Jesús Lemus: el periodista que sobrevivió a Calderón

 

Jesús Lemus: el periodista que sobrevivió al calderonato.

 

Jesús Lemus Barajas estuvo en el lugar equivocado en el momento equivocado. Y pagó un precio demasiado alto. El aguerrido director de un periódico local en La Piedad, Michoacán, tuvo frente a sus ojos un historia que no podía desperdiciar: en su región se daba la famosa guerra contra el narco que el presidente Calderón consideró esencial para salvar a México del caos. Investigando historias oscuras del narco y las fuerzas de seguridad, no se dio cuenta que seguir las pistas de la barbarie acarrea rudas consecuencias. Un comando armado se lo llevó a una centro ilegal de detención en Guanajuato y tras un semana de torturas apareció ante las cámaras de TV como supuesto jefe de la Familia Michoacana. Huelga decir que los secuestradores y torturadores eran militares y que su secuestro no terminó en muerte porque llegaron reportes rápidos de su desaparición y se evitó el previsible final.


Pero igual le inventaron a Jesús Lemus todos los cargos habidos y por haber. Pasó tres años en el penal de máxima seguridad de Puente Grande, Jalisco, donde decidió que no se dejaría llevar por la depresión y el terror. Lo consiguió de la única forma que un compañero de gremio puede hacerlo: recuperando el espíritu del periodismo y aprovechando las ventajas de un entorno brutal. La consecuencia de su acto de honor fue un libro que publica Grijalbo y se titula Los Malditos. Crónica negra desde Puente Grande que es una colección de entrevistas con el top ten de los delincuentes ahí encerrados y un relato del horror que vio y vivió. Tras 36 meses en el infierno carcelario  Jesús Lemus salió en libertad. Todo su caso fue pura falacia. Sin trabajo y deshecho, tenía al menos un libro en ciernes que daría sentido a su experiencia.

Sobrevivir para que otros lleguen a saber.

Y el libro ya está en todas las librerías. Su testimonio es solo un botón de muestra pero confirma, en grado extremo, el nivel de brutalidad que se dio en la administración de Felipe Calderón Hinojosa cuando un presidente desesperado por conseguir legitimidad concedió al ejército mexicano, la PFP y la Marina barra libre para convertir a los civiles -molestos, sospechosos o críticos- en blanco directo de la guerra sucia.

Sin ley, sin garantías jurídicas ni habeas corpus, el camino al salvajismo quedó abierta. El juego mortal entre los cárteles y el estado abrió la espita para que todas las vidas cayeran en manos de la barbarie. Una barbarie que se cebó especialmente en personas como Jesús Lemus que intentaron contar lo que estaba pasando en los inicios de guerra contra el narco.

Sirva esta historia que él mismo ha relatado a varios medios para romper los cínicos prejuicios que tantos acataron sobre las víctimas del calderonato: los muertos, los torturados, los encarcelados algo hicieron para terminar tan mal.

Pues no: igual que altos funcionarios y militares acusados por testigos protegidos resultaron inocentes,  civiles injustamente encarcelados tampoco tuvieron culpa alguna. Solo la mala suerte que gente con poder quisieran desaparecerlos.

Pasen y lean…

 

Sin pruebas me acusaron de narco: Lemus / La redacción

 

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“Los Malditos, crónica negra de una cárcel de exterminio” (Random House Mondadori) será presentado el 16 de julio en México y es el resultado de los tres años y cinco días que Lemus pasó encerrado en el penal de máxima seguridad de Puente Grande (oeste).

Recluido desde 2008 en una zona de aislamiento del penal, Lemus logró ingeniárselas para escribir en el día lo que algunos célebres delincuentes y vecinos de celda le contaban entre susurros por la noche.

Mario Aburto, asesino en 1994 del entonces candidato presidencial del PRI Luis Donaldo Colosio; Álvaro Darío Valdez, ‘El Dubi’, miembro de la sanguinaria banda de los Narcosatánicos, y Daniel Arizmendi, apodado ‘El Mochaorejas’ porque gustaba de cortar orejas a sus víctimas de secuestro, son parte de la lista de personajes que conoció Lemus, que prefiere no dar muchos detalles de sus retratos.

En una entrevista con la AFP, el periodista relata cómo sacaba de la cárcel los textos escritos en las raciones de papel sanitario a las que tenía derecho diariamente. Las tiras de papel las doblaba en pequeñas piezas que escondía y después entregaba a su esposa en las visitas conyugales para que se las llevara metidas dentro de los zapatos.

Lemus reconoce que esa vocación de reportero fue lo único que lo alentó a seguir viviendo en esos oscuros años, en los que se convirtió en el único caso conocido de un periodista encarcelado en México por narcotráfico cuando el país vivía azotado por la lucha frontal antidrogas del gobierno de Felipe Calderón (2006-2012).

En mayo de 2008, cuando fue detenido, Lemus era director de El Tiempo, un periódico local del municipio de La Piedad en el estado de Michoacán (oeste), donde Felipe Calderón había iniciado su despliegue militar contra el narcotráfico, que generó una ola de violencia en la que más de 70.000 personas fueron asesinadas durante su mandato.

El periodista investigaba entonces las redes que había tejido uno de los cárteles entre Michoacán y el vecino estado de Guanajuato (centro) cuando un comandante de la policía, que había sido una de sus mejores fuentes, lo entregó a policías vestidos de civil.

“Me esposaron, me pusieron una capucha y me secuestraron dos días en un lugar desconocido a manos de policías. Ahí sufrí la tortura que yo ni siquiera me imaginaba que existía”, recuerda este periodista especializado en asuntos policiacos.

La bolsa de plástico en la cabeza para asfixiarlo, los toques eléctricos en los testículos y las golpizas con tablas, entre otros suplicios, no lograron hacerlo firmar una declaración para reconocer ser parte de un cártel, pero después aceptó declarar que fue detenido junto a dos hombres que resultaron ser narcotraficantes.

El periodista fue sentenciado a 20 años de prisión por promoción del narcotráfico y al poco tiempo fue enviado a Puente Grande, donde los primeros seis meses permaneció en una pequeña celda en la que casi siempre lo mantenían desnudo.

Todas las noches lo sacaban a un patio donde lo hacían rodar por el suelo con chorros de agua a presión. “Me ponían unas palizas que mejor no te platico”, explica el comunicador, de 46 años, que tuvo que hacerse cargo de su defensa porque dos de sus abogados fueron asesinados.

Finalmente, una juez federal aceptó su apelación en mayo de 2011 y lo puso en libertad.

El periodista recuerda que su diario, que cerró tras su detención, había criticado sistemáticamente a la administración local y a los “amigos del expresidente Felipe Calderón”, originario de Michoacán.

El reportero ahora no puede volver a La Piedad y sobrevive con dificultad en Morelia, capital estatal, sin poder ejercer su labor periodística.

En Reporteros sin Fronteras “consideramos que es un caso inédito. No tenemos registrado ningún otro caso de un periodista que haya sido detenido tres años” y acusado de colaborar con el narcotráfico, dijo a la AFP Balbina Flores, corresponsal de la ONG de origen francés, que enmarca el caso en la vulnerabilidad de la prensa en México.