La medicina basada en evidencias

Nunca en toda la historia de la humanidad se ha generado la cantidad de información biomédica de la actualidad. Se calcula que hay alrededor de 25 mil revistas médicas circulando en el mundo. En éstas se produce un promedio de 2 millones de artículos científicos por año, lo que representa más de 5 mil por día. Esto lleva a la especulación de que un médico, para mantenerse actualizado solamente en lo que se refiere a una especialidad, requeriría leer aproximadamente 19 horas diarias los 365 días del año. Es humanamente imposible estar sometido a un esfuerzo de esta magnitud para aspirar a la competencia profesional por medio de la acumulación de conocimientos novedosos bajo esta condición.

Pero lo peor del panorama surge al enfrentar varios fenómenos: No todos los artículos científicos son de calidad; mantenerse al día llega a ser exorbitantemente caro, pues el precio de las revistas de actualización de ninguna manera es económico; las publicaciones no siempre tienen una relación directa entre costo, capacidad de difusión, categoría específica y calidad (un médico puede encontrar buenos artículos en revistas de difusión gratuita, así como leer artículos muy malos en revistas prestigiosas y, por lo mismo, caras); la búsqueda sistemática de información puede llegar a ser caótica, confundiendo al médico y alejándolo de los objetivos en el proceso de aclaración de dudas. Este fenómeno ya había sido vislumbrado en los países desarrollados desde hace más de 20 años, de modo que se inició una búsqueda de estrategias para contrarrestar el proceso de sobresaturación de información.

En 1980, en la Escuela de Medicina de la Universidad Mc Master de Canadá, se acuñó por primera vez el término “medicina basada en evidencias” (evidence– based medicine o EBM, por sus siglas en inglés), que paulatinamente ha evolucionado y que constituye actualmente una herramienta muy útil para ofrecer a los médicos mejores alternativas en la investigación de tratamientos, así como estrategias para la prevención de enfermedades, a través de la búsqueda sistemática de información.


Es indudable que la actualización médica es determinante si se desea ofrecer un buen nivel en la calidad de la atención. Por otro lado, sería ideal que los prestadores de servicios de salud estuviesen involucrados en la investigación y en la docencia para estar al día en la competencia profesional; sin embargo, la visión de los médicos actualmente se nos ha vuelto estrecha y de mala calidad; además, paulatinamente se ha reducido a un mercantilismo que solamente puede calificarse como atroz, ante la imposibilidad de que un gran número de personas puedan recibir buenos servicios de salud.

La medicina en México está bajo una crisis compleja. Prácticamente no se hace investigación, no se ejerce la docencia y la actualización es casi nula, limitándose, en el mejor de los casos, solamente a la asistencia a congresos donde, más que aportar, el médico se vuelve receptor. Los congresos son apoyados por laboratorios que promueven productos a través de investigaciones “parciales” o mal controladas. Estos costos son absorbidos por los precios en medicamentos, lo que encarece tratamientos. Finalmente, el hecho de que la mayoría de revistas estén publicadas en inglés condiciona limitaciones a los médicos por la falta de dominio en el idioma, además del cansancio que representa el traducir artículos que manejan un lenguaje técnico.

La medicina basada en evidencias es una manera de abordar los problemas clínicos utilizando en una forma juiciosa y consciente, las mejores herramientas disponibles, resultantes de la investigación científica. Se trata de tomar decisiones acertadas en el cuidado de la salud de los individuos. Puede decirse que es una verdadera estrategia que implica el tomar conclusiones cruciales, basándose en la mejor información disponible, que verdaderamente sea relevante.

Esencialmente se apoya en cinco pilares:

1. Las decisiones clínicas deben basarse en la mejor evidencia científica disponible.

2. El interrogante clínico (a través de una pregunta) debe determinar el tipo de evidencia que debe buscarse.

3. Identificar la mejor evidencia implica usar razonamientos Epidemiológicos y Bioestadísticos.

4. Las conclusiones derivadas de la evidencia (identificada y evaluada críticamente) será útil en la medida en la que sea puesta en acción durante la toma de decisiones.

5. Su rendimiento o desarrollo debe ser revisado constantemente.

Podemos entender, si pensamos en la medicina basada en evidencias, que es un proceso que transforma los problemas clínicos en preguntas, para luego obtener sistemáticamente respuestas, utilizando los resultados que aportan las investigaciones actuales como base para la toma de decisiones diagnósticas y terapéuticas. Intenta construir una especie de “puente” que ayude a los médicos a encontrar la información más adecuada y segura, para proveer un óptimo cuidado en la salud de los individuos.

De esta manera se desea ponerle fin al progresivo deterioro del desempeño clínico y evitar que éste caiga en la rutina y en el desgaste, como sucede en muchos casos actualmente, a través de un análisis sistemático y dinámico de la investigación que cotidianamente se genera a nivel mundial.

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