La educación en disputa

La educación a distancia originada por la pandamia de Covid-19 ha dejado de manifiesto que no sólo no se toma en cuenta la gran desigualdad social producto del sistema de opresión en que vivimos, sino que las agrava

Ya muchos sectores de la población; incluyendo académicos, investigadores, organizaciones sociales, organizaciones magisteriales y principalmente profesores, han alzado la voz para denunciar y expresar su rechazo a los modelos de la educación llamada en línea, virtual o híbrida, aplicados a la educación básica, producto de la pandemia por el virus Sars-Cov 2, que sacó de la escuela a más de 150 millones de niños y niñas en América Latina y a más de 25 millones en México, donde este modelo es llamado “Aprende en Casa”. Los argumentos en contra de tal modelo han sido vastos y desde muchas aristas. Por mencionar algunos, se encuentran:

• Los daños a la salud física y mental que provoca a las y los estudiantes el pasar tantas horas trabajando frente a un televisor, una computadora o un teléfono móvil.

• El excesivo trabajo y el estrés que representa tanto para maestros como para estudiantes y sus familias el trabajo en posiciones remotas. Aunado a esto la falta de capacitación efectiva en el uso didáctico-pedagógico de las tecnologías de la información y la comunicación.


• Los que visibilizan su carácter de educación bancaria, dado que coloca a las y los estudiantes como simples depósitos de contenidos y a la televisión como depositaria de estos. Contenidos que además son excesivos, inadecuados y están desvinculados de la realidad en que viven los estudiantes, sus familias y de los problemas que enfrentan por la crisis social, económica y pandémica provocada por el sistema capitalista.

Es larga la lista de motivos por los cuales el modelo de educación impuesto por el Estado es contrario a la educación, a las y los estudiantes y a sus familias. Mas, uno de los argumentos principales, es que no sólo no toma en cuenta la gran desigualdad social producto del sistema de opresión en que vivimos, sino que las agrava. Desigualdades que echan por tierra el panfleto promovido por los ideólogos de las grandes empresas tecnológicas, el cual pregona que las tecnologías de la información y la comunicación reducirían las brechas sociales, cuando lo que han hecho es ponerlas al descubierto y exacerbarlas

No se trata solamente el no contar con computadora o teléfono celular, no se trata sólo de la brecha digital donde más de 32 millones de mexicanos no tienen internet en casa o de cientos de comunidades que no tienen siquiera energía eléctrica, se trata de todas las condiciones materiales en que se encuentran las familias: estudiantes que no cuentan con la ayuda de sus padres o madres porque tienen que trabajar todo el día para conseguir la alimentación, familias que perdieron un miembro por la Covid 19. Niños que tiene que salir a trabajar porque sus familiares se quedaron sin empleo, hogares donde viven hacinados sus miembros que no cuentan con espacios adecuados para el estudio, jóvenes en la ciudad de México que tienen que ir al poste a conseguir internet de mala calidad porque no tienen para comprar “datos”.

Así como estas historias, hay miles que la estrategia del modelo capitalista “Aprende en Casa”, impulsado por el estado mexicano simplemente desprecia.

Para algunos, los más alienados, lo ven como una oportunidad de subirse al futuro, otros plantean que es una equivocación de los gobiernos, o que es una falta de visión la implementación de estas estrategias de educación. Sin embargo, lo cierto es que son modelos con una intención clara y su función es extender el sistema de control, dominación y consumo al que nos quieren someter, son pues, modelos para reproducir el capitalismo que, por medio de sus gerentes, como el secretario de educación, han aprovechado el discurso de la pandemia para imponer esquemas perversos de educación que buscan formas de palear la crisis capitalista como:

• Fomentar la concentración de riqueza en las grandes empresas de las tecnologías de la información y la comunicación como Microsoft, y Alphabet (Google) que durante la pandemia han crecido su cotización en la bolsa de valores en un 35% y 12 % y con ventas anuales de más 103 mil millones y 117 mil millones de dólares respectivamente, mientas miles de millones de personas viven en la pobreza.

• Rescatar empresas privadas al transferirles recursos públicos. Es el caso de las televisoras mexicanas Televisa y Televisión Azteca que tan solo por transmitir los programas pseudoeducativos de “Aprende en Casa” en sus frecuencias que no utilizaban, se les pagó 450 millones de pesos, además que el valor de sus acciones se incrementaron en un 11 y 7 % respectivamente.

• Reactivar la circulación de las mercancías por medio de la venta de computadoras, celulares, pantallas y servicios de internet, que los maestros, las maestras y las familias de las y los estudiantes se ven obligados a comprar (las que pueden endeudarse, para tener “acceso a la educación”).

• Tener cautivos en las plataformas digitales y en la televisión a más de 25.5 millones de niños, niñas y jóvenes que cursan la educación básica en México y que junto con sus familias se pueden convertir en consumidores potenciales.

• Fomentar una educación bancaria que destruye la creatividad, que fomenta el individualismo, la competencia que depreda la conciencia de las y los estudiantes, que los aísla en mundo virtual, para que tengan la capacidad de comprender la realidad y mucho menos de transformarla

Pero no toda la iniciativa es del aparato de dominación. La educación, en general, y la escuela, en particular, es un territorio en disputa donde el modelo de educación capitalista se enfrenta con los modelos alternativos, comunitarios, democráticos y solidarios, con los modelos que buscan preservar la vida, la salud, la naturaleza y el bien común. Los modelos que buscan explicar la realidad y transformar la sociedad, no reproducirla ni adaptarse a ella; modelos que impulsan maestros, maestras, estudiantes y comunidades que están tomando conciencia; algunos organizados. Como es el caso la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, CNTE. Que en el discurso y en la práctica están impulsando una educación diferente, liberadora, están haciendo foros, talleres, conversatorios, materiales educativos; comparten sus modelos educativos, sus prácticas y sus estrategias alternativas que enfrentan al proyecto de educación capitalista.

Algunos de estos esfuerzos son limitados. Desafortunadamente, todavía la correlación de fuerzas es desfavorable; la ideología dominante ha logrado su objetivo, tendido un velo sobre la realidad que impide que la vean una gran parte de las profesoras y los profesores. Para otros ya sea por temor, por desconocimiento o porque se han acomodado, y aunque estén inconformes, se conforman con decir que las cosas son así y no pueden cambiar. No se han dado cuenta que tiene la posibilidad de influir en la transformación de la sociedad. Que somos el 99% de la población mundial los afectados contra el 1% que son los capitalistas quienes depredan a la naturaleza y a la vida de la humanidad.

Mientras, tendremos que seguir disputando el territorio en el plano educativo, seguir construyendo conciencia y articular los esfuerzos entre profesores, comunidades escolares y organizaciones sociales en un proyecto global contra el capitalismo.

Guerra Neoliberal. Desaparición y búsquedas en el norte de México

Marie Dawn Paley*

(Extracto de la Introducción al libro de lectura imprescindible para estos tiempos de guerra contra los pueblos)

Introducción

Las noticias nos hacen creer que México está experimentando un conflicto de fuerzas estatales contra cárteles de la droga, en el cual a veces los cárteles pelean contra otros cárteles, y si muere gente inocente, se le denomina daño colateral. En general, dan por hecho que el discurso oficial es un discurso veraz, y manejan un vocabulario aceptando parta hablar de esta guerra; hablan de levantones, ejecuciones, narcomantas, narcofosas. Sicarios, cárteles y, a veces, de bajas civiles entre fuego cruzado. Quieren confundirnos. Nos confunden con una serie de discursos despolitizados y erróneos sobre la violencia y sus fuentes.

De forma general, la confusión ha funcionado. La mayoría de los periodistas y analistas –aún los más críticos- han quedado dentro de los parámetros del discurso oficial: “México está en una lucha contra la criminalidad”.

Todas estas opiniones descansan sobre versiones anticuadas del Estado, del tráfico de drogas y de grupos insurgentes, e imaginan divisiones claras entre fuerzas estatales (fuerzas del bien) bajo amenaza y grupos criminales (fuerzas del “mal”) sobredimensionados.

Avalan el discurso promovido desde el Estado según el cual la mayoría de las bajas en esta guerra son personas involucradas en el narcotráfico, y que el Estado mismo está enajenado de la mayor parte de la violencia. La llamada guerra contra el narcotráfico en México representa un cambio en la forma de gobernar en paralelo con la profundización del proceso neoliberal, a través de la aplicación de técnicas ampliadas de guerra contrainsurgente. Esta forma de guerras le es útil al sistema capitalista global y al mantenimiento del poder del capital transnacional.

La mayoría de los autores de textos críticos sobre la guerra contemporánea en América Latina, no consideran el capitalismo y su expansión como factor clave de esta guerra de forma integral. Esta falta de análisis sobre la economía “legal”, es decir, sobre la relación entre la guerra y la fuerza de trabajo o sobre la violencia, el territorio y las luchas de su defensa (con respecto a las industrias extractivas y los proyectos de infraestructura logística) es un problema grave que nos ciega al momento de intentar entender lo que pasa hoy, no sólo en México sino en todo el continente.

Desde mediados de los años 90, con la firma de la paz (neoliberal) en América Central, hemos estado experimentando una transición del periodo de la Guerra Fría hacia un periodo de guerra renovada, neoliberal.

El recrudecimiento de la guerra contra las drogas patrocinadas por EEUU coincidió con el fin de la Guerra Fría y con la lucha de parte de legisladores en EEUU y los estrategas del Pentágono de desarrollar una lógica para mantener el poder militar de EEUU en la región, y para asegurar el status de EEUU como el único superpoder.

Una guerra neoliberal, que tras una serie de discursos confusos y despolitizados, efectivamente asegura las condiciones para la proliferación del capital en su forma actual. La guerra neoliberal está ocurriendo en un momento formalmente democrático, a diferencia de las juntas militares de antaño.

Se promueve como una guerra despolitizada (sin guerrillas, sin comunistas, sin ideologías) con un nivel de confusión altísimo, sembrado desde la oficialidad. La clave más importante de la guerra neoliberal es el gasto militar y policiaco, que sigue al alza; la violencia estatal se encuentra en la raíz de las demás violencias desplegadas.

El modo de guerra neoliberal es de contrainsurgencia ampliada, un concepto que refiere a la formación y la confusión de las relaciones entre actores armados, la ampliación de la categoría insurgente, la no-necesidad de insurgentes armados, y el uso de la desaparición forzada y/o el encarcelamiento (dentro de un complejo de violencia que se basa sobre el homicidio despolitizado) como practica central.

* Paley, Dawn Marie. Guerra Neoliberal, Desaparición y búsqueda en el norte de México, Ed. Libertad bajo palabra, México, 2020.

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