Guardaditos… nos vemos más bonitos

La cuarentena médica se refiere solamente al aislamiento de las personas por un tiempo indeterminado para protegerse de los contagios de alguna enfermedad grave. Así, ante esta pandemia tenemos que limitar en gran medida nuestras actividades públicas y permanecer en casa el tiempo que sea necesario para sobreponerse a este peligroso padecimiento viral contra el que no hay ninguna medicina que valga, aunque algunos “mensos de baba y babero” digan que el limón y el carbonato disueltos en agua caliente es una mezcla con suficiente efectividad para mantenerse protegido del contagio.

El encierro ha sido motivo de innumerables chistes en lo que se refiere principalmente a la convivencia familiar extrema y forzada. Que si los chamacos están por desbaratar la casa, que si la pareja tiene encuentros… hostiles o íntimos, que si sólo estaremos dedicados a comer o a beber y mil cosas más. Pero, aparte de las bromas, bien podríamos hacer algo beneficioso y aprovechar la reclusión para hacer algo interesante, no instalarnos frente al televisor, estar mano sobre mano dejando pasar las horas sin caso alguno, ni rascándose vigorosamente las partes pudendas.

Por ejemplo, aproveche para comunicarse con sus cuates, sobre todo con aquellos de los cuales no ha tenido noticia reciente; será una oportunidad para enterarnos de lo que ambos hemos hecho y de lo que tenemos en puerta. Pero le recomiendo que lo haga vía telefónica, para así poder escucharlos claramente y percibir lo que nos pueda revelar el tono de su voz y su estado de ánimo. El güasap es para mensajes breves y es un tanto frío, considero que este recurso es muy limitado para establecer una efectiva y afectiva comunicación personal.


Atienda a algunas de las tareas pendientes de la casa, aquellas que ha pospuesto por falta de tiempo. Ahora cuenta con el tiempo suficiente para hacerlas pausadamente y a conciencia. Esto va desde la reorganización de la ropa, la selección de aquellas “garras” que ya no usa, ya sea para desecharlas o las que están “buenecitas” para regalarlas o solamente aquella ropa de estación que debe guardar limpia y reservarla para la temporada correspondiente. Los víveres deben ser objeto de una selección cuidadosa, para consumir aquellos que ya estén por ponerse pachichis y verificar la caducidad de algunos paquetes y latas que han quedado rezagados. Lo mismo sucede con las medicinas que, aparte de su fecha de vencimiento, quedan de un tratamiento terminado. Los libros son también candidatos para ser reorganizados, con la ventaja que existe una disciplina que permite clasificarlos ordenadamente y si su colección es más o menos grande, pues aventarse a catalogarlos.

El ejercicio moderado es una necesidad imperiosa para poder mantenernos saludables. Puede caminar no importando lo pequeña que sea su casa, aunque parezca coyote enjaulado ya que este ejercicio siempre será bueno para sus piernas, para su digestión y para su sueño. Si tiene escaleras, súbalas varias veces y para lo que llaman los atletas “el tren superior” puede recargar su peso sobre sus brazos apoyado en una pared y hacer flexiones suficientes hasta que dé usted un primer hervor. Si no le duelen las bisagras y todavía puede hacerlas, entonces échese unas sentadillas y unas “lagartijas” para ponerse “mamey”.

La lectura es también una actividad recomendable, ya que mantiene la mente ocupada en cosas distintas al monotema que nos ocupa en estas semanas casi todo el tiempo, mientras estamos despiertos. La lectura es un alimento del espíritu, pero sólo la lectura de comprensión, aquella que nos deja enseñanzas provechosas tanto de alguna disciplina del conocimiento como de temas de la literatura, lo que nos hace viajar mediante la imaginación a otros mundos colectivos e individuales. Siempre será la lectura una ventana de aire fresco. La música es una manifestación artística que puede ser muy reconfortante, si nuestro gusto aún no se ha echado a perder con los reguetones.

En resumen, ocúpese de algo y manténgase atento a las recomendaciones oficiales porque están basadas en el manejo de la salud pública y conviene conocerlas para saber a qué atenernos como sociedad. De todas maneras, la responsabilidad de protegernos y cuidar a nuestros seres queridos es nuestra solamente, no tratemos de echar culpas y menos abonar a la división social como hacen algunos resentidos, malos perdedores y “especialistas de pacotilla” que en estos momentos –con supina ignorancia y mala fe– se atreven a opinar y a recomendar aquello que oyen y ven en sus famoso memes: “oyen cantar al gallo y no saben por donde”. Ya saldremos a la luz nuevamente y pasado el tiempo esta situación quedará en el recuerdo de todos e incrementará nuestro anecdotario personal.