Glockner: apostar por la memoria

Cualquier historia, siempre que esté bien contada, no es sino resultante de un conjunto de fragmentos por sí mismos significativos. La historia de todos es antes la de cada uno de nosotros y, la que registra a la guerrilla en México, contiene en su impresión los nombres y apellidos de muchos hombres y mujeres, y otros tantos de investigación engorrosa y revelación íntima. Cómo no si es la historia de una guerra cercana, durante años desvirtuada y manipulada, al grado de su negación.

Fritz Glockner (Puebla, 1961) emprendió hace más de diez años esta tarea con la publicación de Memoria roja. Historia de la guerrilla en México 1943-1968 (2007), aunque siendo justos deberíamos anotar una fecha anterior, la de la aparición de Veinte de cobre (1997), una novela entrañable donde el autor recuerda pasajes experimentados por una familia con padre guerrillero, en la clandestinidad, hincada en su propio entorno y el de Napoleón Glockner Carreto, muerto en 1976, a mitad de la llamada guerra sucia.

Glockner publica ahora Los años heridos. La historia de la guerrilla en México 1968-1985, un extenso recuento de los grupos y las personas que durante el periodo trazaron este pasaje de “la historia negra de nuestro país”. Tarea de múltiples complicaciones al ser un periodo no del todo cerrado. “Toda historia cuenta con un riesgo. El juego de revelar una mentira, la verdad a medias, ubicar el dato, y narrar esa realidad que todos anhelan, así como despojar los alias”.


Ordenador de un gran rompecabezas, como todo buen historiador, Glockner acumula en Los años heridos cientos de sucesos antes apropiados mediante las tareas académica, periodística y de registro testimonial y archivístico. Lo que teje con una buena prosa y un estilo que mantiene a lo largo de las casi seiscientas páginas. Talante de novelista que le permite identificar en los protagonistas de esta historia negra fantasmas y no cadáveres. “La forma de ubicar el pasado ante mis ojos me permite visualizar mejor las historias que se pretenden contar en esa apuesta por la memoria”.

Para Glockner, su decisión de voltear al pasado proviene de un convencimiento sugerente y activo que, sumada a esa identificación de un objeto de estudio si se quiere a partir de lo familiar, lo personal, explica a un tiempo su entendimiento de futuro.

“A diferencia de las actuales prácticas culturales —sostiene—, algunas culturas prehispánicas ubicaban el pasado delante de ellos debido a que sí podían visualizarlo, mientras que el futuro se situaba detrás de ellos, ya que este se desconoce en lo absoluto, una idea completamente inversa a lo que se ha promulgado desde la cultura occidental. Al colocar el futuro detrás de uno, es este el que empuja, el que hace caminar, el que da la movilidad; el pasado es visible y se comprende desde la idea de tenerlo enfrente, puede ser interpretado y asimilado para cultivar de mejor forma la memoria”.

Planteamiento que lleva al autor al quid de la relevancia de la historia —de esta magna historia del siglo veinte mexicano todavía no inscrita en su instrucción generalizada, aunque eso sí, como lo advierte uno de los apartados finales de Los años heridos, sí atendida por el periodismo y la literatura:

Óptica histórica

“Cuando descubrí esta idea la abracé de inmediato, pues considero que la historia debe construirse desde la óptica de la creación de fantasmas y no de cadáveres para que, los primeros sigan cuestionando el presente; por otro lado, la forma de ubicar el pasado ante mis ojos me permite visualizar mejor las historias que se pretenden contar en esa apuesta por la memoria, la única que permite alimentar mejor los sueños”.

Del desamparo que produjeron las secuelas del 68 a los prolegómenos del neozapatismo, la historia de “esta guerra de baja intensidad” se arranca del olvido por Glockner en Los años heridos —“labor que consume la energía. Navegar por entre el horror sin extraviar el júbilo ha sido una constante (…). Buscar entre la negativa impune del Estado mexicano y el silencio conveniente de la clandestinidad ha provocado en más de una ocasión que la brújula de diversos escritores, periodistas e historiadores se imante, extraviándose la orientación, arribando a puertos falsos e invitando opciones de una objetividad desdibujada”—: una de las historias más recientes del México contemporáneo.

Memoria ahora recuperada por Glockner y que alguno de los cientos de historiados en Los años heridos atisba como la guardiana de “todos los colores, todas las rutas, todas las palabras y todos los silencios”.

Cita con fantasmas

En la ubicación del origen de estos dos volúmenes de historia, se dijo ya, el lector deberá tener presente Veinte de cobre (1997), una novela basada en el recuerdo de distintos pasajes experimentados por una familia y el destino del guerrillero Glockner Carreto. Episodio que más de veinte años después se detalla así:

“La cita para transformarte en fantasma que incomoda quedó registrada a partir del 5 de noviembre de 1976. Aquel viernes, cerca de la siete de la noche, Napoleón Glockner Carreto transita abstraído por las calles de la colonia Roma Sur de la Ciudad de México luego de una jornada laboral. Sabe que en su departamento le espera Nora Rivera Rodríguez. No imagina que la voz de ella saldrá alarmada desde la camioneta Combi que se ha emparejado a su paso, el tiempo en el que tres individuos comienzan a forcejear con él con la pretensión de subirle a la unidad. La imposibilidad del acto provoca que las pistolas aparezcan segando la vida de Glockner en la esquina de la calle de Bajío con Manzanillo. Su cuerpo queda ahí ante la alarma de los transeúntes. La Combi arranca a gran velocidad para ser localizada un par de horas después enfrente de la casa ubicada en la calle Salina Cruz número 4 con el cadáver de Nora dentro y del hijo que ya no llegará”.

Fritz Glockner, Los años heridos. La historia de la guerrilla en México 1968-1985, Planeta, México, 590 pp.

@mauflos