste padecieron el más injusto abandono”. Por ese abandono, en un diagnóstico del Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval, Medición multidimensional de la pobreza a nivel municipal, 2020)), se concluye que de los 500 municipios de mayor pobreza existentes en el país, un total de 482 se encuentran en la región sur–sureste con alta población indígena: Oaxaca, Chiapas, Guerrero, en los cuales hay municipios donde más del 99 por ciento de su población en situación de pobreza; tal es caso de San Simón Zahuatlán, Oaxaca donde el 99.6 por ciento de la población sobrevive en situación de pobreza; San Juan Cancuc, Chiapas, donde el 99.3 por ciento de la población se encuentra en pobre y Cochoapa el Grande, Guerrero, donde el 99.4 por ciento de su población se encuentra muy por debajo de la línea de bienestar.
Esta situación, inadmisible sobre todo ahora que el país empieza a ser distinto, justifica plenamente que en el marco del proyecto de desarrollo integral para esa región, se incluyan los proyectos que atienden, por primera vez en la historia de la República, con grandes proyectos sean el impulso a un proceso de desarrollo que mejore las condiciones de vida de la población: el Tren Maya (que el domingo pasado fue recorrido por el presidente de la República en los seis tramos que lo conforman), “que buscará introducir a los turistas que llegan a Cancún, Playa del Carmen y Tulum hacia el sur del Quintana Roo, Yucatán, Campeche, Chiapas Tabasco” (A mitad del camino, p, 279); la refinería de Dos Bocas, en Tabasco, que acercará al así a la autosuficiencia de gas y entrará en operación en marzo próximo y el Tren del Istmo de Tehuantepec, que unirá “en esta estrecha franja del territorio nacional (300 kilómetros) a los países del Pacífico con la costa este de Estados Unidos”.
El difícil creer que la oposición se oponga al desarrollo de esta región y no debería estar deseando que estos proyectos, o el del Nuevo Aeropuerto Internacional de la ciudad de México y cualquier otro de los 25 proyectos prioritarios programados para ser consolidados en lo que falta del sexenio, pudieran fracasar. México necesita dar fin al neoliberalismo y se ha echado andar el proceso histórico que enviará ese modelo al museo de las cosas inútiles.
- El pueblo chileno no podía fallar en esta cita con la Historia de Nuestra América.
