Justicia reproductiva

La Organización Mundial de la Salud, define la salud reproductiva como “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de enfermedades o dolencias en todos los aspectos relacionados con el sistema reproductivo, sus funciones y procesos” y a la salud sexual como “estado de bienestar físico, mental y social en relación con la sexualidad. Requiere un enfoque positivo y respetuoso de la sexualidad y de las relaciones sexuales, así como la posibilidad de tener experiencias sexuales placenteras y seguras, libres de toda coacción, discriminación y violencia”. Por la importancia de ambas definiciones, resulta fundamental la existencia de marcos jurídicos internacionales que permitan la exigibilidad y accesibilidad a los derechos sexuales y reproductivos.

Sin embargo, los marcos jurídicos resultan insuficiente, por lo cual conviene ampliar la reflexión y compartir la mirada desde la noción de la “Justicia Reproductiva”. Intento abrir el diálogo, que no es nuevo, pero que, en algunos lugares, se encuentra poco explorado y, peor aún, es poco asumido en los ámbitos de incidencia social, política, económica y cultural donde considero fundamental llamar la atención ante esta propuesta integral por la justicia social.

El enfoque de la justicia reproductiva implica “el derecho humano a mantener la autonomía corporal personal, tener hijos, no tener hijos y criar a los hijos que tenemos en comunidades seguras y sostenibles”, esta noción integra los derechos reproductivos y la justicia social porque unos no son posibles sin la otra. Para que podamos construir la justicia reproductiva es necesario construir comunidades seguras, sustentables y sostenibles económica y ambientalmente, socialmente responsables, culturalmente diversas, eliminando las múltiples formas de opresión vigentes. De tal modo que justicia reproductiva es la posibilidad de estar alertas y conscientes de la interseccionalidad de formas de opresión que hacen que prevalezca la violencia, el despojo y la destrucción ambiental.


La justicia reproductiva sugiere partir de las experiencias de múltiples mujeres y diversos grupos sociales, para reconocer de forma colectiva las necesidades propias y de las demás personas, de la madre tierra, legados de las generaciones pasadas y las que están por venir, de tal modo que seamos capaces de construir comunidades para el bien común y el cuidado de la naturaleza. La justicia reproductiva, reclama la necesidad urgente de reconocernos en el mundo, de generar las condiciones históricas materiales que permitan que todas las personas contemos con los recursos sociales, económicos, políticos, culturales y ambientales para ser y estar saludables, tener familias sanas y comunidades igualmente saludables. La justicia reproductiva implica que todas las personas podamos contar con los apoyos sociales necesarios para desarrollar las capacidades y potencialidades para construir, colectivamente, entornos seguros, libres de violencia, donde otras personas o los gobiernos no sean una amenaza, sino una red social de apoyo confiable. Es la posibilidad de reconocernos en la humanidad, como parte y reflejo de la misma y, por tanto, repensar el bien común de tal forma que el común de las personas podamos estar bien. Para que nuestros cuerpos dejen de ser territorios en disputa.