Martes, junio 25, 2024

Genocidio Palestino

Resulta interesante la forma en que el ser humano recuerda el pasado y lo relaciona con el presente. Este tema tan complejo, el de la memoria, ha sido trabajado por numerosos autores y, a su manera, los pueblos la han afrontado como un tema fundamental para la construcción de identidad y como elemento fundamental de cohesión. Sin embargo, también ha sido ocupado por gobiernos y sus titulares, sea en espacios pequeños o en grandes regiones, sea en el pasado o en el presente, para justificar conquistas, invasiones, atropellos, en fin, un sinnúmero de acciones.

Recientemente se estrenó en una de las plataformas de “streaming” una película que tuvo bastante éxito al grado de que fue nominada a 4 premios Óscar, entre ellos al de mejor película extranjera que, por cierto, ganó. Me refiero a la película “La Zona de Interés” (2023) de Jonathan Glazer. La cinta tiene numerosos atributos que la hacen ser una estupenda propuesta y quizá uno de los más importantes sea el argumento: la forma en que uno de los encargados del Campo de Concentración nazi de Auschwitz- Birkenau, Rudolph Höss y su familia, visualizaban y vivían el espacio en que habitaban, adosado a semejante campo de exterminio. Imagino que no debo relatar las atrocidades que sucedían en ese espacio donde los horrores más temidos de la humanidad tuvieron lugar y dejo la tarea de que quien lea esto y no lo sepa, indague en ese macabro pasado. Lo que sí diré es que el programa nazi de exterminio de los judíos y otras comunidades en conjunto con prisioneros de guerra soviéticos e incluso españoles republicanos exportados por la España franquista, tuvo un complejo sistema integrado por numerosos campos en Alemania, y Polonia, lo mismo que algunos provisionales en los territorios ocupados, como Francia y Holanda, del que Auschwitz fue, acaso el más famoso. La indiferencia con la que los habitantes de la casa principal, hombre, mujeres y niños observaban, escuchaban y sentían lo que ocurría más allá de los muros de la casa y sus magníficos jardines no sólo es terriblemente perversa, sino ejemplo claro de los vicios a los que ha podido llegar la modernidad. Sin embargo, no vemos ninguna de las atrocidades cometidas en el campo y sólo las escuchamos y percibimos, apenas sugeridas. Pero están ahí, inexorables y la historia se ha encargado de hacerlas ver. Lo que sucedió ahí, en conjunto con los otros campos fue un genocidio, tal cual.

Esta cinta se integra a una larga lista de producciones que abordan el llamado Holocausto y lo hace de forma, como he dicho, sumamente interesante. Es ampliamente recomendable. Sin embargo, muy a pesar de los realizadores, llega en un momento en que el Estado de Israel se encuentra realizando algo que bien puede ser caracterizado como un genocidio en Gaza, pretextando la guerra contra la organización terrorista Hamas. ¿Cómo podemos calificar lo que ocurre ahí si no es como un genocidio? ¿Podemos justificar semejantes atrocidades sólo porque las están llevando a cabo el “pobre pueblo judío” que se protege de los terroristas? ¿Hemos de creer ingenuamente que simplemente están recuperando la tierra que les pertenece por derecho divino y que los palestinos no existían en esa tierra, como diría el gran “influencer” auto elevado a “insigne” historiador (¡!) Chumel Torres? Aquí, en esta publicación de X vemos su “erudición”: “Jesús era judío. Judío israelita de los liberados por Moisés. De la tribu de Judá. Palestina no existía. Lean. Feliz Navidad”. No, en definitiva, el Estado israelí se encuentra en una franca ocupación de los territorios y de paso, elimina a los ocupantes.

Por supuesto que no me dejo llevar por las fruslerías de semejante influencer y me quedo mejor con la versión de la relatora especial sobre la situación de los derechos humanos en los Territorios Palestinos Ocupados de la ONU. Según la página de noticias de la ONU, Francesca Albanese afirma que “’Cuando la intención genocida es tan conspicua, tan ostentosa, como lo es en Gaza, no podemos apartar la vista, debemos hacer frente al genocidio; debemos prevenirlo y debemos castigarlo’, declaró este martes la durante la presentación de su informe Anatomía de un genocidio. (…) Durante la sesión ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, Francesca Albanese dijo que considera que hay ‘motivos razonables’ para creer que se ha alcanzado el umbral que indica la comisión del delito de genocidio contra los palestinos como grupo en Gaza”. En el mundo se han desarrollado numerosos genocidios, en todos los continentes y en numerosas épocas de los que el Holocausto nazi es uno nada más, terrorífico, atroz, abyecto, pero uno más. Darfur, Ruanda, Guatemala, son algunos de los ejemplos de esta práctica deleznable del ser humano que se convierte en el depredador más ruin frente al otro, a ese que considera desechable por ser inferior ya sea por raza, por clase o por la razón que semejantes monstruos pretexten. Lo realizado en Gaza es precisamente eso, una ruindad, un genocidio.

Lo peor del caso, es que lo están haciendo, como bien dice Albanese, a ojos de todo el mundo, con ostentación, independientemente de que Israel controla toda la información que nos llega, lo que alcanzamos a ver es terrible y lo están haciendo con una pasmosa impunidad. Los nazis procuraron en la medida de lo posible mantener en secreto el proyecto de exterminio y sus campos; en cambio, los israelíes lo hacen abiertamente, sustentados en la supuesta defensa de su territorio y de la caza de los terroristas. Albanese exige que se dé un embargo comercial y de armas al país judío de inmediato, cosa que no ha sucedido ni sucederá, gracias al contubernio norteamericano. Penden sobre los gringos, por cierto, atrocidades cometidas en guerras diversas, equiparables al genocidio. Baste ver lo ocurrido en Hiroshima y Nagazaki en 1945 para ejemplificar lo que digo. Impunidad total ante la mirada impávida del resto del mundo. Según se lee en la nota de la ONU, además “de matar a más de 30.000 palestinos, entre ellos 13.000 niños, las fuerzas israelíes utilizaron ‘un arsenal apocalíptico’ en uno de los lugares más densamente poblados del planeta. Se utilizaron casi 25.000 toneladas de explosivos (el equivalente a dos bombas nucleares), municiones no guiadas (o ‘bombas tontas’) y otros artefactos para arrasar barrios enteros. (…) ‘En las dos primeras semanas, Israel impidió que entrara en Gaza toda la ayuda humanitaria, y en los meses siguientes ha impuesto restricciones extremas al agua, los alimentos, la electricidad y el combustible (…) ‘Esta política deliberada ha inducido una grave inseguridad alimentaria rápida y sostenida en toda la población, y los atrapados en el norte se alimentan de piensos y hierba’ (…) ‘en menos de seis meses Israel ha destruido Gaza, borrando o dañando gravemente casi toda la infraestructura civil y las tierras agrícolas’”. Existe ya una resolución del Consejo de Seguridad que Israel ha ignorado con total arbitrariedad y seguirá sin que nadie haga nada con el exterminio perpetrado en Palestina. Y, para colmo, existen organizaciones y hombres y mujeres judíos de extrema derecha en Israel que están esperando que termine el conflicto y que el ejército les limpie la zona para construir nuevos asentamientos como lo han hecho también con total impunidad en los territorios ocupados. De ello da cuenta este reportaje de la BBC intitulado Los colonos judíos que quieren apoderarse de las playas de Gaza”. Es tiempo de que exijamos por todos los medios posibles el fin de las atrocidades en Palestina y el enjuiciamiento de militares y políticos responsables en Israel. Es tiempo de dejarnos de jugarretas. Sólo me queda preguntarme ¿habrá también una colección de películas, documentales y series de televisión que exhiban el genocidio palestino como decíamos que hay sobre el Holocausto nazi? Lo dudo, Occidente es especialista en ocultar sus porquerías y perder la memoria de lo que le resulta incómodo. Garantizo, eso sí, que habrá cintas contando las hazañas de un puñado de soldados israelíes que, contra todo pronóstico, logran exterminar a una célula terrorista -de unas 30 mil personas-. ¡Qué asco de época en la que vivimos!

También puedes leer: La solidaridad y lo común

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