La mayoría de consejeros perredistas no quieren aliarse con RMV

Si en este día se votara en el Consejo Estatal del PRD la propuesta de hacer una alianza electoral con el PAN, es decir con Rafael Moreno Valle Rosas, habría un resultado más o menos así: entre 110 y 115 de los poco más de 150 integrantes de ese órgano colegiado sufragarían en contra de hacer un bloque con las fuerzas políticas morenovallistas.

Es decir, se rebasaría la mayoría calificada, que es de unos 108 votos de los miembros del Consejo Estatal.

Los únicos votos que se tienen asegurados son los de unos 40 perredistas que forman parte de la corriente Nueva Izquierda, que controlan Luis Maldonado Vanegas y Carlos Martínez Amador, es decir los políticos de reciente arribo a ese partido.


De acuerdo a los recuentos que se han empezado a hacer hacia el interior del PRD se arroja esa correlación de fuerzas, como resultado claro del mal trato que los perredistas sufrieron de la administración de Rafael Moreno Valle Rosas, quien no cumplió el acuerdo suscrito en 2010 de que gobernaría con políticas de desarrollo social de izquierda y encomendadas a grupos del partido del sol azteca.

La importancia de este recuento radica en que aunque la última decisión la tomará el Comité Ejecutivo Nacional del PRD, primero se consultará al órgano local del partido acerca de cuál es su posición respecto a volver a competir por tercera vez con los morenovallistas.

Si el Consejo Estatal vota en contra, se dificultaría que el CEN perredista pueda ir a contracorriente de lo que expresa la representación de las bases del partido.

O por lo menos esa es la posición que ha expresado el nuevo presidente nacional del PRD, Agustín Basave.

Sin embargo, todavía se está muy lejos de que se pueda concretar un rechazo a la alianza y existen condiciones para que ocurra lo contrario, que se imponga a la fuerza la determinación de hacer un bloque electoral con el PAN, por un par de factores esenciales:

El primero es que la sesión para consultar a los miembros del Consejo Estatal se hará hasta principios del próximo año. Se cree que podría ser en la primera quincena de enero, pero la sesión podría producirse hasta febrero o de plano no realizarse. Ello por las dificultades de consenso que existen hacia el interior del partido.

Un ejemplo de lo anterior es que este miércoles sesionó el secretariado del PRD poblano para aprobar la orden del día para la sesión del Consejo Estatal que, probablemente se realizará el 14 de diciembre, para elegir el método de selección del candidato a gobernador, y al final no se alcanzó un acuerdo, pese a que ya se tenía redactado el proyecto final y aparentemente se contaba con un consenso.

El problema de fondo es que al faltar mucho tiempo para que se produzca esa consulta, se da un amplio margen para que los morenovallistas maniobren para comprar voluntades entre los consejeros del PRD.

Por ejemplo se sabe que a un grupo de 15 miembros del Consejo Estatal, que no son parte de las principales corrientes internas, ya se les han estado ofreciendo plazas en la burocracia del Poder Ejecutivo y la obtención de proyectos.

Un segundo factor es que el CEN del PRD enfrenta el dilema de que necesita de hacer alianzas con el PAN para garantizar triunfos en plazas prioritarias, como son: Zacatecas, Tlaxcala y Oaxaca.

En ese tenor, la dirigencia nacional panista ha condicionado que si podría entrar a hacer alianzas en esos tres estado, siempre y cuando el PRD se sume a los proyectos electorales de Veracruz, Puebla y Sinaloa, en donde una coalición llevaría a panistas como candidatos a gobernadores.

Tal situación ha llevado a que en el CEN del PRD se empiece a presionar a perredistas poblanos y de Veracruz para que hagan un lado sus posiciones de rechazo, y se acepte una alianza con el PAN, bajo la idea de que si el partido del sol azteca no sale aireado de los procesos electorales del próximo año, dicha fuerza política sufrirá un debilitamiento excesivo.

Con esas circunstancias el PRD poblano parece estar condenado a sufrir el síndrome de la esposa maltratada, ya que debe mantener a la fuerza el matrimonio con el morenovallismo, aunque éste sea violento, excluyente y le dé un trato carente de amor.