Como un proyecto que refiere a la valentía que han tenido los artistas, académicos, intelectuales y ciudadanos que desde las primeras décadas del siglo XX comenzaron con la defensa del patrimonio edificado, conscientes de que con ello se defendía la cultura, la historia y el aspecto social de la ciudad de Puebla, la historiadora Rosalva Loreto López presentó el libro La ciudad como paisaje. Historia urbana y patrimonio edificado de Puebla.
Este texto publicado de manera conjunta entre Ediciones de Educación y Cultura y el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego”, de la UAP, centro al cual ella pertenece, es una aportación significativa a la historiografía nacional en temas como el patrimonio, la conservación y el concepto de paisaje.
El libro La ciudad como paisaje, explicó Rosalva Loreto, es un “intento por demostrar cómo la sociedad civil es la autora de la salvaguarda de su patrimonio, ya que pese a los intereses y los conflictos logra fraguar su salvamento”.
El volumen, precisó la investigadora, aparece en un momento en particular en la historia de Puebla: “en una coyuntura, cuando otra vez el Centro Histórico es objeto de especulación”; es decir, cuando se atenta contra su permanencia, consolidación, rescate y salvaguarda, sobre todo en casos como la construcción del teleférico, proyecto del actual gobernador panista Rafael Moreno Valle Rosas.
Indicó que un aspecto esencial es su metodología, ya que apuesta a fijar al Centro Histórico de la ciudad como el “nodo de un ecosistema” que si se afecta, se pierde y es difícil de recuperar no solo en su edificación, sino como parte de un patrimonio histórico y cultural.
La investigación, precisó la autora, forma parte de un proyecto mayor que constará de dos volúmenes. En este primero, se reconstruye el camino que permitió concretar una “metodología del salvamento” de la ciudad en un periodo que va de 1950 a 1970. El segundo, en cambio, se centrará en el estudio de la ciudad como paisaje cultural, como producto de la relación entre la sociedad y su patrimonio edificado, así como su legislación y evolución a lo largo de cinco décadas.
Loreto López indicó que el libro presentado el día de ayer en la Aduana Vieja se divide en tres grandes capítulos: Una gráfica histórica, La ciudad y sus imágenes, e Irrupciones, discontinuidades y adaptaciones en el paisaje histórico.
En el primero, Una gráfica histórica, se ilustra el largo camino que se ha recorrido para que Puebla pudiera obtener el título de Ciudad Patrimonio de la Humanidad; así, dicho capítulo constituye un acercamiento a este proceso que comenzó con los artistas plásticos que integraron el primer Núcleo de Grabadores de Puebla, como lo fue Ramón Pablo Loreto, padre de la investigadora, y su interés en la defensa del patrimonio edificado, en particular con la Casa del Deán, mientras que el segundo capítulo La ciudad y sus imágenes, que lleva por subtítulo “La fotografía documental, una metodología del rescate patrimonial”, describe cómo fue el levantamiento pormenorizado de imágenes de cada inmueble entre 1958 y 1976 por el propio Ramón Pablo Loreto, quien supo “asociar las imágenes sobre arquitectura con un discurso que asociaba a la casa y la valoraba como monumento”.
En el caso de Irrupciones, discontinuidades y adaptaciones en el paisaje histórico. Primeras aproximaciones a la problemática patrimonial, la autora identifica algunas de las causas que acompañaron a las primeras interrupciones en la arquitectura monumental de Puebla, así como sus consecuencias, las nuevos “aspectos”, el cambio de antiguas casonas a simples estacionamientos, cines o bancos.
Destaca que en este apartado Rosalva Loreto incorporó el que fuera el primer catálogo de monumentos, realizado por Ramón Pablo Loreto en el año de 1964, que integra alrededor de 2 mil 500 inmuebles, y que fue incluido en el libro en forma de un cidí.
Además de este valioso catálogo, el cidí incluye otro anexo con las fichas técnicas de las imágenes que aparecen dispersas a lo largo de las casi 400 páginas que constituyen el material, mismas que pertenecen al archivo personal de la autora y son herencia de su padre, y que en su edición contaron con un riguroso tratamiento y cuidado para su presentación al lector.
“Actualmente, todos los días hay una intervención”
Como un repaso de cómo ha sido considerado el patrimonio edificado a lo largo de los siglos, la historiadora Rosalva Loreto López notó que desde su fundación, en 1531, y durante los siguientes 300 años, se reconocen varias etapas constructivas como parte de un ciclo de edificación y consolidación que siguió su propia inercia.
Luego, la autora del libro Los conventos femeninos y el mundo urbano de la Puebla de los Ángeles notó que en el siglo XVIII la iglesia fue quien estableció el control sobre los inmuebles, algo que se fracturó en el XIX con las leyes de Reforma.
“Entre 1856 y 1888 se rompió el pacto que habían establecido el Estado y la iglesia durante siglos, con lo que también se fractura la estructura urbana. Con la desamortización de los bienes se pone en venta su valor y la circulación de los llamados Bienes de manos muertas, que no perseguían la conservación del patrimonio, sino que se impuso un sistema de reciclaje de 50 por ciento de las casas, dejando el otro tanto por ciento sin mantenimiento”.
Un aspecto importante, notó Loreto López, fue la densificación del centro: si para 1830 lo habitaban unas 50 mil personas, tras la ruptura había el mismo número de vecinos ocupando menos espacios y teniendo menos servicios, algo que se exacerbó 50 años después con la ruptura definitiva y la entrada de capital extranjero, con el que cambió el uso de suelo, tal como sucedió en el Porfiriato.
Ya para la Revolución y las décadas posteriores, indicó la autora, hubo destrucción y cambios en los patrones arquitectónicos, ya que se dio paso al neobarroco, neocolonial, al art decó y al estilo moderno con construcciones que ocupaban los espacios vacíos que dejaban las casas al ser derribadas. Para la década de los 70, por ejemplo, se destruyeron 250 casas, la cifra más elevada y sistemática de destrucción del patrimonio.
“Actualmente, todos los días hay una intervención, desde el fachadismo hasta el derribamiento de los inmuebles, pasando por la construcción, el repoblamiento o la densificación”.
De lo protegido a lo desprotegido, de la Casa del Deán a la del Torno
Por último, Rosalva Loreto nombró algunos ejemplos de construcciones que aparecen en el libro como ejemplo de esa lucha que ha hecho la sociedad civil sobre el patrimonio como la Casa del Deán y los esfuerzos del Núcleo de Grabadores de Puebla y otros intelectuales poblanos, hasta otros como Santo Domingo, San Ignacio, la antigua Tesorería, San Jerónimo, la ex cancha de San Pedro o la fuente de San Miguel que fue restablecida en su lugar de origen; o los que tuvieron irrupciones parciales o torales, como fue San Antonio, el antiguo cuartel de San José o más recientemente la Casa de Torno, que fue derribada por causa del cuestionado teleférico.
