Jueves, enero 15, 2026

La música, los dinosaurios y la historia de Carlos Ignacio, un chico atliscense con autismo

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Atlixco. “Me dijeron tonto, pendejo, retrasado, idiota. Pero prefiero ya no escucharlos y colocarme los audífonos para evitar ruidos y cosas como esas”, dijo a La Jornada de Oriente un joven atliscense de 15 años de edad con problemas de autismo. Es la historia de la lucha de un excelente músico, cuyo artista favorito es su papá.

Guadalupe Rivera Escobedo es la mamá. “Es muy jodana. ¡Y a veces la quiero mucho y a veces nada!”, alcanzó a decir durante una entrevista con la seriedad y madurez de un adulto. “¿Sabías en las escuelas muchas veces se reservan el derecho de admisión para no aceptar a tu pequeño con alguna neurodivergencia?”, soltó ésta primera.

Dijo aún desconoce si esa actitud en las instituciones educativas privadas y públicas es legal o no. “Aquí el tema de fondo es que esa misma situación pasa en muchas familias. A mi Coco también terminó sucediéndole. Y sinceramente se siente bien gacho. Una mamá pasa por un trago amargo cuando descubre el rechazo social y la falta de empatía hacia tu hijo. Esto porque piensan es diferente. ¡Y claro no lo es! Simplemente comprende la vida de otra manera”, detalló.

Recalcó: “No lucho por el derecho de mi pequeño a estudiar en un colegio. Lucho por el derecho de los demás de conocerlo. Quienes hoy son niños mañana serán doctores, presidentes o simples ciudadanos. Y habrán crecido observando la diversidad, y por tanto, no les costará nada aceptarla ya que la entenderán como algo normal”.

Carlos Ignacio Cornu Rivera casi siempre trae puestos unos audífonos negros especiales. Además de evitar el ruido externo y no generarle estrés, ayuda a no prestar atención a la falta de respeto de los chicos “normales”. En alguna ocasión el bullyng reventó sus oídos. “Alcancé a escuchar todo tipo de ofensas como tonto, pendejo, idiota. Y no alcanzaba a entender las razones”, contó en la plática junto a su madre.

“Pasó mucho tiempo en decírmelo. Y sinceramente esa situación logró ponerlo mal. Sin embargo, con ayuda de un psicólogo comenzó a comprender el mundo y la falta de empatía de muchos sectores de la sociedad”, comentó Rivera Escobedo.

Además de su simpatía por los dinosaurios, la música, concretamente la composición de canciones, es la manera descubierta por este muchacho para lanzar el mensaje sobre la perspectiva de las personas con algún tipo de autismo. “También quiero tener novia y estudiar. ¿Tiene algo de malo eso?”, concluyó. En este municipio no existen cifras de cuántas personas mantienen esa condición.

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