Domingo, febrero 25, 2024

La Llorona

“Como popular conseja,


por más de doscientos años,

con misterio referida

y escuchada con espanto,

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la historia de La Llorona

por tradición ha pasado

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de los padres á los hijos 

y de los propios á extraños.“

“Tradiciones y leyendas mexicanas” (1885)

Vicente Riva Palacio y Juan de Dios Peza


Los cuentos de “espantos” y “aparecidos” eran parte de la convivencia de numerosas familias con los que los adultos entretenían a los chamacos inquietos, como “pepitas en comal”, porque andaban dando “lata”. Con estos relatos, que se acompañaban con gestos y expresiones de horror, se obtenía una imperturbable atención de los escuincles quienes con frecuencia volteaban, encogidos, en todas direcciones. Algunas veces, los personajes siniestros de estas historias eran usados por los padres para intentar conseguir que las criaturas se portaran bien con la amenaza de que serían entregados a los moradores de la noche. Algunas historias, difundidas en pueblos y ciudades de nuestro país, eran la del “Charro Negro”, la de “El catrín”, la del “Ánima sola”, la de la “Mala mujer”, la del “Jinete sin cabeza”, la “Planchada” o el mito del “nahual”, pero la más importante sin duda alguna ha sido la de “La Llorona”.

Entre muchas versiones de la leyenda de “La Llorona”, las numerosas canciones y películas basadas en este tema, propagadas por toda Latinoamérica, conviene aclarar —para el caso de México— de dónde proviene este relato y cómo se puede explicar en el proceso histórico del imaginario social dentro de una tradición oral aun vigente. Hoy, los descreídos, la consideramos una leyenda, un cuento de ancianos, un relato ficticio, pero no siempre fue valorada así, sino que el mito extendido y compartido por un amplio grupo social tenía y sigue teniendo una significación importante, una certeza de autenticidad, un valor significativo y un ejemplo que ofrece una enseñanza moral para la sociedad. Esas creencias se encuentran al margen de la iglesia católica ya que ésta sanciona todo aquello que no corresponde a su doctrina y que, curiosamente, dispone de sus propios relatos infernales con valores catequísticos.

¡Ayyy… mis hijooos!


La leyenda más difundida en casi todo México es la de una mujer espectral ataviada con un vestido y velos vaporosos, que vagaba por las calles de la ciudad de México, de otras ciudades y pueblos de nuestro país, lanzando pavorosos lamentos que algunos dedujeron se trataba de la expresión lastimera ¡Ayyy… mis hijos! Pese a las numerosas variantes del relato los aspectos comunes que conserva son los siguientes: la época corresponde a una antigüedad indeterminada, el lamento por sus hijos asesinados por ella y su arrepentimiento es invariable, los lugares de las apariciones son múltiples muchas veces cercanos a cuerpos de agua, se manifiesta siempre a media noche; se trata de una mujer en ocasiones hermosa y en otras, grotesca, la cual parece flotar en su tránsito por las calles y caminos, su lamento es terrorífico; su vestimenta, blanca o negra, es ligera y al final de su periplo se desvanece sin dejar rastro.

¡Agárrense que ahí les va…!

La leyenda, como me la contaron, se trata de que, en las noches de luna llena cerca de las doce, se escucha por algunas calles del centro de la población un horrendo y desgarrador lamento que va creciendo en intensidad para hacerse inteligible la desconsolada frase ¡Ayyy… mis hijooos! Es este el momento que sobrecoge el ánimo y contrae el “cicilisco”, porque sabemos que quien lo profiere es, sin duda, un ser de otro mundo que pena debido a que perdió o asesinó a sus hijos y que la terrible culpa de este atroz suceso no le permite descansar en paz por lo cual está condenada a vagar eternamente lamentando su horrendo crimen. Muchas veces este relato se funde con la leyenda de la “Mala mujer” que se aparece a los trasnochadores borrachos que transitan a altas horas de la noche; los seduce y una vez que están bajo su influjo, los desbarranca o los vuelve locos, semejante al relato de la Xtabay del sureste mexicano.

En los libros Tradiciones y leyendas mexicanas (1885) de Vicente Riva Palacio y Juan de Dios Peza, en Las calles de México (1922) de Luis González Obregón y en la obra Cuentos del México antiguo… (1936) de Artemio de Valle-Arizpe, se incluye la leyenda de La Llorona y se exponen las diferentes explicaciones acerca del origen de esta señora y de su penar sobrenatural. Prácticamente no existe comunidad alguna en la que no se conozca este relato. Cronistas de pueblos y ciudades de nuestro país han escrito notas periodísticas y modestas obras sobre la tradición de su terruño acerca de “La Llorona” con lo cual se registra por escrito aquello que en un principio fue transmitido de boca en boca.

Más recientemente, doña Guadalupe Appendini en su libro Leyendas de Provincia (1996) ratifica la amplia geografía de difusión de la leyenda de “La Llorona”: en primer lugar en su natal Aguascalientes una mujer, con nombre y apellidos, Marisa López de Figueroa, protagoniza el drama del ahogamiento de sus hijos y su ulterior suicidio en el río de los Pirules; en Celaya se cuenta acerca de “La dama de negro” que también asesinó a los hijos y a su marido por coscolino; en Durango el relato sucedió en el siglo xvii en donde unos niños contraen rabia y son ultimados, por su madre, en un acto de compasión y posterior arrepentimiento; en Lagos de Moreno se trata de una tragedia familiar con un marido multi homicida y en Querétaro hay una combinación del cuento de “La Llorona” y el  caso real de un ladrón que se disfrazaba de “llorona” para cometer sus fechorías hasta que fue capturado por la policía y así cesaron tanto los gritos macabros como las raterías. Agréguele los lugares que usted quiera para registrar la presencia nocturna de la aterradora aparición con sus macabros ayes.

Desde el siglo xix muchos autores, citan un origen prehispánico de este relato que se encuentra documentado por los cronistas coloniales del siglo xvi como el franciscano fray Bernardino de Sahagún, el dominico fray Diego Durán y el hijo mestizo de un conquistador español y una mujer indígena, el tlaxcalteca Diego Muñoz Camargo. El arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma en uno de sus artículos llamado ¿La leyenda de la Llorona es de origen prehispánico? de la Revista “Arqueología Mexicana” y en una recopilación de sus textos “Mentiras y verdades en la arqueología mexicana” nos ofrece algunos datos tomados de los libros de los cronistas citados, relacionados con el culto de la diosa Cihuacóatl, así como de los presagios funestos previos a la llegada de los españoles. Teniendo yo las fuentes a la mano reproduzco esos pasajes completos. Sahagún escribe en el capítulo vi del libro primero de Historia general de las cosas de Nueva España .

 “Que trata de las diosas principales que se adoraban en esta Nueva España. La primera de estas diosas se llamaba Cihuacóatl… decían que de noche voceaba y bramaba en el aire; esta diosa se llama Cihuacóatl, que quiere decir mujer de la culebra… Los atavíos con que esta mujer aparecía eran blancos, y los cabellos los tocaba de manera que tenía como unos cornezuelos cruzados sobre la frente; dicen que traía una cuna a cuestas, como quien trae a su hijo en ella…” y en el libro doceno, capítulo 1 que trata “De las señales y pronósticos que aparecieron antes que los españoles viniesen a esta tierra, ni hubiese noticia de ellos… la sexta señal, o pronóstico, fue que se oyó de noche en el aire una voz de una mujer que decía: ¡Oh hijos míos, ya nos perdimos!; algunas veces decía: ¡Oh hijos míos, a dónde os llevaré!

Por otro lado fray Diego Durán en su obra “Historia de las Indias de Nueva España e islas de tierra firme” relata en este mismo asunto de los augurios que Moctezuma, intranquilo, convocó a algunos de sus súbditos para que le revelasen sueños o presentimientos relativos a la llegada de los extraños:

“Lo mesmo encomendó á todos los que tienen por costumbre de andar de noche, y que si topasen á aquella muger que dicen que anda de noche llorando y gimiendo, que le pregunten qué es lo que llora y gime, y que se satifagan de todo lo que acerca de estos negocios pudieren saber.”

Y por último, el cronista diego Muñoz Camargo en su “Historia de Tlaxcala” en el tema de los presagios nos dice:

“El sexto prodigio y señal fue que muchas veces y muchas noches, se oía una voz de mujer que á grandes voces lloraba y decía, [acongojándose] con mucho llanto y grandes sollozos y suspiros: ¡Oh hijos míos! del todo nos vamos ya á perder… é otras veces decía: ¡Oh hijos míos, á dónde os podré llevar y esconder…!”

Entre los mexicas las mujeres muertas en el primer parto recibían diversos nombres como cihuateteo o mocihuaquetzqueh, en el primer caso significan “mujeres diosas” y en el segundo, “mujeres que se elevan” por la creencia de que acompañaban al sol en su ocaso. El doctor Patrick Johansson, académico del Instituto de Investigaciones Históricas de la unam, en su artículo “Mocihuaquetzqueh ¿Mujeres divinas o mujeres siniestras? nos dice: 

“Una vez entregado el sol a los moradores del inframundo, las Mocihuaquetzqueh se esparcían y descendían a la tierra:

Buscaban husos para hilar y lanzaderas para tejer y petaquillas y todas las otras alhajas que son para tejer y labrar. [Sahagún] 

Se les aparecían a sus maridos quienes les daban lo que pedían. Las apariciones de las mujeres muertas en un primer parto, en distintos contextos, pero esencialmente en las encrucijadas de caminos, hacían de ellas verdaderos fantasmas, “almas en penas”, frustradas que regresaban para atormentar a los vivos.”

De esta manera se asocia con un origen indígena el que dio lugar a la leyenda colonial de “La Llorona” que se ha mantenido hasta nuestros días en la tradición oral de mucha gente, misma que fue recogida por la literatura decimonónica y es así como se agrega este medio a su difusión. Stella Maris Rodríguez y Gabriel Verduzco nos señalan: “Este es el punto de enlace que nos permitirá concebir a la leyenda como una de las formas orales que dialogan con la estructura literaria del cuento tradicional. Precisamente en este punto es donde convergen la literatura fantástica y tradición oral.”

En una calle de Tamalameque dicen que sale una llorona loca

La Llorona ha sido el tema de muchas canciones populares de diversos países de América Latina y para el caso de México corresponden varias canciones tradicionales, unas más conocidas que otras, que han perpetuado este relato o que aluden a él. En cuanto a la filmografía de “La Llorona” han sido no menos de 15 películas que desde la década de los años 30 del siglo pasado se han producido y sus argumentos van desde el cine de terror hasta versiones de dibujos animados.

“La leyenda de La Llorona” ha dado lugar a análisis literarios, estudios antropológicos, perspectivas feministas, abordajes psicológicos, elucubraciones diversas que van desde lo folklórico hasta lo esotérico. Es probable que el conocimiento de la leyenda de “La Llorona”aún se mantenga por algunos años, despojada ahora de su carga mítica en los ambientes urbanos, aunque en las pequeñas poblaciones aún conserva gran parte de su sentido original a través de su tranmisión oral.

Yo le recomiendo que si anda “en sus petróleos”, de noche, y escucha el alarido de esta mujer, “tome las de Villadiego” no sea que al rato la “señito” quiera hacer pareja con usted y se los conozca como “Los Llorones”.


Al parecer la leyenda procede de Cholula

De acuerdo a la tradición católica el “Ánima Sola” es una imagen de una mujer con gesto de congoja que se haya entre llamas y que representa a las almas que sufren en el purgatorio. Se ha convertido en leyenda en muchos lugares donde se aparece para implorar las oraciones de los creyentes.

Fantasma de una enfermera que vaga por los pasillos de diversos hospitales de México.

Riva Palacio, Vicente y Juan de Dios Peza Tradiciones y leyendas mexicanas, J. Ballescá, México, [1885]. [Consultado: diciembre 2022] https://es.scribd.com/document/628627681/Riva-Palacio-Vicente-Tradiciones-y-Leyendas-Mexicanas-PDF-Mexico-Biblioteca-de-Autores-Mexicanos

 González Obregón, Luis. Las calles de México. México: Ed. Porrúa, Colec. “Sepan cuantos… No. 568”, 14ª edición, 2018, 247 p. 

 Valle Arizpe, Artemio de, Cuentos del México antiguo. Historias de vivos y muertos. Leyendas, tradiciones y sucedidos del México virreinal, Editorial Porrúa, México, 1999, pp. 125-128. 

Appendini, Guadalupe. Leyendas de provincia. México: Ed. Porrúa, Colec. Sepan Cuantos No. 661, 3ª. ed. 2003, 299 p. 

 Matos, Moctezuma, Eduardo. “¿La leyenda de la Llorona es de origen prehispánico?” 45-47 p. En, Mentiras y verdades en la arqueología mexicana. México: Ed. inah/ Raíces, 2018, 175 p. 

Sahagún, Bernardino fray de. Historia General de las cosas de Nueva España. México: Ed. Porrúa, Colec. Sepan cuantos No. 300, 3ª ed. 1975, 1093 p. 

Durán, Diego fray. “Cap. lxviii” p. 525. En, Historia de las Indias de Nueva España y islas de tierra firme. México: Editora Nacional, Tomo i, 1951 

Muñoz Camargo, Diego. P. 183. En, Historia de Tlaxcala. México: s/l, s/ed., 1947. 

JOHANSSON K., P. 2006. Mocihuaquetzqueh ¿Mujeres divinas o mujeres siniestras?. Estudios de Cultura Náhuatl. 37, (dic.) 2006) https://nahuatl.historicas.unam.mx/index.php/ecn/article/view/9323

Rodríguez Tapia, Stella Maris/Gabriel Ignacio Verduzco Argüelles. “La Llorona”: análisis literario simbólico. [Consultado: marzo 2023]. https://core.ac.uk/display/29401439?utm_source=pdf&utm_medium=banner&utm_campaign=pdf-decoration-v1

 La canción “La Llorona Loca” de José Barros. Tamalameque, oficialmente San Miguel de Las Palmas de Tamalameque, es un municipio colombiano ubicado en el departamento del César. 

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