Glockner: la Secretaría de Cultura federal, propuesta ideológica para homogeneizar la identidad

Foto Abraham Paredes

El antropólogo Julio Glockner descubrió, no sin ironía, que la propuesta de creación de la Secretaría de Cultura (Scult) federal permite encontrar una nueva faceta de su principal promotor, el presidente Enrique Peña Nieto, quien se apunta como un “filósofo metafísico” de avanzada.

Ello, como señaló el investigador, porque más que una iniciativa de ley, la creación de la Scult es más una propuesta ideológica que plantea, de manera intrincada y en medio de un discurso propio de la verborrea política, la homogeneización de la llamada “identidad nacional”, un concepto que por naturaleza es diverso y disímil en un país como México.

Según el Peña Nieto filósofo, apuntó Julio Glockner, la historia del país se refleja en las instituciones de cultura, por lo que la Scult sería parte de “un juego de espejos en donde la identidad nacional sería una unidad cultural, una poderosa fuerza homogeneizante que eliminaría la diversidad”.


“Es una política de estado que presupone una unidad cultural y apela al sentimiento de identidad nacional como si fueran lo mismo. Así, el patrimonio cultural pervive en una persistente contradicción entre tradición y modernidad, y entre otra dicotomía: la de lo sagrado y lo profano”.

En ese sentido, Julio Glockner definió que la identidad nacional sólo existe como una identidad personal que se vuelve colectiva, como una suma de coincidencias que optan por compartir distintas formas de vida.

Por ello, criticó que ni siquiera la historia como relato de los hechos es identitaria: “Si le ponemos carne a este cuerpo simbólico, salen las otredades que impiden hablar de una identidad nacional”.

Glockner, en contra de la “filosofía” del presidente, dijo que si se desciende de la abstracta identidad a la multiplicidad cultural, “el yo individual se ve imposibilitado a reconocerse en todos, porque cada uno es el otro y ninguno es el mismo”.

Así, en un país multicultural como lo es México, la identidad cultural y la identidad nacional no coinciden, afirmó el antropólogo. Más bien, en una democracia genuina, existe una convivencia respetuosa entre ambas, en su “unidad en lo diverso”, algo en lo que la Secretaría de Cultura que propone Peña Nieto no abonará.

 

Un monstruo de la cultura televisiva y el mercado

 

Con su charla “Disquisición en la que se intenta demostrar que tenemos en la presidencia un filósofo que no hemos comprendido”, Julio Glockner fue invitado a participar en la serie de conferencias que organizó el recién aparecido Colectivo Cultura que conforman siete investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia en su Centro Puebla.

Dicho colectivo tiene el objetivo de debatir en torno a la creación de esta nueva secretaria que es criticada por varios asuntos: porque romperá el vínculo educación–cultura cuando el INAH deje de ser parte de la SEP y se disuelva en la Scult; porque lesionará los derechos laborales de sus trabajadores y, sobre todo, porque apunta a ser una figura catalizadora de la banalización y la privatización de la cultura.

De entrada, Julio Glockner criticó la ligereza con la que los “políticos incultos” crean secretarias, en una suerte de actos de apariciones y desapariciones oficiales que en suma tienen que ver con el “cambio”, un concepto que la política mexicana ha tomado como sinónimo de “garantía de progreso en su delirante idea de la modernidad”.

Frases como “Mover a México” o “Acciones que transforman” –dijo– reflejan la entronización de la estulticia, en donde la política es una subcultura de la cultura, en donde el político inculto toma lo mismo a la alta cultura que a las manifestaciones genuinas de la cultura popular, haciendo una suerte de híbrido que resulta en la cultura urbana, la cual encuentra en los medios masivos, sobre todo en la televisión, su mayor fuente y reflejo.

“Con la ligereza de quien se siente heredero de la tradición liberal, en donde el Estado es él, a la manera del viejo presidencialismo priista, Peña Nieto refiere a la fundación del Museo Nacional en 1825 y al Consejo Nacional para la Cultura y las Artes en 1988, en una continuidad de la que él se siente responsable.

“Es el pastor de un viejo rebaño institucional de lo moderno y lo turístico, que adopta lo que él y los suyos suponen es la modernidad, la cultura, así nomás, sin convocar, como el buen pastor del estado neoliberal”, señaló el antropólogo.

Esa cultura entendida por la élite política y burocrática, continuó, se refleja en “simulacros” como el Atlixcayotl o la Guelaguetza, tradiciones inventadas que representan una suerte de “duplicidad” en torno a lo genuino.

El académico de la Universidad Autónoma de Puebla apuntó que dichas simulaciones e invenciones, y aquellos discursos aparentemente de elogio, en realidad esconden un profundo desprecio por lo popular, ya que son precisamente las comunidades las que son presas de esa “estafa cultural”.

En cambio, expuso, las medidas de la Scult buscan fortalecer el turismo que todo lo banaliza. Ejemplo de ello, es que el presidente y otros gobernantes hacen uso desmedido de estadísticas y comparaciones del rubro, haciendo “un abuso de la aritmética con el que se hace evidente su falta de pensamientos y claridad de ideas”.

Con ello, precisó el antropólogo, es claro que la nueva Scult será “un monstruo dotado de facultades con la que será capaz de extender sus tentáculos por todos los rincones, obedeciendo al mercado internacional”.