Viernes, agosto 19, 2022

La guerra sucia en México

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Nos encontramos en un país donde tenemos a más de 100 mil personas desaparecidas en México, donde al día son desaparecidas más de 23 personas en promedio, en donde la mitad son niñas y niños, y dentro de la otra mitad la mayoría son mujeres. Bajo este contexto se sigue con lo mismo, no hay respuesta, no hay nada de su paradero de nuestros seres queridos, las autoridades no han creado las condiciones y no tienen la voluntad para llegar a nuestros familiares y las condiciones siguen siendo más brutales a nivel nacional. Estamos en un país que se está militarizando, poniendo vigilancia, terror en las poblaciones y que están al servicio de los explotadores.

A partir de los años 60s el gobierno en lugar de dialogar hizo uso de su fuerza armada siendo que alrededor de 907 personas o más a nivel nacional fueron detenidas y desaparecidas.

Alrededor de 640 personas o más fueron detenidas y desaparecidas sólo en el Estado de Guerrero en la llamada “Guerra Sucia”.

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¿A qué le llamamos “Guerra Sucia”? Le llamamos a una guerra contrainsurgentes, llevada a cabo por el Estado mexicano y su gobierno en las décadas más tormentosas de los años 60s 70s y 80s del siglo pasado.

El 18 de mayo de 1967 en Atoyac de Álvarez, Guerrero, se presenciaba un mitin pacífico dirigido por profesores y padres de familia de la Escuela Primaria Juan N. Álvarez donde presentaban sus demandas ante la dirección de esta escuela. En el mitin participaba en solidaridad el profesor Lucio Cabañas Barrientos, personaje incómodo para el gobierno. El mitin se conducía tranquilamente, sin embargo, la policía comenzó a amedrentar a los ahí reunidos a tal grado que dicho acto motivó el principio de la represión. Hubo golpes y disparos de armas de fuego por todos lados, la gente caía, otras presas de terror corrían para ponerse a salvo, entre ellas, alumnos de dicha escuela que se encontraban en la hora del recreo. En este mitin trataron de asesinar al profesor Lucio.

El gobierno se ensañó cobardemente contra la población indefensa, jamás atendieron las demandas de los padres de familia y personal docente, pero si jalaron del gatillo para acallar las voces de los inconformes. Lo ocurrido el 18 de mayo en Atoyac fue una masacre. Ahí fueron asesinados: Regino Rosales, Arcadio Martínez, Chano Castro, Prisciliano Téllez e Isabel Gómez señora que estaba embarazada.

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A consecuencia de estos hechos, el profesor Lucio toma la decisión de remontarse a la sierra para salvar su vida. Ya estando en la sierra crea el Partido de los Pobres para continuar en la lucha, sólo que ahora por medio de las armas. El pueblo no es rebelde, lo hacen ser rebelde cuando tiene como respuesta a sus demandas, la represión y el asesinato.

El gobierno lo buscaba por toda la serranía del Estado de Guerrero con la finalidad de apresarlo o asesinarlo iniciando las fuerzas militares y policiacas la detención de personas en busca de información. Es así como habitantes de la región de la Costa Grande del Estado de Guerrero son detenidos, golpeados, torturados y encarcelados. Algunos lograron su libertad y son considerados como sobrevivientes y abandonaron su lugar de origen por temor a una reaprehensión. Otros fueron detenidos y desaparecidos por militares que hasta nuestros días no sabemos nada sobre su paradero. Los militares son los que tienen la verdad sobre nuestros desaparecidos y le exigimos que nos la digan.

La bestia se nos vino encima, muchas personas inocentes fueron víctimas de la represión, sufriendo torturas que acabaron con sus vidas.

En las tomas de poblaciones llevadas a cabo por los soldados y policías se nos robó a los campesinos todo tipo de pertenencias cómo: insumos de alimentación, ganado, chivos, puercos, gallinas, frijol, maíz, bestias mulares, perdimos por años el levantamiento de cosechas de café, ya no pudimos trabajar la tierra para sembrar granos, tuvimos que salirnos de nuestras comunidades por miedo. No conforme con eso nos quemaron nuestras casas, lo más repugnante es que nos hayan arrebatado a nuestros seres queridos que no hemos vuelto a ver.

Aún recordamos los momentos de miedo, angustia e impotencia cuando los militares tomaban nuestras poblaciones ocupando nuestras casas y utilizándolas como centro de tortura, torturando a pobladores inocentes, ajenos al conflicto social que se vivía en esos años.

Familiares de personas desaparecidas que lucharon por conocer el paradero de sus seres queridos se han ido, han fallecido llevándose a la tumba el dolor de no haber encontrado a sus ausentes.

¿Es posible poner fin al problema de la desaparición forzada?

La única forma de finalizar la desaparición forzada es encontrando al desaparecido que con toda certeza se ubique su localización y destino. Para ello falta la voluntad política del Estado, precisamente no la tiene porque él es responsable del crimen de lesa humanidad. Voluntad para corregir una actividad o decisión que decidió y ejerció algún funcionario público contra el orden legal de nuestro país, pues todas nuestras leyes han prohibido delitos como la desaparición, la tortura, la incomunicación, la ejecución extrajudicial, el secuestro de ciudadanos.

Se trata de un abuso en la forma como se ejerce el poder y es una medida represiva que pretende callar y eliminar a la oposición, a los que no piensan igual que el estado extendiendo su daño a núcleos familiares y sociales cercanos a las víctimas. Se trata de un acto ilegal e ilegítimo del estado, cometido por algún empleado federal o estatal.

El uso de la desaparición forzada va de la mano con la aplicación de otras prácticas, que lesionan la esencia de la humanidad, como lo es la tortura, la mutilación de seres humanos y otras esferas, como la violación.

Lo más óptimo es dar con el paradero de nuestro familiar desaparecido, encontrarlo, no importa sí está vivo o muerto, recuperar sus restos para reintegrarlos a sus familias, ubicar a los responsables y fincarles responsabilidades para que se implementen los juicios correspondientes hasta que estos concluyan con la emisión de alguna sanción y reparación física, moral, material y económica a las víctimas.

Algunas personas que fueron detenidas y desaparecidas y que fueron vistas en el cuartel militar de Atoyac de Álvarez, Guerrero en los años 70s son las siguientes Rosendo Radilla Pacheco, Obdulio Morales Gervacio, Juventino Ruíz Santiago, José Flores Serafín, Ángel de la Cruz Martínez, Leonardo Gómez, Francisco Bolívar, Daniel de la Cruz Martínez, Isabel Blanco, Manuel Serafín Gervacio y Pedro Gómez.

Militares que participaron en las detenciones, desapariciones, tortura y asesinatos en el período de “Guerra Sucia” en el Estado de Guerrero son:

– Capitán Javier Barquín Alonso

– General Eliseo Jiménez Ruíz, comandante de la 27 zona militar

– Mario Acosta Chaparro

– Capitán Elías Alcaraz Hernández

– Capitán Fernando Torres Llanos, en aquel entonces 35 años de edad con 1.80 de estatura

– Salvador Rangel Medina, comandante de la 27 zona militar

– El mayor Tello

– El capitán Montero

– El capitán Gortares

– Teniente Vicente Sosa Palacio

El agente del Ministerio Público de la Federación tiene esta información. Francisco de Jesús Díaz Macedo.

Todos los militares que aún viven están jubilados y pensionados y el gobierno y la secretaria de la defensa nacional saben dónde están y dónde viven, exigimos sean investigados y que nos digan en dónde están nuestros familiares desaparecidos.

¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos! Atoyac de Álvarez, Guerrero a 18 de mayo de 2022

Movimiento por la Verdad y la Justicia de Familiares de Personas Desaparecidas de la “Guerra Sucia” de los años 60s, 70s y 80s del Estado de Guerrero

Miembro de la Unión Nacional de Colectivos de Familiares de Personas Desaparecidas

A 60 años del asesinato de Rubén Jaramillo Ménez

Rubén Jaramillo Ménez nace el 25 de enero de 1900 en el pueblo Real de Zacualpan, Distrito de Zultepec (Estado de México). Hijo de Anastasio Jaramillo (minero) y de Romana Ménez Nava (campesina). Emigra junto con su familia en 1902 al estado de Morelos. Al poco tiempo muere su padre por una enfermedad pulmonar. Al morir su madre, en 1914 se incorpora por completo a las filas del Ejército Libertador del Sur.

De 1921 a 1926 lucha por la tierra y forma el Comité Provisional Agrario de Tlaquiltenango, logrando la dotación de 3,280 hectáreas. Comienza a dirigir sus luchas contra el enorme poder de los recién formados cacicazgos. De 1927 a 1932, lucha por créditos monetarios para cultivar sus ejidos.

Entre 1938 y 1940 aglutina 4,865 ejidatarios organizados en 58 sociedades cañeras en la Sociedad Cooperativa de Ejidatarios, Obreros y Empleados del Ingenio Azucarero “Emiliano Zapata”, en Zacatepec. Luchan contra los acaparadores de cosechas, intermediarios, comerciantes, agentes de los molinos de arroz y funcionarios que provocan la creciente proletarización en el agro.

De 1940 a 1942 lucha contra la administración y autoridades gubernamentales. En 1942 a 1943 a través de la Unión de Productores de Caña de Azúcar de la República Mexicana combaten por el aumento del precio de la caña y de salarios, dirigiendo su lucha contra los grandes fraccionadores y empresas agrícolas de la región cañera y la corrupción de los funcionarios del Ingenio “Emiliano Zapata”.

En 1943 y 1944 ocurre su primera etapa guerrillera, fortalecida por la autodefensa de las comunidades contra el Servicio Militar Nacional. Influye en los poblados del sur de Puebla, Morelos y Guerrero. En 1945 a julio de 1946, con campesinos y obreros funda el Partido Agrario Morelense que recoge demandas populares defendiéndolas. Jaramillo es candidato a la gubernatura. Hay un fraude electoral apoyado por la policía y el ejército. Ningún triunfo de la oposición se reconoce.

De 1946 a 1951 se da la segunda etapa guerrillera de Jaramillo. Es tiempo de construcción del partido clandestino. Organiza una red de autodefensas populares para detener el “rifle sanitario” (ante la fiebre aftosa que padece entonces el país, el Estado responde sacrificando el ganado) los rancheros y jaramillistas ejercen la resistencia armada y la amenaza para que los funcionarios den marcha atrás con los sacrificios de animales.

En 1951 y 1952, a pesar de estar en la clandestinidad y ser perseguido por policías y pistoleros, Rubén es nuevamente elegido candidato para la gubernatura de Morelos. En actos de campaña, ante más de 20 mil participantes, participa en Cuernavaca y Jojutla. En octubre de 1952 organiza, con otras fuerzas campesinas, un intento insurreccional. Sus fuerzas atacan sorpresivamente en decenas de poblaciones a la policía y militares para proveerse de armas; liberan a los presos políticos de la Penitenciaría de Cuernavaca.

De octubre de 1952 a 1958 se desarrolla la tercera etapa guerrillera del jaramillismo, con el fin de detener los despojos de tierras y el poder político, militar y económico de los caciques y por la democratización del Ingenio azucarero ”Emiliano Zapata”.

De 1959 a 1962, por segunda vez es amnistiado por el gobierno federal, continúa luchando por la tierra con la creación de la organización clasista campesina y por la solidaridad de clase. En 1961 el jaramillismo aglutina 15 mil miembros en Morelos en 21 comunidades, contando en filiales en Puebla, Guerrero y Oaxaca. Participan en los inicios de la Central Campesina Independiente. Ganan la secretaria general de la CNC, pero el triunfo les es arrancado al intervenir el gobierno federal con la fuerza pública para invalidar las votaciones. Rubén es expulsado de la organización campesina. Combaten contra los fraccionadores de la burguesía financiera. Invaden durante dos ocasiones los llanos de Michapa y El Guarín, Morelos.

Rubén Jaramillo sale con vida de 10 atentados. Seis en 1943 (febrero 2 en tres ocasiones, mayo 3 y otro durante el mes y junio 1); dos en 1946 (agosto 17 y noviembre-diciembre); otro durante 1955 y el último el 11 de febrero de 1958.

El décimo primer atentado culmina con su sacrificio. El 23 de mayo de 1962, después de ser detenido por soldados, agentes judiciales federales y pistoleros, Rubén Jaramillo, Epifania Zuñiga (embarazada) y sus hijos Ricardo, Enrique y Filemón Jaramillo Zuñiga, después de ser torturados son ejecutados extrajudicialmente en las ruinas de Xochicalco, Morelos por Orden de Adolfo López Mateos. Sus cuerpos son enterrados en el cementerio municipal de Tlaquiltenango. El crimen queda hasta la fecha impune.

Alberto López Limón (de su libro Vida y obra de Rubén Jaramillo) El Zenzontle, mayo de 2017.

Conciencia del pueblo

(Fragmento)

Gilberto Ramírez Santacruz

Podrán deshojar un libro y hasta quemarlo,

pero no podrán ni siquiera herir a la cultura.

Podrán derribar un árbol y hacerlo astillas,

pero no podrán borrar la montaña del horizonte.

Podrán tronchar una, dos, cien y mil rosas,

-como dijo alguien- pero no detendrán la primavera.

Podrán matar innumerables hombres y desaparecerlos,

pero no podrán nunca aniquilar al pueblo.

Sigo en pie

por latido

por costumbre

por no abrir la ventana decisiva

y mirar de una vez a la insolente

muerte

esa mansa

dueña de la espera

sigo en pie

por pereza en los adioses

cierre y demolición

de la memoria

no es un mérito

otros desafían

la claridad

el caos

o la tortura

seguir en pie

quiere decir coraje

o no tener

donde caerse

muerto.

Mario Benedetti

www.elzenzontle.org

[email protected]

zenzontle20[email protected]

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