La autonomía del Banco de México es disfuncional para el crecimiento

El único objetivo Constitucional de la autonomía del Banco de México (Banxico) es la estabilidad del valor de la moneda, es decir, bajar la inflación, bajo el principio de que ello es condición para el crecimiento y para favorecer a la población. Sin embargo, la estabilidad de la moneda, favorece a quien controla la moneda, que es el sector bancario–financiero y no ha propiciado crecimiento económico.

Banxico ha logrado su objetivo con el único instrumento de política que tiene, que es la tasa de interés. Procede a tener una tasa de interés alta, que frena el crecimiento de la inversión y el consumo, para evitar presiones de demanda sobre precios. Dicha tasa mantiene un diferencial con la tasa de interés de Estados Unidos (actualmente 8.25% en México y 2.25% en EUA), para atraer capitales, para fortalecer al peso, abaratar el dólar y así los productos importados para bajar la inflación. A ello se suma la entrada de capitales derivada del proceso de extranjerización de la economía. Se ha bajado la inflación, a costa de encarecer el crédito y la inversión y por ende frenar la actividad económica, como la generación de empleo. La fortaleza del peso y el abaratamiento del dólar, derivada de la entrada de capitales, aumenta la rentabilidad del capital financiero, pero disminuye la competitividad de la producción nacional frente a importaciones, lo que atenta sobre las cadenas productivas. Se desindustrializa la economía y se descapitaliza a los productores manufactureros y agrícolas, se incrementa el desempleo, lo que termina configurando bajos salarios, que contribuye a bajar la inflación. Ello, disminuye el crecimiento económico, incrementa el déficit de comercio exterior y la dependencia de la economía de la entrada de capitales, para financiar dicho déficit y evitar la devaluación del peso. De ahí que siguen las altas tasas de interés, como la promoción de la entrada de inversión extranjera, aunado a la política de austeridad fiscal para reducir las presiones de demanda sobre precios, como para ampliar la esfera de influencia del sector privado en la economía, para que invirtiera donde el gobierno dejaba de hacerlo.

La autonomía del banco central, al quitarle el control de la moneda al gobierno para que no se financie con ella, éste deja de tener una política fiscal a favor del crecimiento, del empleo y bienestar de la población, ante el temor de que el mayor gasto público pueda generar inflación y devaluación y afectar a los que controlan la moneda, que es el sector bancariofinanciero. Al quitarle el monopolio del dinero al gobierno, éste tiene que trabajar con austeridad fiscal, lo que reduce su tamaño en la actividad económica y amplía la participación de la cúpula empresarial en los sectores estratégicos de la economía. Ello evidencia que la política económica no es neutra, sino responde a intereses del sector financiero.


La autonomía del banco central y la política de austeridad fiscal han sido disfuncional al crecimiento económico y a la generación de empleo y han acentuado la desigualdad de la riqueza en el país. La economía ha dejado de tener política monetaria, cambiaria y fiscal para impulsar el crecimiento económico y generar empleo.

La posición de las autoridades monetarias y hacendarias de justificar sus políticas de altas tasas de interés, como la austeridad fiscal para estabilizar el tipo de cambio y reducir la inflación, refleja su clara subordinación y dependencia a los intereses del gran capital, evidenciando que no tienen independencia alguna, sino que responden a los principios neoliberales de menos Estado y más mercado, que favorece al sector bancario–financiero y de los que se han apropiado de los sectores estratégicos mas rentables de la economía.

El haber bajado Banxico la tasa de interés de 8.25% a 8.0% no tendrá impacto alguno sobre la economía. El capital seguirá fluyendo al sector financiero (a comprar deuda pública) y no a la inversión productiva, debido a que proseguirá el bajo crecimiento económico el cual no estimula las decisiones de inversión en dicho sector, pues no vería condiciones de ingreso y de reembolso para financiar el crédito requerido para realizar la inversión.

Para que Banxico responda a los objetivos de crecimiento –a favor del sector productivo y del empleo– y no favorezca al sector financiero como hasta ahora, debe fijar la tasa de interés por debajo del crecimiento del ingreso nacional, para así poder pagar la deuda y reducirla. Si la economía está creciendo al 0.1%, la tasa de interés debe ser cero y trabajar con tipo de cambio flexible (competitivo). Para que el capital no se vaya, habría que incrementar el gasto público, el empleo y los salarios, para dinamizar el mercado interno para ofrecer condiciones de rentabilidad en el sector industrial y agrícola para que invierta ahí. Se requiere de politica industrial y agrícola, así como revisar la apertura comercial para evitar filtraciones de demanda hacia el exterior y asegurar efectos multiplicadores internos a favor de la producción y el empleo, y así retroalimentar una dinámica que reduzca las presiones sobre el sector externo para reducir los requerimientos de entrada de capitales. Ello permitiría compatibilizar crecimiento económico y alto empleo con baja inflación.