Miércoles, junio 19, 2024

Historia de un cartel

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“Eduardo Funtanet –en terapia intensiva del Hospital Inglés—está gravísimo. Ayer, en la Plaza México, sufrió una caída ocasionada por un toro de Cerro Viejo de nombre “Recuerdo”, bizco del pitón derecho, marcado con el número 100, que pesó 488 kilos y lució pelaje negro entrepelado bragado (…) Abrió plaza en la vigesimosegunda y última corrida de la temporada y, en el momento de su suelta, arreciaba la llovizna que había dado principio justamente al momento del paseíllo. El redondel iba encharcándose paulatinamente cuando el rejoneador, de 30 años de edad, ataviado a la usanza portuguesa con una casaca celeste y oro –y desprovisto del tricornio–, había quebrado un rejón por los terrenos de adentro, en las inmediaciones de toriles. Iba montado en el caballo “Carbonero”, de raza Apéndix, prieto de pelaje. Al apretar el toro su acometida, Funtanet condujo al equino hacia los medios del redondel. De hecho, alcanzó a esquivar la embestida cambiando el viaje al cerroviejeño. Empero, el burlado apretó todavía más dando alcance a “Carbonero” en el anca izquierda. En su veloz desplazamiento, la monta perdió el equilibrio y resbaló sobre la humedecida arena para caer y quedar con los cascos hacia arriba, prensando con todo su peso al indefenso jinete, quien ya había sufrido, al caer, un golpazo en la cabeza, perdiendo el sentido y la movilidad en forma instantánea.

Su cuerpo quedó tendido sobre el albero, dramáticamente inmóvil. Mientras tanto, “Carbonero” galopaba sin tino por todo el redondel (…) El herido fue conducido de inmediato a la enfermería en brazos de las asistencias. Ahí se le estabilizó, practicándosele una traqueotomía, pues presentaba un paro respiratorio.

Conforme el parte facultativo que extiende el Dr. Rafael Vázquez Bayod, jefe de los servicios médicos de la Plaza México, Funtanet presenta fractura desplazada de los pisos medio y posterior del cráneo, de carácter severo, así como ruptura de la arteria carótida interna derecha y fractura múltiple de macizo facial, con hemoseno masivo y hemorragia incontrolable. Había sufrido dos paros cardíacos, y los médicos aguardaban a que bajara la inflamación, a fin de poderlo intervenir de sus fracturas craneanas.  (Reforma, diario. 17 de marzo de 1997)

Así, con sencilla precisión y limpia prosa, relató el notable y malogrado cronista tapatío Federico Garibay los pormenores del tercer percance mortal que registran los anales de la Monumental. La muerte del rejoneador queretano Eduardo Funtanet Mange –certificada por los médicos la mañana del 18 de marzo de 1997–, se sumaba a las asimismo trágicas del novillero hispanomexicano José Laurentino Rodríguez López “Joselillo”, herido por “Ovaciones” de Santín (28.09.47), y el monosabio Rafael Domínguez Sánchez “El Gamusa” causada por otro utrero, éste de De Haro y de nombre “Minuto” (08.10.78).

Aumento y descenso. La numerosa sangre derramada sobre la arena de la Plaza México se concentra sobre todo en festejos celebrados durante el siglo XX. La enfermería del coso inaugurado el 5 de febrero de 1946 se calcula que habrá recibido a poco más de seis centenares de heridos o lesionados, con muy poco crecimiento de esta cifra en el siglo XXI. Un descenso en la estadística debido tal vez a las características del ganado actual, de escaso poder ofensivo y casta muy mermada. Podrá argumentarse que dos de los percances más graves allí habidos corresponden a los años dos mil –el del matador Juan Pablo Llaguno (07.05.2000) y el del banderillero Mauricio Martínez Kingston (17.12.15)–, pero es justo recordar que ambos se produjeron en un tipo de corridas en que suelen lidiarse encierros de características poco gratas a los mandones, y reservadas por lo mismo a los espadas con menos pretensiones y más limitado rodaje. Dichos percances, de extrema gravedad ambos, fueron causados por sendos astados de La Misión y San Marcos, ganaderías que ni en pintura querrían ver los ases actuales, extranjeros en su mayoría.

Entre las cornadas de mayor importancia que la Plaza México ha visto hay que contar las sufridas por los matadores Manuel Capetillo (22.03.59), Manolo Martínez (03.03.74), Antonio Lomelín (15.02.75) y Jorge Carmona (14.10.93); los novilleros Manolo Rangel (01.08.65), Alfredo Alonso (10.08.69, percance que le costó la amputación de la pierna derecha), Armando Montoya (07.07.74) y Rodolfo Rodríguez “El Pana” (22.10.78), así como el banderillero Juan Espinosa “Armillita” (21.12.52), percances cuasimortales todos ellos. Y hubo un subalterno de a pie –Mariano Rivera—que se desvaneció sin vida sobre la misma arena capitalina al estar acompañado en una vuelta al ruedo a su matador, el salmantino Emilio Ortuño “Jumillano” (30.01.55); además, cuando menos dos asistentes a corridas fallecieron en el interior del coso, entre ellos Sarita Guadarrama, una antigua novia de Carmelo Pérez víctima de fulminante infarto cuando el hermano de éste, Silverio, cuajaba emotiva faena la tarde en que se presentó en la capital Miguel Báez “Litri” (09.12.51). Es asimismo sabido que el aficionado      , que se lanzó al callejón cuando el toro “Pajarito” de Puerta Grande alcanzó las barreras de sombra (29.01.2006), falleció tiempo después debido a las secuelas que le dejó su desafortunada escapatoria.

Galería espectral. Hay, además, una larga lista de toreros que pisaron profesionalmente la arena de la Monumental y terminarían engrosando el martirologio taurino lejos de ella. Así los matadores de alternativa Manuel Rodríguez “Manolete” (español: herido de muerte en Linares, 28.08.47), José Falcón (portugués: Barcelona, 11.08.74), Francisco Rivera “Paquirri” (español: Pozoblanco, 26.09.84), José Cubero “Yiyo” (español: Colmenar Viejo, 30.08.85), Pepe Cáceres (colombiano: Sogamoso, 20.07.87), Christian Montquicoul “Nimeño II” (francés: Arles, 09.09.89) y Rodolfo Rodríguez “El Pana” (mexicano: Ciudad Lerdo, 01.05.2016); los novilleros Fidencio Mata (mexicano: Tlalnepantla, 08.09.62) y Raúl Basso (mexicano: Santa Clara, Mex. 30.11.69), los banderilleros Juan Maqueda (mexicano: Guadalajara, 28.04.57), Francisco Madrigal “Chinanas” (mexicano: Tijuana, 28.08.78) y “Chato de Tampico” (mexicano: Villa Colima, 13.01.80).

Si agregamos a ellos los tres fallecidos a consecuencia de heridas sufridas en la México, las víctimas de la fiesta que alguna vez hicieron el paseíllo en la plaza mayor del mundo suman cuatro españoles, un colombiano, un portugués, un francés y ocho mexicanos, como el propio rejoneador queretano Eduardo Funtanet y el infortunado “Gamusita”, que abrazó el oficio de monosabio tras saber sido novillero de la legua en su juventud.

Corrida bajo nublado. Bajo la esporádica llovizna de que da cuenta Federico Garibay y en un clima de lógica consternación, el festejo número 22 de la temporada grande 1996-97 continuó su curso sin más incidentes que la cara lección de torería calladamente ofrecida por los tres espadas actuantes, que habían vivido de cerca el tremendo percance y no podían ignorar la gravedad extrema de su compañero de cartel. Por uno de esos misterios que anida la condición de torero, la espesa sombra de un Eduardo Funtanet roto, exánime a la vista de todos, no consiguió doblegar el espíritu de quienes continuarían desafiando embestidas y pitones durante el resto de aquella tarde marcada por la tragedia.

Dos orejas a Rafael Ortega. Abría terna este diestro cuyo nombre corre el riesgo de confundirse con el de dos homónimos que lo precedieron como espadas de alternativa: el sevillano Rafael Ortega “Gallito”, sobrino de los Gallos, Rafael y Joselito Gómez Ortega, de quien se dice que apuntaba el cante pero nunca dio el do de pecho antes de desvanecerse por la esquina opaca de la historia; y el gaditano tesoro de la Isla de San Fernando, gran estoqueador y un torero muy puro –de nuevo hay que recurrir a datos ajenos—que en las décadas del 50 y el 60 luchó honesta y toreramente contra las cornadas a destiempo y sus problemas de obesidad y escaso jalón taquillero, siempre inferiores a sus méritos.

Este Rafael nuestro, tlaxcalteca de Apizaco (10.03.70) y Ortega Blanca de apellidos, al que vi tomar la alternativa en la plaza de mi tierra la tarde en que mi esposa se enamoró para siempre del toreo de David Silveti (23.12.90), había sido uno de los primeros en asistir al rejoneador caído junto con Pedrito de Portugal. Estaba el torero de Apizaco embarcado en una racha de triunfos como ha habido pocas en el coso insurgentino, y que a la sazón se extendía a seis tardes consecutivas tocando pelo. Y ésta fue la séptima (al final serían diez, y 17 la suma de apéndices auriculares obtenidos en ellas, con una Oreja de Oro de pilón).

El encierro de Huichapan, ganadería sistemáticamente eludida por los de arriba, resultó, como de costumbre, fuerte, encastada y bien armada. Hecho a la pelea dura, Rafael Ortega no regateó esfuerzo alguno, dominó con autoridad a los dos bravos ejemplares de su lote –el más propicio de la corrida—y terminó sometiendo sus nobles embestidas en series caudalosas de sobrio y templado toreo en redondo, a derecha e izquierda. Y como era estoqueador certero, tuvo petición de oreja con vuelta al ruedo a la muerte de “Rumboso”, su primero, y paseó los dos apéndices de “Azafrán”, un hermoso y enrazado castaño que murió sin abrir la boca mientras los tendidos blanqueaban en espontánea solicitud de trofeos. Pequeño de talla pero dueño de un arte sereno  y recio, Rafael Ortega Blanca recorrió una vez más el anillo de la México en son de triunfo.

Otro tanto había hecho Pedrito de Portugal luego de llevarse a los medios a “Cambalache”, otro huichapeño que embistió con clase, para estructurar allí un terso e inspirado muleteo. Desde su presentación en la México (03.11.96), este lusitano había establecido buena conexión con el público capitalino, que culminó en una tarde completísima, de cuatro orejas y puerta grande (05.01.97), y hubiera podido tener su reedición este 16 de marzo de haberle respondido la espada. Pero tardó en deshacerse de “Cambalache”, sonó incluso un aviso y aun así la gente obligó a Pedrito dar la vuelta al ruedo; luego abrevió ante el difícil cierraplaza, con la pesadumbre por el percance de Funtanet instalada ya en el ánimo de público y actuantes.

Entre tanto, Alfredo Ríos “El Conde”, el más modesto de la terna, que hacía derroche de facultades con las banderillas y solía tener dificultades para deshacerse del hábito de la velocidad muleta en mano, topó con lo difícil del encierro de Huichapan sin que su constante voluntad lograra convencer al cónclave capitalino.

Eduardo Funtanet Menge, que nunca recuperó el sentido después de su caída fatal, fue declarado clínicamente muerto a las 7:55 horas del martes 18 de marzo de 1997.

A lomos del prieto CARBONERO. EDUARDO FUNTANET deja en el morrillo de “RECUERDO” el último rejón que puso en su vida, un instante antes de que el toro de CERRO VIEJO le causara la caída fatal que vemos en dramática secuencia

RAFAEL ORTEGA corre la derecha con ceñimiento y temple y redondea una tarde triunfal, compartida con el ganadero de HUICHAPAN. Abajo, PEDRITO DE PORTUGAL (pase de pecho zurdo) y ALFREDO RÍOS “EL CONDE” (banderillas)

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