Lunes, septiembre 20, 2021

Hispanidad y anticomunismo: por qué nuestras élites españolean tanto

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Se me apareció la hispanidad en el segundo día del mes patrio. Como todos, yo lo vi. El líder de Vox y los senadores del PAN posando juntos para la foto y recuperando, de golpe y porrazo, los tópicos del hispanismo conservador, incluyendo la lucha contra el comunismo.

 

La hispanidad en el senado de México: Abascal y senadores panistas
Los senadores del PAN con Santiago Abascal, líder de VOX / Imagen subida, y luego borrada, de la cuenta @SenadoresdelPAN el 2 de diciembre del 2021.

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En mi descargo, debo decir que controlé mi tentación de pontificar sobre el regreso de la hispanidad por casi 24 horas, cuando ya los senadores panistas andaban borrando pruebas de su incipiente amistad con el ultra español, mientras Acción Nacional se deslindaba de sí misma.

 

El PAN recibe a Santiago Abascal
El saludo del PAN al compañero Abascal que también fue borrado de la cuenta oficial de los senadores panistas / Imagen: cortesía de sinembargo.mx.

Pero ya nomás.

Los asuntos del hispanismo en tierras americanas han sido fuente permanente de mi obsesión desde que llegué a México en 2005 y descubrí, en cuestión de meses, que la patria debía salvarse del comunismo porque estaba por llegar a la presidencia un populista feroz. Se tardó en llegar doce años, pero al fin llegó.

Como escribí en El cártel español (Malló, 2011) aquella catarsis de clasemedieros en pie de guerra me recordó lo que había leído de los meses previos a la guerra civil española.

 

El cártel

 

Luego, al paso de los años, me di cuenta que aquellos estados de ánimo colectivos no eran la excepción, sino la regla.

Con sus altibajos sexenales y sus retiradas tácticas, el espíritu de cruzada estructura la mentalidad y las formas de las élites latinoamericanas y sus rémoras, o estas clases medias que nacen, viven y mueren como si fueran pied-noirs esperando la guerra final contra los nativos/subversivos de Argelia.

Así que ya es tiempo de meterme por los recodos de la hispanidad.

 

Definiciones de hispanidad en tierras americanas

 

Decía yo en 2015 que “la hispanidad es la defensa colectiva del derecho del propietario, europeo o criollo, sobre las tierras americanas” y me preguntaba “¿por qué los signos, el estilo y la práctica de las derechas latinoamericanas se parece tanto a la reacción española cuando en verdad sus intereses se sienten amenazados?”

Mi tentativa respuesta fue que la hispanidad era “la matriz cultural que legitima la fractura de clases en América Latina o los fundamentos culturales de la sociedad desigual. Define más un status o una casta que una verdadera clase transnacional, aunque la vigencia del hispanismo se nutre de la correlación entre el poder de los descendientes de europeos y la pobreza del resto”.

La creación del presunto Foro Madrid y la (breve) historia de amor transcontinental entre los senadores de Acción Nacional y Santiago Abascal en cruzada de pares contra el “comunismo latinoamericano” parezca, a veces, ridícula dramatización de fobias sin arraigo, pero haríamos mal en ningunear ese eterno retorno del hispanismo.

 

La hispanidad: Pinochet y Juan Carlos en la misma foto
Fuerza Nueva, revista y partido de la ultraderecha española. abría una portada de 1976 con esta sugerente fotografía / Imagen: cortesía de Historia Alternativa

 

La cito cada que puedo y toca, de nuevo, esta vez. El libro “De Franco a Pinochet El proyecto cultural franquista en Chile, 1936-1980”, de Isabel Jara Hinojosa, eliminó de un plumazo el tradicional menosprecio del historiador Josep Fontana ante este complejo político-cultural llamado hispanidad:

 

“Isabel Jara me ha acabado de sacar de mi error al explicar cómo este pensamiento de la derecha española, que me parecía tan deleznable, acabó convirtiéndose en una de las bases ideológicas de la dictadura chilena”.

 

Y ese mismo hispanismo, reciclado luego en iberismo y revestido de “milagro español”, “transición democrática” y otros productos de exportación, vuelve a sus orígenes cada vez que un gobierno cuestiona, o amenaza, la alianza del poder económico y político en esas redes oligárquicas que son las repúblicas americanas, respaldadas, casi siempre, por las menguantes clases medias que existen, y se perpetúan, por la exclusión garantizada de las mayorías.

 

Lucha de clases en América Latina: el trasfondo social de la hispanidad

 

Por más ridículo que sea el “besamanos” (AMLO dixit) de los senadores panistas a Santiago Abascal, el conclave hispanista del Foro Madrid termina por concretarse en espirales de destrucción y muerte para defender de unos intereses creados que no conforman ya proyecto alguno de país, pero abjuran de cualquier política soberana.

Para estos grupos “la dependencia y la sumisión al capital internacional y a Estados Unidos” (Hochuli, 2021) son tan importantes como evitar que los trabajadores mejoren su nivel de vida, lo cual sería el final del servicio doméstico (Selina Todd, 2018) y el trabajo precario que sustentan los menguantes privilegios de estas clases medias que, en Brasil, se lanzaron a las calles, votaron contra el centroizquierda y aplaudieron el encarcelamiento de Lula hasta llegar a su conclusión lógica, o Jair Bolsonaro.

Pero no, no salivemos con el epíteto habitual: el espectáculo de Abascal en México ni siquiera se parece al fascismo histórico. Claro que son “retoños del franquismo” los dirigentes de VOX, pero sus inventores no añoran el III Reich. Tienen sus protectores y padrinos donde los tienen sus pares latinoamericanos. En Estados Unidos, naturalmente.

Y juegan con las reglas aprendidas en Washington, con sus guerras culturales y sus peleas de identidades contrapuestas, pero no llegan -ni llegarán- a representar a una clase obrera abandonada en el páramo de la posmodernidad porque el camuflaje no alcanza.

 

 

Cuando Santi Abascal cruza el Atlántico la vieja divisoria de clase resplandece. Los hijos de los señoritos y los hijos de los hacendados se entienden incluso de antes de conocerse en persona. Y cuando al final lo hacen, el resultado es el que todos vimos un 2 de septiembre del 2021.

Luego se eliminan los tuits del encuentro, pero se remarca que lo que se firmo, la mencionada Carta de Madrid, se defiende a capa y espada.

Entonces, ¿por qué una y otra vez se atraviesa el hispanismo en la defensa conjunta de los intereses de clase en México y América Latina?

Vamos a ello. Una y otra vez. Y las que hagan falta.

 

Neoliberalismo es hispanidad

 

La “Iberoesfera”, propulsada por el líder de Vox en su visita a México, es otra versión de ese Estado -mínimo y oligárquico- al servicio de las élites que, en América como en Europa, nació para garantizar los derechos de propiedad de unos pocos.

La Carta de Madrid representa, en su esencia, ese conservadurismo del statu quo, razón por la cual puede concentrar, a su alrededor, tanto a opositores del Partido Revolucionario Institucional como del Partido de Acción Nacional.

Lo que Abascal promovió en México es la lucha contra un “proyecto ideológico y criminal que está subyugando las libertades y derechos de las naciones” sin necesidad de apelar al Estado fuerte de antaño.

En otras palabras, los principios que unieron a la coalición Va por México en las elecciones intermedias del 2021.

Nada se ofrece a los desposeídos, solo se trata de evitar que villanos populistas puedan “desestabilizar las democracias liberales y el Estado de Derecho”.

Excepto que para recuperar “el respeto a la democracia, los derechos humanos, el pluralismo, la dignidad humana y la justicia” de poco sirve el alambicado lenguaje del canon democrático que, francamente, no galvaniza la pasión de nadie.

Y se requiere un poco de falangismo heroico, surtido en legiones de tuits y mensajes de WhatsApp que sí exalten este sentimiento colectivo que une, en lo íntimo y en lo social, a miles de ciudadanos, dispuestos a terminar, por la buenas o por las malas, con el enemigo interior.

Bien sabemos que del pensamiento a la acción solo hay un trecho. Y el griterío precede a la sangre. Los viejos y nuevos hispanistas apoyaron el golpe en Bolivia y legitimaron la cacería contra Evo Morales y el régimen de facto que provocó las matanzas de Sacaba y Senkata.

Tiran la piedra, esconden la mano, pero comparten barricada los que adoran a Francisco Franco y los que elogian a Felipe González.

 

 

Esa es la fuerza telúrica del hispanismo. El blasón de la ciudad letrada (Rama, 1989). El escudo de los propietarios.

Y España representa su perfecta conclusión: el franquismo que asesinó y disciplinó al pueblo y la democracia que refrendó el poder de sus élites para entregarse a la Unión Europea y renunciar a su “autonomía nacional” y a “la responsabilidad política por los resultados sociales” (Hochuli, 2021).

México también se integró al espacio económico estadounidense, pero el endeble entramado estatal no pudo derivar el negocio de decidir a los socios de Washington. A fin de cuentas, Estados Unidos prefiere el imperialismo indirecto y ni queriendo, se convertirá Puerto Rico en el estado 51.

Para las élites chilangas o regiomontanas la “seguridad jurídica” sigue en riesgo porque el gobierno nacional tiene ese margen de maniobra que cedió el español en la década de 1980. Eso es lo que admiran de la Madre Patria. Que Iberdrola estará siempre por encima de la voluntad popular.

En México, la suerte de millones depende -antes y ahora- del gobierno nacional. Como defensa corporativa y reacción de casta, incluso contra las raíces nacionalistas del Estado mexicano, el hispanismo sobrevive a todos sus enterradores.

El anticomunismo se nutre del viejo catolicismo que, del sinarquismo al Yunque, se forjó en el combate frontal a la Revolución Mexicana, pero habita también el universo liberal de las élites políticas y culturales que requieren del voto conservador para recuperar la presidencia perdida.

La metáfora bartriana del México-axolote (el nacionalismo regresivo de los setenta que jamás llega a alcanzar la modernidad democrática de Occidente) podría aplicarse perfectamente al hispanismo, ese constructo siempre oculto a plena luz que resurge cada vez que el Estado y la sociedad no están ya en unas pocas, y mismas, manos.

 

Hispanidad en México
La coalición de viejos y nuevos hispanófilos que unió a toda la oposición mexicana en 2021.

 

Y es por ello que Gilberto Lozano, el histriónico líder de FRENA, y Roger Bartra, intelectual orgánico del régimen de la transición, acabaron apoyando al mismo frente opositor en las elecciones 6 de junio del 2021, aunque no se juntaran para la foto.

 

Apapachar al intelectual criollo: Enrique Krauze recibe el III Premio de Historia Órdenes Españolas de manos del rey Felipe VI / Imagen; cortesía de Letras Libres

 

El voto ordenado y masivo de las clases medias contra Andrés Manuel López Obrador fusionó conservadores y liberales en un solo molde. Y el hispanismo de viejo y nuevo cuño es uno de sus ingredientes, tan obvio como escurridizo.

Por si alguien lo dudaba el viaje del apóstol Santiago a la Nueva España confirmó la sospecha: el axolote de la hispanidad goza de cabal salud. Esta larva que nunca llegará a salamandra revive, una y otra vez, de sus cenizas porque este molde reaccionario cohesiona a las fuerzas vivas del subcontinente por una simple razón.

Para ellos, el enemigo sigue ahí.

Así lo escribí en 2015:

“El Calibán del norte ofrece todo aquello que los dueños de América Latina necesitan, desde medios, militares, finanzas, consumo y educación para sus hijos. Pero solo la hispanidad ofrece el último argumento de fuerza para las clases patricias, de México a Chile. El derecho de conquista sobre indios, negros y prole, el fundamento real de todo heredero de la Hispanidad, al margen de su origen árabe, armenio, francés, judío o asturiano”. (Malló, 2015)

El 2 de septiembre del 2021, en el Senado de la República, el hilo de Ariadna emergió de nuevo. Aunque sus chistes y sus memes merezcan los firmantes de la Carta de Madrid, bueno sería recordar el espíritu de cruzada que mueve su fanatismo. Se llama matar, pero también morir, para que nada cambie.

Y si algo han probado más de una vez es que cumplen sus amenazas, siempre que la coyuntura alcance. En tiempos de crisis y zozobra, el regreso del hispanismo es preludio de tempestades. No sería mala idea que empezáramos a tomarnos más en serio este viejo cachivache de la hispanidad.

 

Referencias

 

Hochuli, A. (Verano 2021 / Volume V, Number 2 de 2021). The Brazilianization of the World. American Affairs, 5(2). Obtenido de https://americanaffairsjournal.org/2021/05/the-brazilianization-of-the-world/

Malló, O. (2011). Historia crítica de la reconquista económica de México y América Latina (1898-2008). Madrid / Ciudad de México: Akal.

Malló, O. (Enero de 2015). La pervivencia de la hispanidad (y por qué debería importarnos). (U. d. Valle, Ed.) Crisis & Crítica(5). Obtenido de http://cvisaacs.univalle.edu.co/crisisycritica/index.php?option=com_content&view=article&id=58:la-pervivencia-de-la-hispanidad&catid=31:espana-aparta-de-mi-este-caliz

Rama, Á. (1989). La ciudad letrada. Montevideo: Arca. Obtenido de https://filologiaunlp.files.wordpress.com/2011/08/rama-la-ciudad-letrada.pdf

Selina Todd, S. (2018). El pueblo Auge y declive de la clase obrera (1910-2010). Madrid: Akal.

 

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