Javier Casique y Néstor Camarillo buscan negociar el control del PRI a favor de Morena

En la contienda interna del PRI ha surgido una importante alianza entre el aspirante a la dirigencia Néstor Camarillo Medina y el líder priista de la fracción parlamentaria local, Javier Casique Zárate. Esa unión de fuerzas no tendría nada de especial si no fuera porque, el objetivo que se persigue raya en la perversidad, pues tiene como fin último entregar el control del partido al PAN o Morena. Es decir, por enésima vez vender al mejor postor los votos del tricolor, ahora en esta ocasión en la elección intermedia de 2021.

De los tres o cuatro aspirantes que han dicho que competirán por la presidencia estatal del partido, el más echado para adelante y con un toque bravucón es Néstor Camarillo, pero en realidad es el más vulnerable de todos y por ende con quien podría funcionar la estrategia de entregar al PRI a los intereses de otras fuerzas políticas.

Resulta que Néstor Camarillo no solamente arrastra una larga lista de escándalos –con un fuerte olor a huachicol– que escenificó cuando fue alcalde de Quecholac, sino además tiene el grave problema es que no le han aprobado todas sus cuentas públicas correspondientes al periodo de gobierno de 2014 a 2018.


Y por eso, más allá del anhelo de ser el próximo titular del Comité Directivo del PRI, lo que le urge es negociar un acuerdo que le permita zanjar el tema de sus cuentas públicas, en las que enfrenta la observación de varios millones de pesos por presuntos actos de falta de comprobación del erario de Quecholac.

Ante la necesidad de encontrar una tabla de salvación que le impida enfrentar proceso de responsabilidad administrativa, tocó la puerta de Javier Casique Zárate, quien tiene dos posiciones de mucho valor para Néstor Camarillo: es el coordinador de la fracción priista del Congreso local y es parte del equipo de Alejandro Moreno Cárdenas, el presidente nacional del PRI, quien es conocido por el mote de “Alito”.

Dicen que ha sido Cacique quien ha logrado convencer a “Alito” de que Néstor Camarillo sería un factor de cohesión, reorganización y reposicionamiento del PRI poblano que enfrenta la peor caída de sus índices de votos de toda su historia.

Los que conocen los entretelones del PRI nacional cuentan que efectivamente Moreno Cárdenas ha “palomeado” el nombre de Néstor Camarillo para que tal vez sea el candidato de la dirigencia nacional priista.

Para nadie es un secreto que “Alito” ha decepcionado a propios y extraños, pues luego de que dejó la gubernatura de Campeche y asumió la dirección nacional del PRI, se ha perdido. No ejerce ningún liderazgo, no tiene presencia en la opinión pública y no muestra ninguna idea o proyecto para sacar al tricolor del marasmo en que se encuentra.

Como parte de ese extravío en que se encuentra Alejandro Cárdenas, le ha creído a Javier Casique –quien ocupa la Secretaría de Acción Electoral– que la mejor carta para Puebla es el exedil de Quecholac, ignorando que es un personaje impopular y con negros antecedentes como presidente municipal.

Y queda claro que Alito tampoco tiene la más mínima idea de las intenciones perversas de Javier Casique, quien busca por segunda vez negociar al PRI ente las fuerzas políticas contrarias.

La primera vez ocurrió en 2018, siendo Javier Casique presidente estatal del PRI y Enrique Doger Guerrero candidato a la gubernatura. En la contienda de ese año, la estructura electoral del tricolor se puso al servicio de la campaña de Martha Erika Alonso Hidalgo, le entonces aspirante del PAN a la gubernatura de Puebla y esposa de Rafael Moreno Valle Rosas, el jefe político absoluto del morenovallismo.

De la mano de Javier Casique y Juan Carlos Lastiri Quirós –entonces candidato al Senado–, las estructuras de las delegaciones del gobierno federal se pusieron del lado del PAN y se emplearon para fraguar un fraude electoral contra Morena, quien había postulado a Luis Miguel Barbosa Huerta, quien ahora es el titular del Poder Ejecutivo.

Es importante estos antecedentes para entender que Javier Casique aspira a repetir un escenario similar.

Impulsa a Néstor Camarillo para que llegue a la dirigencia del tricolor, con el aval de Alejandro Moreno, para de esa manera tener la posibilidad de nuevamente desarticular el aparato electoral del PRI e ir a negociar con el PAN o con Morena una rendición incondicional del partido.

Queda claro que en 2018 era rentable negociar con el PAN y ahora, la apuesta es lograr un acuerdo con Morena. Es decir, con quien maneja el presupuesto estatal.

O visto de otra manera, lo que quieren hacer son negocios con la elección constitucional que se avecina.