Hasta navidad habrá humo blanco en el PRI

En el PRI todavía no hay nada para nadie, lo único que está definido es que la decisión de quien va a ser el candidato a la gubernatura se tomará en la semana que va de los días 21 al 27 de este mes, es decir en pleno festejo de navidad, aunque será hasta los primeros días de enero cuando se hará el nombramiento oficial.

La decisión se está construyendo por dos vías: una negociación y análisis de perfiles, entre los miembros del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PRI, así mismo los resultados parciales que se han ido recogiendo mediante un par de encuestas, que se aplica en la mayoría de los municipios de la entidad y cuyo levantamiento concluye dentro de un par de días.

Este miércoles una fuente bien informada y cercana al CEN tricolor comentaba: “Hasta ahora el nombre del posible candidato no es de mujer”.


Y es que un debate que existe hacia el interior del órgano colegiado del tricolor es qué si es viable un candidato con popularidad, pero sin estructura.

Las objeciones que se tienen acerca de la senadora Blanca Alcalá Ruiz es que no tiene una estructura que sea la base de su trabajo proselitista, en caso de ser la abanderada. Su equipo de operadores electorales es prácticamente nulo y no cuenta con un plan de alianzas para tener el apoyo de las facciones del tricolor.

Algo que desconcierta mucho, es que en los últimos tres años la legisladora no hizo el más mínimo esfuerzo para construir una estructura, pese a que desde hace cinco años su nombre nunca ha dejado de estar al frente de la lista de aspirantes para ser el candidato o candidata a la titularidad del Poder Ejecutivo.

Esa situación a muchos desconcierta en el tricolor, ya que se toma como un desdén de la legisladora hacia el trabajo político o sus propias aspiraciones de ser gobernadora de Puebla.

Por eso algunos miembros del CEN están empujando la idea de que la decisión se debe de tomar entre dos aspirantes: Enrique Doger Guerrero y Alberto Jiménez Merino, quienes tienen una peculiaridad, han estado construyendo estructuras y buscan tener una presencia permanente en diferentes zonas del estado, junto con líderes regionales del partido.

Jiménez y Doger no están en el primer lugar de la popularidad, pero sí se les percibe como políticos mucho mejor organizados que Blanca Alcalá.

Su problema es que ninguno de ellos, por separado, tiene la mitad de la popularidad de Blanca Alcalá.

En ese sentido el dilema que hay es: ¿Lo importante es la popularidad o el poder de las estructuras?

En ese tenor, quien logró un importante espaldarazo fue Alberto Jiménez Merino, quien hace un par de días consiguió el apoyo de Nabor Ojeda Delgado, quien es el líder de Confederación Campesina Mexicana.

A primera vista ese respaldo parece no revestir nada especial, pues se trata de una organización campesina, que es el sector en donde Jiménez “nada como pez en el agua”, con el que tiene una fuerte identidad, por ser un personaje que siempre ha gravitado en organizaciones o cargos públicos del sector agropecuario.

Lo que poco se sabe es que Nabor Ojeda tiene un hermano que es médico militar de alto rango, que es parte del Estado Mayor Presidencial y es el galeno de cabecera del titular del Poder Ejecutivo Federal, Enrique Peña Nieto.

Tal condición abre la posibilidad de que alguien filtre el nombre de Alberto Jiménez Merino en el despacho en donde se toman las decisiones más importantes del priismo nacional.

Y eso serviría mucho si se pondera el tema de las estructuras políticas por encima de la popularidad, para elegir al candidato.