Viernes, agosto 19, 2022
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¡La ñeve de limón…la ñeve!

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El recuerdo de las campanitas de los carritos de los paleteros ambulantes que recorrían las calles de las ciudades y los pueblos para anunciar sus productos se va diluyendo, porque se encuentran en proceso acelerado de extinción: paletas “Lupita”, “Nieves y paletas “Patiño”, “Nieves Betito”, “Helados Yolis”, “Pepehelados”, “Helados y nieves finos”, etc. han dejado de circular. Han sido reemplazados por negocios fijos que venden paletas heladas, nieves, helados y bebidas frías y a los cuales acude la clientela para refrescarse y darle gusto al “gusano” sobre todo en época de “calores”. Este cambio, relativamente reciente, no ha sido provocado por una cadena trasnacional ni por las “franquicias” que la representan, sino por paleteros nacionales de “La Michoacana” y otros nombres que aluden a la tierra de origen: “La Flor de Michoacán”, “¡Que lindo Michoacán!” o “Corazón de Michoacán”, etc.

Hay que decir que el negocio de las paletas y las nieves se inició en un primer momento en Mexticacán, Jalisco y sus paleteros se expandieron por la región circundante y los estados vecinos. Pero, inmediatamente después, fueron algunos habitantes de un pueblo michoacano llamado Tocumbo, que se encuentra cerca de los límites con el Estado de Jalisco, quienes tomaron la delantera y establecieron negocios de golosinas heladas por todo el país, extendiéndose también por el suroeste de los Estados Unidos. Tocumbo apenas cuenta con 2,600 habitantes y su nombre, que procede de una lengua extinta el “tequechua”, significa “pinabete” (un tipo de pino). La “marca” distintiva de estos paleteros tocumbenses es “La Michoacana” y sus paleterías son negocios independientes, pero relacionados entre sí por lazos familiares y por el origen de sus propietarios.

No existe una tradición paletera y nevera muy antigua en Tocumbo, sino el hecho de que los primeros paleteros salieron, por los años 40 del siglo pasado, hacia ciudades más grandes y prósperas para probar fortuna como modestos empresarios migrantes, con muy poco capital, para hacer paletas, nieves y helados con fórmulas tradicionales que recientemente habían aprendido, pero con la innovación de realizar estos productos con una gran variedad de frutas, otros vegetales y además agregarles buena cantidad de pulpa. Así, la demanda de paletas, helados, nieves y “aguas frescas” creció como la espuma y hoy día se puede decir que no existe ciudad alguna del territorio nacional en la que no se encuentre alguna o algunas paleterías de “La Michoacana” y prácticamente todos hemos degustado en algún momento de esas refrescantes delicias heladas.

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Actualmente, los descendientes de los paleteros originales, de hace 80 y 60 años, han nacido en las ciudades donde se encuentran los negocios, pero los apellidos de Alcázar, Barragán, Andrade y Malfavón siguen sonando en el ramo. El punto de reunión de los paleteros sigue siendo el pueblo de Tocumbo al que acuden, manteniendo la tradición familiar, las nuevas generaciones con motivo de la fiesta patronal en honor a la Inmaculada Concepción que se celebra el 8 de diciembre, así como “La feria de la paleta” la cual tiene lugar en la última quincena de diciembre de cada año desde 1987, aunque hay que decir que en Mexticacán, Jalisco existe una feria de la paleta, anterior, que se viene realizando desde 1960. En estas celebraciones especializadas están presentes los vendedores, algunos originarios de los propios pueblos, quienes ofrecen equipos de refrigeración, mobiliario industrial, recipientes especializados, bases lácteas para helados, motores, etc.

La prosperidad de los negocios paleteros es evidente y la orientación de estos ha sido siempre hacia las clases populares quienes constituyen su principal clientela. Su apego y vínculos con el pueblo de origen y las redes sociales (concepto antropológico) que siguen manteniendo, ha ocasionado su participación importante en el financiamiento de obras públicas diversas que han repercutido en mejoras para el pueblo y también un paliativo al fenómeno migratorio, captando paisanos para los negocios paleteros y provocando de la misma manera, como afirma la Dra. Patricia Arias de la Universidad de Guadalajara, “una vía de inserción laboral urbana diferente a la proletarización o precarización en las ciudades”, como sucede comúnmente con la migración de personas del campo o de poblaciones pequeñas a las grandes urbes.

Agua, fruta, azúcar y colorante son los ingredientes básicos de estos productos fríos y por otro lado el calor, la sed y el gusto del público, son las condiciones adecuadas que precisamos para poder saborear una buena paleta de limón, jamaica, fresa, tamarindo, sandía, piña, mango, ciruela, chicozapote, grosella, chamoy, guanábana, melón y muchas frutas más; también helados de vainilla, coco, chocolate, pistache, cajeta y “aguas frescas” de sabores frutales. Todas hechas al estilo de “La Michoacana” y disfrutadas al modo de los habitantes de cualquier lugar de México o de Estados Unidos donde haya una “Michoacana”. El pregón gutural del popular nevero que ofrecía nieves de coco, limón y mamey, así como el tintineo de las campanitas de los carritos paleteros son trozos de una historia reciente, aunque para salvar el expediente de los nostálgicos, quedan algunos lugares en los cuales todavía podemos probar los “mantecados” o “sorbetes” que fueron tan populares hace algunas décadas. Y como dice la sabiduría popular: ¡Ni modo dijo Alfredo y lo que viene…conviene!

 1 Arias, Patricia. Universidad de Guadalajara. “Una historia de migrantes empresarios en México. 1960.1960”. [https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/6911064.pdf]

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