Gobierno quiere cerrar los museos Bello y de Alfeñique

Un fuerte rumor que ha venido creciendo entre los trabajadores de los museos Bello y de Alfeñique –ambos surgidos en la primera mitad del siglo XX—es que ambos recintos podrían cerrar a finales de año o por lo menos su acervo en los próximos días será reducido al máximo, ya que muchas de sus obras serán trasladadas al Museo Internacional Barroco (MIB), el cual es la ocurrencia sexenal que más quiere exhibir Rafael Moreno Valle Rosas durante su quinto informe de gobierno.

Y es que en la medida en que se acerca la inauguración del MIB se ha acrecentando la preocupación en el gobierno del estado de cómo va a ser valorado el nuevo museo por la comunidad intelectual y artística del país, ya que el recinto, a un par de meses de su apertura, no cuenta con un acervo barroco ni una arquitectura barroca ni con obras pictóricas que le den relevancia.

Es decir será un museo barroco pero sin grandes obras de valor del periodo barroco.


El pseudo argumento artístico que se ha querido imponer para justificar la falta de obra es que será un museo interactivo, es decir lo que importará será la proyección de imágenes y audios, en lugar de la exhibición acervos escultóricos, pictóricos, de muebles o tapices.

Dicha condición no tendría mayor repercusión sino fuera por el costo de 7 mil millones de pesos que tendrá el MIB, la cual es una de las inversiones más altas en el país en un recinto cultural, que incluyó la contratación del arquitecto internacional Toyo Ito, de origen japonés, y la intención de que en un inicio se paguen más de 180 millones de pesos a museos europeos para que presten algunos cuadros emblemáticos.

Se sabe que un importante grupo de académicos de la UNAM se prepara para hacer un severo cuestionamiento contra el proyecto del MIB, sobre todo por su oposición de que se quiera desplazar desde diferentes templos católicos obras del Barroco al nuevo museo, ya que eso significaría una especie de saqueo y colocar cuadros, retablos e imágenes fuera de su sitio de origen, lo cual es un atentado contra el mismo arte.

Ante tal situación, en las dos últimas semanas ha crecido el rumor de que entonces se echará mano de las obras de los museos de Alfeñique y Bello, los cuales curiosamente han estado en el olvido para el actual gobierno, como una manera de justificar que sus tesoros estarían en mejores condiciones en el MIB.

Tal es el caso del Museo Bello, el cual desde el año pasado no tiene director, luego de que el gobierno del estado despidiera sin justificación alguna a Ana Martha Hernández Castillo, quien estaba al frente de ese centro cultural y es una mujer con una alta preparación académica.

Se dice que la razón por la cual se provocó su salida es que está mujer en varias reuniones había asegurado que ella misma se encadenaría en la puerta del Museo Bello para impedir que las colecciones que ahí se albergan fueran trasladadas al MIB.

El problema de fondo es que estamos ante un gobierno lleno de opacidad que no informa de nada.

Hasta ahora se ha mantenido como un secreto de Estado la información de cuál va a ser la obra de exhibición del MIB, cuál es la razón por la que tiene un costo tan excesivo –que equivale al presupuesto del ayuntamiento de la capital por tres años–, por qué se le dio ese carácter de Barroco y por qué en lugar de construir un edificio modernista, no se utilizó un recinto del periodo cultural que quiere representar.

Otra pregunta que queda en el aire es: ¿No primero se tiene que tener la obra antes de construir un museo?

Ahora, si se cometiera la barbaridad de sacar obras de la Casa de Alfeñique o del Museo Bello, sería un auténtico atentado contra la preservación del patrimonio cultural, aunque tal parece que eso no es motivo de preocupación del gobierno morenovallista de que se le tilde de esa manera, siendo una prueba de ello la destrucción que está causando en la zona arqueológica de Cholula.

En el caso del Museo Bello no se pueden separar las obras del edificio, ubicado en el corazón del Centro Histórico de Puebla.

Dicho museo surgió en 1944 por la decisión de Mariano Bello, quien era el propietario y dejó de utilizar el inmueble como vivienda para que fuera un museo destinado a exhibir las colecciones –que abarcan más de 3 mil piezas– que adquirió y reunió su padre, el industrial José Luis Bello. El recinto se dejó como un legado siempre y cuando no se extrajera su contenido.

En 2009 el Museo Bello sufrió una restauración integral, en manos de expertos internacionales, que le permitió contar con nuevas lecturas museográficas. Es decir, es un inmueble que está en óptimas condiciones, pero sin promoción o atención del gobierno morenovallista.

La Casa de Alfeñique –nombre que se debe a su fachada en argamasa que se parece al dulce de alfeñique de almendras y leche– data del año 1790, y el 5 de mayo de 1926 se convirtió en el primer museo regional del estado de Puebla. A la fecha tiene un acervo de mil 590 piezas, 19 salas de exhibición y una colección importante de códices y carruajes antiguos.

Si Moreno Valle entendiera y le preocupara la cultura, lo único que tendría que haber hecho sería invertir en los museos Bello y del Alfeñique, lo o cual hubiera sido a un costo que ni remotamente se hubiera acercado a los 7 mil millones pesos del MIB.

Aunque queda claro que el MIB no es un proyecto cultural, es solo el pretexto para darle una obra de 7 mil millones de pesos a los constructores, que son del Grupo Atlacomulco, del estado de México.