La desigualdad

El reciente informe de la organización inglesa Oxfam, dedicada al estudio de la desigualdad en el mundo, ofrece cifras sobrecogedoras; se afirma que las 2 mil 153 personas más ricas del mundo, poseen una riqueza igual a la que tienen las 4 mil 600 millones de las personas más pobres que del planeta. Absurdo y cruel, pero cierto.

Por supuesto, la mayor parte de los ricos se encuentra en los países centrales, mientras que la mayoría de la población pobre sobrevive en las naciones periféricas del capitalismo. Pero hay algo que nos toca de cerca. Si bien los pobres, mayoritariamente, se ubican en África, es América Latina la región más desigual del mundo y México es una de las naciones con mayor desigualdad de Latinoamérica. El informe de Oxfam señala que, en nuestro país, seis de las personas más acaudaladas concentran una riqueza superior a la que corresponde a los 62.5 millones de mexicanos que viven en situación de pobreza. Los seis hombres y mujeres más ricos del país, son, en orden de magnitud de su fortuna: Carlos Slim, cuyo imperio se forjó a partir de la adquisición de la empresa estatal Teléfonos de México (su riqueza asciende a 67 mil 200 millones de dólares); Germán Larrea, Presidente del Consejo de Administración del Grupo México, consorcio minero explotador de cobre, zinc, plata, oro y plomo (fortuna:16 mil 500 millones de dólares); le sigue, Ricardo Salinas Pliego, Presidente del Consejo de Administración de TV Azteca, Elektra y Banco Azteca (su riqueza es de 14 mil 500 millones de dólares); Alberto Bailleres, Presidente del consejo de GNP, Grupo Peñoles y el Palacio de Hierro (acumula: 6 mil 900 millones de dólares) y como la riqueza no distingue sexo, se encuentran entre las personas con mayor riqueza en el país, dos mujeres: Eva Gonda Rivera, accionista mayoritaria del grupo Femsa, la embotelladora de Coca-Cola más grande de América Latina, así como  de diversos grupos farmacéuticos; finalmente, en esta élite de la élite aparece María Asunción Arumburuzabala, presidenta y directora general de Tresalia Capital y vicepresidenta del Consejo de Administración del Grupo Modelo.

¿Cómo ha logrado en neoliberalismo llevar al país a esta “crisis humanitaria? Empobreciendo a la población abatiendo el salario. En 1993 el salario mínimo era de 13.19 pesos y en 2018  aumentó a 88.36 pesos, es decir, “creció” 69 pesos en 25 años, 2.76 pesos en promedio anual. De ahí que si al inicio de la década de 1980 al salario correspondía el 40% del ingreso nacional y al capital el 60%; actualmente, esta distribución es de 20 y 80%, respectivamente.


Ciertamente, la causa de esa desigualad es el capitalismo, sin embargo, se puede mitigar mediante una política fiscal que empiece por gravar el consumo del 1% más tico de la población y termine gravando las utilidades del capital, para obtener recurso y profundizar la política de bienestar social.

Frente a esta lacerante situación, aún hay quienes no comprenden la necesidad de la política bienestar de la 4T para cerrar la brecha de la desigualdad.