Javier Casique quiere ser candidato a gobernador

Algunos políticos han pecado de ingenuos o fantasiosos al suponer que el reciente resultado electoral en Hidalgo y Coahuila significa que el PRI ya renació de sus cenizas, que ya camina de regreso a tomar el poder, que dejó de ser el partido de la corrupción. Uno de los priistas que se creyó ese cuento es el diputado local Javier Casique Zárate, de quien se dice que ha empezado a compartir con sus allegados que tiene todo para ser un serio candidato del tricolor a la gubernatura de Puebla en el año 2024.

Dicen que Casique pondera que ser parte de la dirigencia nacional del PRI y protegido del exgobernador de Oaxaca José Murat Casab, además de ser compadre del exrector de la UAP Enrique Doger Guerrero, y su trabajo legislativo –que por cierto pasa totalmente desapercibido en la opinión pública– lo coloca a en la senda de ser un fuerte aspirante a la nominación del tricolor dentro de cuatro años.

Por eso, narran quienes lo han oído, que ha planteado que una vez que pase el proceso electoral de 2021, empezará a diseñar su proyecto político personal para abrirse paso a la gubernatura, pues siente que él representa una renovación generacional en el otrora partido oficial.


Parece que Casique –quien también es el secretario de Acción Electoral del Comité Ejecutivo Nacional del PRI– fue contagiado por el injustificado optimismo de Néstor Camarillo Medina, el presidente estatal del tricolor, quien dijo que su partido puede competir solo en la capital y ganar, soslayando que el tricolor ha perdido en la entidad poblana dos tercios de su voto tradicional.

Ambos dirigentes priistas tendrían que revisar experiencias como la del estado de México, en donde en 2017 el entonces candidato del PRI, Alfredo del Mazo, le ganó a la aspirante de Morena, Delfina Gómez, por una diferencia del 2.78 por ciento, que significaba unos 169 mil sufragios. Un año después, Andrés Manuel López Obrador arrasó en esa entidad en la contienda presidencial con el 54.5 por ciento de los votos.

Alguien les tiene que explicar que Coahuila e Hidalgo son dos excepciones, por ser junto con Campeche, los únicos estados en que no ha habido alternancia en el poder y eso mantiene viva la hegemonía del PRI.

Y que en ambos territorios no han tenido escándalos como el del “góber precioso” o que el partido se entregara a intereses de otra fuerza política, como en Puebla en donde el PRI estuvo 10 años sometido al morenovallismo, siendo el momento más vergonzoso cuando Javier Cacique era presidente del tricolor y Enrique Doger Guerrero era el aspirante a la gubernatura y los dos fueron colaboradores de la entonces candidata del PAN, Martha Erika Alonso Hidalgo.

O cuando los diputados locales del PRI, encabezados por Víctor Manuel Giorgana Jiménez, votaron a favor del negocio morenovallista de privatizar el agua potable de la capital y la zona metropolitana.

Sin contar que Miguel Ángel Riquelme Solís en Coahuila y Omar Fayad en Hidalgo, no han sido malos gobernadores. Algo que no pasa en Puebla, pues no hay una sola figura en el PRI que por ahora sea ejemplo de un buen gobierno. Por el contrario, el Partido Revolucionario Institucional sigue teniendo tatuado en la frente la sentencia de “soy corrupto, a mucha honra”.

Y Casique debería recordar la experiencia de Javier López Zavala, que en 2010 todo mundo creía que era un político experimentado y cayó en la trampa del PAN, de Rafael Moreno Valle Rosas, que desataron una campaña racista contra los chiapanecos y el entonces candidato del PRI a la gubernatura lo hicieron que exhibiera su acta de nacimiento en donde se asienta que es de Pijijiapan, Chiapas.

Javier Casique es de Oaxaca y eso no tiene nada de cuestionable, los oaxaqueños son igual de ciudadanos honrosos que los de Puebla, pero en la entidad hay un racismo, en el tricolor y en Acción Nacional por igual, para rechazar a los foráneos que buscan cargos importantes.

Entre los militantes y simpatizantes del PRI se vale soñar que el partido ya superó la crisis en que está hundido. Pero es grotesco que ese cuento se lo traguen figuras como Casique y Camarillo, que deberían tener los pies sobre la tierra.