Javier Lozano amenaza la estabilidad de la candidatura de Gali

Hasta ahora Antonio Gali Fayad no parece encontrar dificultad alguna para convertirse en candidato a gobernador de Puebla e iniciar una campaña electoral con una amplia ventaja frente a un PRI desarticulado y poco combativo. Sin embargo, esa condición optima se puede poner en un serio riesgo si avanza el proyecto que se tiene en Casa Puebla de impulsar como edil sustituto de la capital al senador Javier Lozano Alarcón, el mismo que hace unos días cobró notoriedad por perder un importante litigio contra el ex gobernador Manuel Bartlett Díaz.

Lozano se ha estado promoviendo, tanto en las altas esferas del PAN como el en círculo político cercano a Moreno Valle, para ser el sustituto de Gali en la alcaldía de la capital. Dicha posibilidad ha avanzado de tal forma que en Casa Puebla sí se está analizando la posibilidad de que el senador panista se convierta en el próximo edil de la Angelópolis.

Si prosperara esa posibilidad se estaría quebrantando el proyecto político que ha venido construyendo Antonio Gali, en el cual ha buscado una transición sin sobresaltos entre él y quien lo sustituya en la alcaldía de la capital, para de esa manera garantizar un gobierno municipal estable y bien dirigido de aquí a 2018, año en que concluye el periodo de los ayuntamientos.


Por esa razón el edil le sigue apostando que su sucesor sea Luis Banck Serrato, el secretario de Desarrollo Social del gobierno del estado, quien se destaca por ser la figura más serena, profesional, ordenada y tolerante dentro del grupo morenovallista.

Con Banck, dicen los políticos cercanos a edil capitalino, habría garantías de continuidad en los proyectos del ayuntamiento, un correcto manejo de las finanzas municipales y seguiría la misma dinámica de Gali, que ha consistido en no confrontarse y buscar acuerdos con grupos sociales y políticos.

En cambio si llagara Lozano a encabezar el ayuntamiento de Puebla, todo hace suponer que pondría en riesgo la estabilidad del gobierno municipal y vulneraría, ante los ojos del electorado, la imagen de Gali como candidato a la gubernatura. Dicha especulación parte de hacer una observación de los múltiples escándalos en que se ha visto involucrado el senador panista.

El escándalo más reciente es que no quiere admitir la rotunda derrota que sufrió en el litigio que emprendió contra Manuel Bartlett Díaz por supuesto daño moral, en un juicio en donde el legislador albiazul cometió varios yerros, como prometer que dejaría la senaduría si era vencido –ofrecimiento que no quiere cumplir– y hasta incurrir en falsedad de declaraciones judiciales, ya que ente un juez negó ser abogado y egresado de la Escuela Libre de Derecho del Distrito Federal.

¿Cómo sería un gobierno con Lozano a la cabeza? Si nos atenemos a su actuar en la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, a su trayectoria política y su paso en procesos electorales locales, se puede pronosticar que sería un alcalde pendenciero, poco leal e inestable.

Los primeros que tendrían de temer la llegada de Lozano a la Comuna sin duda son los trabajadores y el sindicato del gobierno de la capital, luego de que Lozano fue el autor del proyecto de desmembrar la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, junto con su organización gremial, lo cual desató un severo conflicto laboral –que aún no se resuelve– entre el entonces gobierno de Felipe Calderón Hinojosa y el Sindicato Mexicano de Electricistas.

Hasta la fecha no se conoce el beneficio social o económico para el país que representó destruir Luz y Fuerza del Centro, pero en cambio si están latentes los afectos negativos de desmembrar esa compañía pública. Un ejemplo es la miseria en que se sumió la comunidad de Nuevo Necaxa, en la Sierra Norte de Puebla, por la destrucción de dicha empresa.

Javier Lozano se destaca porque no escucha consejos, no atiende recomendaciones y se pelea con todo aquel que no piensa como él.

Por eso cuando fue candidato al Senado, en el año 2012, había enojo, desesperación, en Casa Puebla porque el entonces aspirante panista a la Cámara Alta llevaba una campaña llena de desaciertos y no hacía caso a los llamados a corregir los yerros, los cuales tuvieron un efecto negativo hacia todo el panismo poblano.

Al final su participación quedó marcada por la idea de que ganó una senaduría, por la vía de la primera mayoría, ya que perdió los comicios, gracias a las maniobras electorales que hicieron los morenovallista para robarle votos a los candidatos de la izquierda lopezobradorista, entre ellos a Manuel Bartlett Díaz.

Otro sector que se tendría que preocupar es la prensa y todos aquellos que critican al ayuntamiento, pues Lozano no soporta a los que disienten con él, tal como ocurre en general con el morenovallismo. Cuando el panista era miembro del gabinete en el sexenio anterior encabezó una cruzada para dañar a medios de comunicación que eran críticos de Felipe Calderón, entre ellos a la periodista Carmen Aristegui, a quien buscó sacar a toda costa de MVS Noticias.

Dentro de la observación de su personalidad habría que preguntarse: ¿Si es alcalde a quién le va a ser leal, a Moreno Valle, a Gali, a sus propios intereses?

La respuesta no es complicada, solamente a sus intereses, ya que no es un político leal. Lozano se destaca porque era un furibundo priista en la época de Ernesto Zedillo y luego se convirtió en un escandaloso panista. En Puebla apareció como morenovallista, pero en 2013 se pasó del bando contrario del gobernador en la elección interna del presidente nacional del PAN, razón por la cual los morenovallistas le cerraron todos los espacios radiofónicos y de televisión local durante ese proceso electoral.

Por tanto Lozano de alcalde de Puebla, estaría destinado a convertirse en un lastre de color albiazul del próximo candidato del PAN a la minigubernatura.