Viernes, julio 19, 2024

La felicidad desde la lucha social: a 212 años de nuestra independencia

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Esta semana, el pueblo de México celebró en cada una de sus regiones, casas y rincones, el 212 aniversario de la Independencia de México.

Un ritual que José María Morelos y Pavón, atinadamente incorporó en el artículo 23 de los Sentimientos de la Nación (1813) cuando estableció que; “se solemnice el día 16 de septiembre, todos los años, como el día aniversario en que se levantó la voz de la Independencia, y nuestra santa libertad comenzó, pues en ese día fue en el que se desplegaron los labios de la nación para reclamar sus derechos con espada en mano para ser oída: recordando siempre el mérito del grande héroe el señor don Miguel Hidalgo y su compañero don Ignacio Allende”.

Y es que, sabedor como pocos, dado su propia formación espiritual, Morelos conocía la importancia de los rituales en la vida de las personas, los cuales podrían definirse como un conjunto de actos repetidos que rompen la continuidad del tiempo, y que hacen que un día no sea el mismo que otro y que; por el contrario, goce de un especial significado.

¿Ejemplos de más rituales? Navidad, año nuevo, nuestro cumpleaños, el día de las madres, el inicio o fin de un ciclo escolar; casarse.

Como toda creación humana, sucede también que los rituales son importantes, pero siempre y cuando no estén vacíos, sino llenos de contenido. Es decir, que nos digan algo a nuestro presente o a nuestro futuro. Preferiblemente si es a ambos.

Por eso, quiero compartir con ustedes una reflexión que nos ayude a encontrarle sentido a esta importante fecha; pues la historia no es letra muerta, sino maestra que nos va dejando aprendizajes y enseñanzas. Está en nosotros tomarlas y comprenderlas.

¿Qué podemos aprender del 212 aniversario de la Independencia de México?

Lo principal: que asumir de manera comprometida y sin cortapisas una causa social puede ser fuente de felicidad si se da desde la solidaridad, el bien comUn y la justicia.

Y es que, contrario a diferentes corrientes de pensamiento, que señalan a la felicidad con un carácter metafísico, situando la plenitud y alegría de la vida humana en otro mundo, yo sostengo que las personas pueden ser felices aquí y ahora; pero no desde la “dictadura de la felicidad”, que los medios y el modelo neoliberal nos venden, sino desde el compromiso con causas justas y solidarias que nos trascienden.

También porque considero que la felicidad es posible; en tanto que la esencia del ser humano es ser feliz. Esto es algo que hace más de dos mil años ya sostenía Aristóteles a quien si tuviéramos enfrente y le preguntásemos ¿cuál es el sentido de la vida? Él nos respondería simple y llanamente que ser felices, puesto que: “que la felicidad es una actividad de acuerdo a la virtud ya que el hombre feliz vive bien y obra bien”. Es decir, la felicidad es ese fin Ultimo del ser humano.

Llegado este momento les pregunto: ¿qué motivó a Miguel Hidalgo, un cura criollo y privilegiado de su época, a Josefa Ortiz de Domínguez, a José María Morelos; a Leona Vicario, a Vicente Guerrero y a millares de personas a levantarse en armas? ¿Qué los motivó a denunciar la desigualdad imperante, y con valentía y arrojo estar dispuestos a dar incluso la propia vida?

Desde mi punto de vista, hay cuatro características que los motivó a actuar de esa manera, a ser justos y también en el camino a encontrar su propósito y propia felicidad.

El primer elemento es que no fueron indiferentes. En los círculos que Leona Vicario o Josefa Ortiz de Domínguez promovían, se daban cuenta que existía una opresión insostenible sobre los “nadie”. Esa gente que algunos consideraban no poseían espíritu, que en lugar de ser personas eran considerados cosa, que en lugar de tener cultura tenía folclor, que en lugar de tener un idioma tenían dialecto, esa gente que era concebida como “nadie”; ellos las concibieron con respeto, palparon su dignidad, reconociendo su valor en tanto seres humanos y no como indígenas y campesinos que podían y debían ser explotados.

La segunda característica, es que se dieron cuenta del dolor humano imperante y buscaron medios, recursos y proyectos para transformar esa condición. Unos mediante la divulgación y la educación, otros mediante las leyes, cada quien sin permitirse seguir tolerando una situación de injusticia.

La tercera característica, es que hicieron uso de su libertad para tomar decisiones. Desde sus propias circunstancias, como dijera José Ortega y Gasset, en algún momento de su vida se preguntaron a sí mismo s algo como lo siguiente: ¿De lado de quién estoy? ¿Del lado del opresor o los oprimidos? ¿Del lado de los vulnerados o del lado de quienes vulneran los derechos de los demás? Luego entonces se preguntaron ¿Y qué haré al respecto?

Como el samaritano de la historia, podían o bien pasar de lado, o bien asumir una decisión de justicia y de cuidado.

En este caso, dejemos que los hechos hablen, pues sus acciones fueron tales y tan grandes y justas, que precisamente hoy en día estamos escribiendo acerca de ellos.

Y esto es así, por la cuarta y última característica. A saber; porque aceptaron las implicaciones de sus actos.

Por ejemplo, a Miguel Hidalgo lo mataron, le cortaron la cabeza y su cabeza estuvo expuesta para que sirviera de lección para aquellos que quisieran seguir su camino, provocando una paradoja, puesto que sus acciones precisamente encendieron el fuego libertario que nos ha legado hasta nuestros días una causa por la cual luchar y un ejemplo o faro a seguir.

Por ello, en un mundo que nos atosiga con un excesivo individualismo, bastante reflexión nos puede causar, seguir el ejemplo de esos héroes que hace más de doscientos años se levantaron en contra de las injusticias imperantes.

¿Desde qué postura? Recapitulo.

La primera, no siendo indiferente a los demás, sobre todo ante los más vulnerables: ¿quiénes son los “nadie” de nuestra época? Los que no saben leer ni escribir, gente que tiene muchos de sus derechos en los niveles más bajos y por los cuales hemos de luchar.

La segunda, sintiendo el dolor del otro inspirados en la ética de la compasión. La cual no es compadecerse, no es tener lástima por el otro, sino es estar al lado del otro, estar al lado del que sufre, a lado del que tiene vulnerados sus derechos y han cometido injusticias con esta gente.

La tercera postura, es hacer uso de nuestra libertad para tomar decisiones y preguntarnos ¿de lado de quién nos colocamos?

Finalmente, asumir las consecuencias tanto positivas como negativas. De las consecuencias negativas ya les comenté; pero también hay consecuencias positivas porque nos generan alegría, nos generan satisfacción, nos generan edificación como seres humanos al estar defendiendo una causa y generalmente siempre es en favor de los demás.

Es lo que hizo Josefa Ortiz de Domínguez, Leona Vicario y todos los héroes; lucharon por los demás, dieron su vida por los demás, puesto que: “No hay amor más grande que dar la vida por sus amigos” y ellos, la dieron.

Por eso sostengo que todo aquel que esté en favor de una causa por los demás, que luche por los demás está construyendo una felicidad más real y satisfactoria, que esa felicidad individualista que hoy en día se nos promueve. No una felicidad platónica sino una felicidad histórica y real.

El presidente Andrés Manuel, nos lo dice con toda claridad; una de las grandes cosas que podemos hacer es la revolución de las conciencias, hoy la lucha no es armada, hoy la lucha es de las conciencias; en la medida que transformemos nuestra mentalidad, en la medida en que pensemos democráticamente vamos a actuar democráticamente, en la medida en que pensemos justamente vamos a actuar con justicia.

Sí llevamos a cabo esta transformación de las conciencias, indudablemente que será un fermento en la masa, indudablemente que será un grano de mostaza que va a transformar nuestra persona, va a transformar nuestra familia y va a contribuir a la transformación de la sociedad.

Por ello, sigamos construyendo la felicidad asumiendo causas sociales desde la libertad y la solidaridad.

Como dice una bella canción de Mercedes Sosa.

Hermano, dame tu mano

Vamos juntos a buscar

Una cosa pequeñita que se llama “libertad”

Esta es la hora primera

Este es el justo lugar

Abre la puerta, que afuera la tierra no aguanta más

Esta es la reflexión que el día de hoy quiero hacer con ustedes ya que soy un convencido que se puede ser, en la medida que servimos con y para los demás; y eso es precisamente, lo que nos deja la celebración de este: doscientos doce aniversario de la independencia de nuestro país.

¡Que viva México! ¡Que reviva Puebla!

@MelitonLozano

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