Sábado, abril 10, 2021

Julian Assange y la agenda para la guerra global

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Por James Petras – La Haine

Introducción

Durante casi una década, Washington ha tratado de silenciar, encarcelar y eliminar al periodista de investigación más destacado del mundo, Julian Assange (JA) y su equipo de colaboradores en WikiLeaks (WL).

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Nunca han sido tan desacreditados los medios de comunicación masiva como con la publicación de los documentos oficiales que contradicen la propaganda oficial, articulada por los líderes políticos y repetida por “destacados” periodistas.

Washington tiene la intención particular de capturar a JA porque sus revelaciones han tenido un impacto particularmente poderoso en el público estadounidense, los críticos políticos, los medios alternativos y los grupos de derechos humanos al enfrentarlos contra las guerras estadounidenses en el Medio Oriente, el sur de Asia, África y América Latina.

Continuaremos discutiendo lo que JA y WL lograron y por qué la particular e “innovadora” forma de informar perturbó al Gobierno.

Luego analizaremos los conflictos “en curso” y el fracaso de la Casa Blanca para obtener una victoria decisiva, como factores que han llevado a Washington a intensificar sus esfuerzos para hacer de JA un “ejemplo” para otros periodistas, exigiendo que se “pongan en forma” o pagarán las consecuencias, incluido el encarcelamiento.

El contexto para la denuncia de irregularidades

Tras una década de guerra, la oposición a la participación de EEUU en Irak y Afganistán se había extendido a sectores militares y civiles. Se filtraron documentos y se alentó a los críticos a entregar informes que revelaban crímenes de guerra y el número de víctimas humanas. WL, liderado por Assange, fue el receptor de cientos de miles de documentos de analistas militares, contratistas y funcionarios civiles disgustados por las mentiras de los medios de comunicación oficiales y de masas que perpetraron y encubrieron crímenes de guerra.

A medida que avanzaban las guerras y se lanzaban otras nuevas en Libia y Siria, los congresistas liberales eran impotentes y no estaban dispuestos a exponer las mentiras de los regímenes Obama/Clinton y las falsificaciones que acompañaban al asesinato del presidente Gadafi. WikiLeaks y JA publicaron documentos que revelaron cómo los EE. UU. planearon, implementaron y fabricaron las guerras humanitarias para “salvar a la gente…” ¡bombardeándola!

Los documentos de WL desacreditaron a las principales redes y a la prensa de prestigio, que seguían la línea oficial.

El Pentágono, la CIA, la presidencia y sus simpatizantes en el Congreso entraron en pánico cuando sus actividades secretas salieron a la luz. Recurrieron a movimientos desesperados dirigidos a silenciar la libertad de expresión. Acusaron a los periodistas de investigación de “espionaje”, de trabajar para Rusia, de terroristas islámicos o simplemente de “traidores por dinero”.

A medida que el mensaje de WL ganó legitimidad, Washington recurrió al poder judicial en busca de fallos para asfixiar a sus críticos. La libertad de expresión fue criminalizada. Pero WL continuó. Nuevos y más denunciantes críticos llegaron a la escena, Chelsea Manning, Edward Snowden, William Binney y otros proporcionaron nuevas pruebas devastadoras de las grandes distorsiones y falsificaciones de Washington sobre las muertes de civiles.

Para el Pentágono, Julian Assange era el enemigo porque se negó a ser comprado o intimidado. WL despertó la desconfianza de los medios de comunicación y la desconfianza entre el público de la difusión de las noticias oficiales de guerra.

El Pentágono, la Casa Blanca y el aparato de inteligencia buscaron a los “espías” internos que proveían los documentos a WL. Se tomó como objetivo el arresto de Julian Assange bajo la creencia de que “decapitar” al líder intimidaría a otros periodistas de investigación. JA huyó para salvar por su vida y buscó y recibió asilo en la Embajada de Ecuador en el Reino Unido.

Después de siete años de presión EE.UU. Logró que el presidente ecuatoriano, Lenin Moreno, viole la constitución de su propio país y permita a la policía británica capturar a JA, encarcelarlo y prepararlo para la extradición a Washington, donde el régimen encontrará la configuración judicial adecuada para condenarlo a cadena perpetua o… peor.

Conclusión

Los crímenes de guerra cometidos por Washington son de tal dimensión que han erosionado el espíritu pasivo y sumiso de sus servidores públicos. Habiendo perdido la confianza, el Gobierno se basa en amenazas, expulsiones y juicios penales.

Los periodistas de investigación están bajo la presión del coro de prostitutas de prensa y enfrentan juicios criminales.

Hoy la libertad de expresión significa “libre” para seguir al Estado.

La próxima prueba de Julian Assange es más que la libertad de expresión. Es la capacidad de Washington para continuar con las guerras globales, aplicar sanciones ilegales contra países independientes y reclutar estados vasallos sin oposición. Washington, sin la conciencia pública, podrá iniciar guerras comerciales y calumniar a los competidores con impunidad. Si los informantes son silenciados y/o encarcelados, todo vale.

En los tiempos actuales, muchos periodistas han perdido su capacidad de decir la verdad al poder, y los jóvenes escritores que buscan salidas y modelos a seguir, enfrentan la amenaza de la censura impuesta por un castigo atroz. La Casa Blanca busca convertir al país en una cámara de eco de mentiras para las guerras “humanitarias” y los golpes “democráticos”.

Hoy el Gobierno de los EEUU libra una guerra contra Venezuela. El Tesoro se apodera de sus recursos y riqueza y el Estado designa a su presidente en nombre de los “valores democráticos”. El régimen de Trump está matando de hambre al pueblo venezolano para someterlo en nombre de una misión humanitaria, una estrategia contra la cual solo forcejean algunos periodistas de los medios alternativos.

Washington encarcela a JA para garantizar que los crímenes contra Venezuela continúen impunes.

¡Alto al bloqueo contra Cuba; solidaridad ya!

Tomado de Revista comunera Núm. 41. Mayo de 2019

La decisión del gobierno de Donald Trump de activar el título tercero de la Ley Helms-Burton contra Cuba, forma parte de la escalada de intereses y locuras con las que gobierna el presidente fascista de Estados Unidos. Esa decisión al permitir que se presenten demandas en Estados Unidos por el uso de propiedades confiscadas luego del triunfo de la revolución cubana de 1959, recrudece el bloqueo contra la isla.

La  derecha capitalista cubana que sobrevive en los negocios criminales en Florida, es uno de los conductos que Trump utiliza para agenciarse votantes para las próximas elecciones, camino tan detestable como la promoción de votos racistas contra los inmigrantes y la guerra comercial con China y los acosos militaristas contra Venezuela e Irán.

La activación del apartado III de la Ley Helms-Burton profundiza gravemente el bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba, Estados Unidos y vuelve a romper las reglas del derecho internacional, al imponer un carácter extraterritorial a una ley interna de Estados Unidos.

Cuando parecía abrirse un tímido pero relevante proceso de normalización de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, pactadas en 2014, por Barack Obama y Raúl Castro, Trump y la oligarquía que lo acompaña en sus destrozos despliegan no sólo juicios internacionales contra Cuba, sino la reanudación de cierres a procesos de recuperación económica para la Isla, en un contexto de avance mundial de la derecha en los gobiernos y de la guerra imperialista contra los pueblos.

Además, al escribir este texto al decir del presidente de Cuba, Miguel Díaz-Cannel, Washington intenta restablecer un programa destinado a estimular la deserción de médicos cubanos que trabajan en el extranjero, lo que calificó de robo de cerebros. Unos 600 mil cubanos han prestado servicios médicos en más de 160 países en los últimos 55 años. En Cuba se han formado de manera gratuita 35 mil 613 profesionales de la salud de 138 países y Estados Unidos busca restablecer el programa de robo de cerebros hacia los médicos cubanos. Ahora por órdenes del gobierno gringo, la nefasta OEA pretende enjuiciar a esos médicos solidarios y al gobierno cubano, acusándolos de intervenir en los países donde hay procesos de lucha contra el neoliberalismo y el imperialismo.

Es necesario que como pueblos hermanos rechacemos esta medida. El pueblo norteamericano y el  latinoamericano se necesitan unir y vencer dentro y más allá de los organismos internacionales el bloqueo existente contra Cuba desde hace 59 años.

Si el pueblo cubano se ha solidarizado con nuestras luchas y esfuerzos, incluso enfrentando con su vida las catástrofes naturales y humanas, enviando a parte de sus profesionales brillantes en medicina, en educación y cultura, es la hora nuevamente de la solidaridad, esa forma de internacionalismo que, como dijo el Che, es la ternura de los pueblos.

[email protected]

www.elzenzontle.org

[email protected]

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