Jueves, octubre 21, 2021

La congruencia de Ana Teresa Aranda y la crisis moral del PAN

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Entre 2004 y 2005, Ana Teresa Aranda hizo varias advertencias a Eduardo Rivera Pérez, quien en ese entonces era presidente estatal del PAN, en el sentido de que sí se permitía la entrada al albiazul de Rafael Moreno Valle Rosas éste con el tiempo le iba a quitar el control del partido a los verdaderos panistas. Y así ocurrió, el actual mandatario tiene excluidos del blanquiazul a todos los líderes y figuras emblemáticas del panismo.

Con la renuncia de Ana Teresa Aranda al PAN, que ayer se hizo pública, el panismo poblano ha perdido al militante de mayor altura moral, de mejor trayectoria y se puede afirmar que tal vez la ex dirigente panista más congruente con la doctrina de dicho instituto político.

La partida de Aranda llevará al PAN a enfrentar una crisis moral, ya que la salida de la ex legisladora no se da en el contexto de haber perdido algún cargo partidista o una candidatura a un puesto de elección popular, sino por no estar de acuerdo en que esta fuerza política haya perdido su democracia interna, que sea controlada por ex priistas y que la militancia esté excluida.

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Sin duda, la mejor muestra de esa pobreza moral del PAN es el próximo arribo de Martha Érika Alonso a la secretaría general del partido, una imposición de su esposo el gobernador Rafael Moreno Valle con el propósito de acabar de excluir a la militancia.

La futura dirigente no siquiera es capaz de hilvanar un discurso en el que aborde temas de la doctrina panista, ya que su principal aseveración es “que a los panistas les gusta que los visiten”, como si fuera un asunto de promoción turística.

Desde que a principios de los años 90 se fueron del PAN los llamados panistas “doctrinarios”, quienes se confrontaban con los denominados neopanistas, dicho instituto político no había sufrido una renuncia tan importante y simbólica como la de Ana Teresa Aranda, quien llevo al blanquiazul a la senda de la alta competencia electoral, en ocasiones como dirigente, y en otras como candidata.

Por esa misma razón Aranda, quien fue la primera presidente del PAN poblano, supo percibir que la llegada del priista Moreno Valle iba a suponer que a largo plazo se desataría una crisis interna en el albiazul y que el nuevo inquilino se acabaría quedando con el control de todo.

La respuesta que Eduardo Rivera ofreció a Ana Teresa Aranda en su momento, cuando le pidió no fichar a Moreno Valle, era que tenía el control de todos los comités municipales del albiazul en el estado y sin esa estructura no le sería posible al todavía priista modificar la forma de hacer política en ese instituto político.

Rivera no sabía lo que hacía, se equivocó en todo. Ahora el ex alcalde de Puebla sufre una persecución política no por miembros del PRI u otra fuerza política, sino por un gobernador emanado de las propias filas del PAN.

Figuras como Ana Teresa Aranda, Francisco Fraile, Humberto Aguilar Coronado, Ángel Alonso Díaz Caneja, Fernando López, Luis Enrique Palacios, Leonor Popocátl, Rafael Micalco, Violeta Lagunes, Ignacio Dávila, Miguel Ángel Mantilla, Jesús Encinas y una larga lista de panistas, todos están fuera del PAN o han sufrido algún acto represivo del gobernador.

Aranda no se rindió fácilmente. Durante los tres primeros años del morenovallismo intentó que instancias nacionales del partido actuaran contra los abusos en el PAN poblano o contra la forma autoritaria de gobernar de Moreno Valle.

El pragmatismo que ahora domina al PAN impidió a la dirección nacional corregir el rumbo del partido en el estado.

Una segunda puerta que tocó la ex secretaria de Desarrollo Social y ex directora nacional del DIF fue la del Yunque, la organización de derecha que controlaba al PAN.

Los yunquistas le dieron la espalda a Aranda y por esa razón la ex candidata a la gubernatura renunció a dicha organización hace poco más de un año.

Y es que los yunquistas se conforman con tener algunos contratos de obra pública con el Poder Ejecutivo estatal, y eso es suficiente para dejar que el mandatario les quite el dominio del PAN.

Ana Teresa Aranda, a diferencia de los yunquistas, no se ha abandonado en una zona de confort, y seguirá su lucha contra el autoritarismo morenovallista pero ahora en la vía ciudadana, buscando ser candidata independiente a la gubernatura.

Su objetivo no será ganar la elección, ya que no hay condiciones para ello, sino lo que busca es dejar constancia de que ella no se dejó derrotar ni controlar por Moreno Valle.

Y que su talento político va más allá del PAN y su crisis moral por la que actualmente atraviesa, en la cual todas las decisiones importantes se toman en Casa Puebla y a los miembros de esa agrupación se les ignora.

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