El próximo domingo Enrique Peña Nieto rinde su primer informe de gobierno y se percibe un cierto desencanto hacia el desempeño del presidente, ya que los resultados arrojados son similares a los que ofrecieron los gobiernos panistas que le antecedieron, pues se registra una caída en el crecimiento económico, no se generan los empleos suficientes, no se avanza en contra de la pobreza, crece la ingobernabilidad y la violencia en todas sus formas, principalmente la relacionada con el crimen organizado.
Frente a ese esquema tampoco se ha podido cumplir una expectativa que había a principios del actual sexenio, que era la posibilidad de que desde Los Pinos se corrigieran los abusos que cometen los gobernadores de los estados, quienes se han convertido en virreyes, puesto que muchos mandatarios no tienen contrapesos políticos y no hay nadie que los haga entrar en cordura cuando actúan con autoritarismo, ilegalidad o generan escándalos de corrupción.
En particular en el caso de Puebla, muchos actores políticos confiaban en que desde Los Pinos se ejercería un contrapeso hacía el gobernador Rafael Moreno Valle Rosas, luego de que en la entidad ninguna fuerza política ha tenido esa capacidad. El PRI en ocasiones es una tibia oposición y en otras se desdibuja, mientras que el resto de los partidos están controlados por el mandatario y sirven a sus intereses personales.
En las últimas semanas se ha percibido a Moreno Valle como un aliado de Enrique Peña Nieto, ya que el jefe del Poder Ejecutivo poblano ha buscado en todos los foros posibles impulsar las reformas del presidente de la República, principalmente la concerniente al sector energético.
Quienes conocen los entretelones de Los Pinos dicen que esa alianza es coyuntural. Que Enrique Peña Nieto decidió en su primer año de gobierno no buscar confrontaciones con los gobernadores, sobre todo con los de oposición, y respetar sus cotos de poder. La decisión se fundamenta en que de esa manera se podían impulsar las cuatro grandes reformas del presidente de la República y mantener la gobernabilidad.
En particular se comenta que desde la presidencia de la República se ve a Moreno Valle como un buen aliado dentro del PAN, pero al mismo tiempo se le percibe como alguien a quien no se le puede tener toda la confianza, por ser un personaje que le gusta no ser fiel a una sola fuerza política y acaba jugando con todos.
Ese comportamiento se demostró en 2012, cuando dicen que el mandatario poblano tenía un acuerdo para ayudar a ganar al PRI en el estado y al mismo tiempo ordenaba ataques contra varios candidatos priistas. Y que ese comportamiento habría marcado la falta de confianza de Peña hacia Moreno Valle.
Entre los priistas que se mueven en el ámbito federal se tiene la confianza de que con las reformas y con el avance del segundo año de gobierno, la administración de Peña Nieto se reposicionará, tomará el control pleno del país y empezará a ofrecer resultado positivos. Y uno en particular es que ya no se solapará los abusos de los gobernadores, por ser la fuente de origen de muchos conflictos de violencia en el país.
Y que en ese esquema, la luna de miel entre Moreno Valle y Peña Nieto no sobrevivirá al año 2014. ¿Será cierto?
