Hacia el Estado de Sitio

Después del día de muertos, de las declaraciones y las aclaraciones del Presidente sobre el discurso del General Gaytán y de los acontecimientos de Culiacán, no me queda ninguna duda: México seguirá deslizándose en el tobogán de la violencia que, todo parece indicar, desembocará en las aguas turbulentas del caos y el enfrentamiento fratricida como preámbulo de entrada al Estado de Sitio.

La causa es casi de orden físico: aunque el Presidente Amlo tomó posesión formalmente de su cargo el 1º de diciembre de 2018, en la realidad abdicó de la responsabilidad de su investidura, pues no ha querido o no ha sabido ocupar el espacio de la unidad institucional del Estado.

Por razones ideológicas o fantasiosas, se trata de un Presidente que se piensa a sí mismo como dirigente de una parte de la sociedad (los liberales), enfrentado a la otra parte (los conservadores). Ese sectarismo maniqueo que ahora lo ha llevado a dónde jamás debió hacerlo. Hoy  tenemos también a un Presidente, Comandante supremo de las Fuerzas Armadas, que ha sembrado la semilla de la división y la discordia en el seno mismo de las fuerzas armadas.


En su fantasía, ya lo he dicho, reúne en el mismo cargo las funciones sacerdotales y las del funcionario público, del Papa y del César. En la última semana volvió a rebajar su función papal a la del cura de Villalpando, al compararse con el mártir del Gólgota; cuestión ridícula,  por decir lo menos. Pero al mismo tiempo, transfiguró su personificación del César en un incendiario Nerón, que a todos puso a temblar, cuando se comparó también con otro mártir, Francisco I. Madero, el de la efímera democracia mexicana, con la presunción, sin embargo, de que él si tiene la base popular que lo defendería de un golpe de Estado.

Quizá porque se dio cuenta que había exagerado la nota y sus huestes ya estaban histéricas buscando a los traidores golpistas, nuestro aprendiz de brujo se espantó de la danza febril de las escobas e interrumpió su descanso en Palenque para, desde allá, enviar el siguiente mensaje: “vamos bien y no hay nada que temer”. De regreso a la Ciudad de México, en la mañanera del lunes, nos iluminó con las conclusiones de su retiro espiritual: el discurso del General Gaytán fue imprudente, nada más. No hay ninguna condición en México para un golpe de Estado. Ah, por cierto, el hijo del ex Presidente Calderón, además de Aurelio Nuño y Juan Carlos Romero Hicks, son los inmorales  que más distorsionan las redes sociales.

Múltiples fueron las expresiones degradantes de un Presidente que sólo crispa el ambiente: a los perros periodistas les quitó el bozal;  sin recato alguno baló públicamente, beee, beee, para reivindicar a los miembros de su partido; finalmente invocó a las ranas pidiendo un rey. Si recordamos que alguna vez se refirió al pueblo como animalitos indefensos, no debe extrañar la cantidad de metáforas e insultos que cada día más recibe el Presidente, como producto del desprecio que siente y manifiesta hacia los seres humanos; los que están con él en tanto animalitos, y sus adversarios, como perros o ranas.

Más allá de lo anecdótico, que no deja de ser importante porque nos habla del tremendo desgaste de la investidura presidencial, está el hecho central de todos estos días: el Estado mexicano carece de una estrategia cabal en su política de seguridad. No exagero. No puede llamarse así a la que dice atacar las causas de la violencia solo para no enfrentar a los violentos. Y lo que es peor, la Guardia Nacional apenas estará capacitada para enfrentarse al nivel alcanzado por los delincuentes en unos tres o cuatro años.

El diagnóstico más contundente al respecto lo hizo el General retirado Mauricio Ávila. “En México, dijo, los secuestros, violaciones asesinatos ocurren diariamente, sin que el gobierno haga nada”. Frente a las masacres, agregó, “el gobierno no hace nada. Ni su gobierno ni el Congreso, ni la Suprema Corte de Justicia, ni los jueces, ni los derechos humanos, han hecho nada, ni tienen la voluntad de hacerlo”.

Pero no se preocupe Presidente, el Ejército es leal. “En México, será el pueblo, el que le pida al ejército que intervenga como última opción. Pero el ejército intervendrá dentro de la constitución. Conforme al artículo 29 cuando el pueblo le exija a Usted y al congreso que declare el estado de excepción”.

Así o más claro. El ejército ha marcado un límite. Jamás actuará facciosamente. Si interviene, será en plenitud, como manda la Constitución. “Cuando el pueblo (léase cuando la situación se vuelva insoportable) le exija a Usted y al Congreso (porque ya no queda de otra), que declare el estado de excepción”. Y, como el gobierno no hace nada ni tiene la voluntad de hacerlo, hacia allá vamos. Antes que reine el caos y el enfrentamiento fratricida, el ejército, leal al pueblo, actuará como un solo hombre y exigirá tal declaración.

Por cierto que en los hechos de Culiacán el gobierno de los Estados Unidos, por boca de su embajador, dijo que estaban dispuestos a ayudar cuando, como en esos acontecimientos, el Estado mexicano se viera rebasado.

Bueno, pues el escenario que creíamos muy alejado, en unos cuantos días se nos aproximó la probabilidad de su realización. Ya no es difícil imaginar que, de seguir las cosas como van, después de varias masacres más y dada la incapacidad del Gobierno mexicano para proteger la vida de sus ciudadanos, las Fuerzas Armadas, con el beneplácito de los Estados Unidos, puede verse obligado a exigir al Presidente, dado que representa al pueblo, que declare el Estado de Excepción. Entonces llegará el alivio para el aprendiz de brujo y la danza frenética de las escobas tocará a su fin.

Tampoco resulta difícil imaginar que, en tales circunstancias, Amlo mandaría obedeciendo y, en una de sus machicuepas acostumbradas, explicaría que lo hizo por razones “humanistas” y de acuerdo con Argentina y el bloque de naciones progresistas decretado por Maduro y, mejor aún, con el beneplácito de nuestro amigo, el Presidente Trump. Quizá para ese momento ya declare que es el Presidente de todos los mexicanos y que sus únicos adversarios son los delincuentes. La 4 T estará de plácemes. El pueblo uniformado ocupará también el poder. Probablemente con ello subirá nuevamente el índice de su popularidad y sus funciones de César y de Papa se verán sublimadas.

Mientras tanto, seguirá la violencia, los secuestros, los asesinatos y las masacres, como en la comunidad menonita de Le Barón. A punto de enviar mí escrito para su publicación,  escucho en las noticias que Trump ofrece sus fuerzas para combatir a los carteles asesinos de ciudadanos estadounidenses en suelo mexicano. Así marcha el proceso de maduración de los argumentos que hacen falta para declarar el Estado de sitio.