Herida abierta

Reducidos “a una imagen con plumas”, los indios de nuestra América han resistido afrentas inimaginables. Pese a todo, “desde la punta norte de Canadá” y hasta “el extremo más meridional de Sudamérica”, las culturas originarias se renuevan y proyectan en los nuevos tiempos. La modernidad los ha abrazado, es cierto, también el neoliberalismo, y desde ahí continúan expresando sus tradiciones, cultural y cotidianidades.

Un compendio de esto puede descubrirse, ejemplo también de las maneras de escribir novela en nuestros días, en Ni aquí ni allí, de Tommy Orange (Oakland, 1982), con la que obtuvo el premio American Book Award de este año. Hecho de excepción al ser There, There, título original, su primera obra narrativa, recomendada por la canadiense Margaret Atwood, y antes merecedora de reconocimientos como el PEN Hemingway, el John Leonard y el Center for Fiction.

Ni aquí ni allí es una novela coral, poblada de personajes ubicados en las comunidades nativas de Norteamérica, en su mayoría jóvenes, que van tejiendo distintas tramas que desembocarán en una escena climática. Lo que le permite al autor realizar cuadros acerca de los dilemas que en la sociedad gringa viven los indios. Indios “urbanos”, de carne y hueso, y al lado de cualquiera de nosotros. “Ser indio nunca ha tenido que ver con regresar a la tierra. La tierra está en todas partes y en ninguna”.


Dividida en cuatro partes, Ni aquí ni allí va alternando los acontecimientos cotidianos de cada personaje, aunque también, desde ese mismo seguimiento, devela al lector las experiencias históricas de las comunidades referidas, durante 500 años. “Todo el que ha querido nos ha definido a su manera, y seguimos padeciendo difamaciones a pesar de lo fácil que resulta consultar por internet datos sobre la realidad de nuestras Historias y sobre nuestra realidad como pueblo”.

Rompiendo el arquetipo de indio norteamericano (lo recuerda el lector: cinta en la frente, pluma detrás de la cabeza), Orange incorpora una docena de personajes (cheroke, arapaho, cheyenne, navajo, maskoki, etc.) no exentos de contradicciones internas, incluida la de su mismo origen. Sitio donde el autor plantea con lucidez los problemas generados a partir de la reivindicación cultural y artística, valores que sólo pretenden destacarse y ubicarse “en el pasado”.

Tradición, pasado…

“La trampa, o el círculo vicioso, del tema es el siguiente: si no está recurriendo a la tradición, ¿cómo va a ser indígena? Y si está estancado en la tradición, en el pasado, ¿cómo puede ser relevante para otros indígenas que viven en la actualidad, cómo puede ser moderno?”.

Con un pasado de ofensas, pasado cercano: “en 1963 bastaba con eso: los indios y los perros tenían el paso prohibido a las pistas, los bares y todo lo que no fuera una reserva”, el novelista descubre los problemas de una comunidad inserta en la misma sociedad norteamericana: drogas, alcohol, rompimientos familiares, machismo, suicidios, corrupción, desigualdad social… Al tiempo que ubica los acontecimientos en la región de Oakland, donde nació el autor.

Camino al powwow, la gran festividad indígena que ahora se realiza en modernos estadios, los personajes de la primera novela de Orange harán todo por sanar sus heridas, internas y externas, y así reconciliarse consigo mismos.

Escribe el novelista: “La herida que se hizo cuando los blancos llegaron y se apoderaron de todo lo que se apoderaron nunca se ha curado. Una herida que no se cuida se infecta; se convierte en una clase nueva de herida, igual que la Historia de lo que realmente pasó se convirtió en un nuevo tipo de Historia.

“Todos estos relatos e historias que no hemos contado durante este tiempo, que no hemos estado escuchando, son sólo parte de lo que necesitamos curar. Aunque no porque nos hayan partido el alma. Y no cometan el error de llamarnos resistentes. No habernos destruido, no habernos rendido, haber sobrevivido, no es ninguna medalla de honor. ¿Llamarían resistente a la víctima de un intento de asesinato?”.

Ni aquí ni allí, una novela que explica el acontecer de las comunidades nativas americanas, esas que vienen “luchando contra el terrorismo desde 1492”.

Tommy Orange, Ni aquí ni allí, AdN, México, 2019, 310 pp.

@mauflos