Martes, marzo 9, 2021

Fundamentalismos

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Antes que nada, declaro que deploro todo tipo de fundamentalismo, no sólo religioso sino de cualquier índole -como el político- pues produce encono, divide pueblos y tiende a manifestarse de formas violentas. No sólo he criticado en varias de mis columnas las posturas religiosas más obstinadas que suelen llevar a discursos cerrados y acciones deleznables, sino también he criticado abiertamente las posturas maniqueas y totalizadoras de los dos engendros que emergen de la llegada de AMLO a la presidencia: los denominados “peje zombis” y los que yo llamo “anti peje zombis”. Ambas posturas son fundamentalistas y generan acciones terriblemente irracionales, tanto o más que los fundamentalismos religiosos. También he dicho que no será a través de la violencia que la humanidad ha de construir un mejor futuro, pero parece que es la tónica en todas las épocas. Por supuesto, eso no quiere decir que la normalicemos y que la concibamos como algo inherente al ser humano, como terrible destino que hemos de cargar por el resto de nuestros días. Dicho todo lo anterior, abordaré una situación que me parece sumamente delicada, quizá más de lo que estaríamos dispuestos a aceptar como sociedades occidentales. Como sabrá quien lea estas líneas, la semana pasada un profesor francés de nombre Samuel Paty fue decapitado en un poblado cercano a Paris supuestamente por un musulmán de origen Checheno -al menos ahí apuntaban las investigaciones al momento en que escribo esto-, mismo que habría sido muerto por las autoridades cuando trataban de detenerlo. Supuestamente, el profesor fue asesinado debido a que había mostrado a sus alumnos caricaturas publicadas por el controversial semanario satírico francés Charlie Hebdo -que provocaron en enero de 2015 un atentado en sus oficinas que dejó 12 víctimas mortales-, con la idea de mostrarles el derecho a la libre expresión. Como lo escribí a cuento de los atentados de 2015, este asesinato es de odio en muchos sentidos. Por supuesto, de haber sido el checheno quien asesinó al profesor, se confirmaría el encono que provocó el propio semanario en ese año con la comunidad musulmana de Chechenia. Y, en segundo lugar, confirma la xenofobia y el racismo que pervive en Europa y que hoy se han visto reforzados por discursos nacionalistas y el avance de la ultraderecha en todo el orbe.

El asunto no es de buenos y malos, como pretende hacernos ver la prensa occidental. En efecto, lo anterior se puede leer en una nota publicada por el diario El País, pero traducida de la original escrita por un periodista galo de nombre Marc Bassets y que narra la marcha que hubo este domingo pasado en París en protesta por la muerte del profesor: “El ambiente era solemne en la plaza de la República. Todos con mascarilla. Aplausos esporádicos. Muchos profesores, pero también políticos, activistas y sobre todo ciudadanos de a pie. Un minuto de silencio y, después, La Marsellesa a capela, en toda la plaza sonaba un coro inmenso, más que un himno nacional, en estas circunstancias, un canto reivindicativo, o fúnebre. La esperanza de que la muerte de Paty despierte las conciencias —hoy en Francia un profesor puede ser decapitado en la vía pública por enseñar algo tan básico como la libertad de expresión—, convivía con la desesperanza ante la falta de soluciones o la tentación de tirar la toalla: la posibilidad de que en la patria de la Ilustración y la laicidad, a partir de ahora los maestros se autocensuren para no meterse en problemas es uno de los debates tras el atentado”. Son de destacar los conceptos “libertad de expresión” y “la patria de la ilustración y la laicidad”, pues indican un claro sentido occidental, moderno, en contraposición al religioso y bárbaro que representan los terroristas islámicos responsables de la muerte del profesor. Claro, imagino que los franceses de cualquier denominación se sienten muy orgullosos de haber producido algunos de los conceptos que hoy como occidentales nos parecen más importantes: libertad, igualdad, ilustración, laicidad y en general mucho del pensamiento moderno occidental, junto con Alemania, Gran Bretaña, Estados Unidos y sus aliados. Sin embargo, habría que preguntar a esos mismos franceses si se sienten orgullosos de las enormes deudas que tiene Europa y el pensamiento occidental para con las naciones colonizadas en más de cinco siglos por esos países; habría que preguntarles si es que se sienten orgullosos de los abusos, genocidios, imposiciones económicas, ecocidios y un largo etcétera que han producido numerosas naciones europeas en Asia, África, Oceanía y América. Igualmente, de los numerosos asesinatos, exterminio, experimentos genéticos y cuanta atrocidad se le ha ocurrido a líderes, científicos y empresarios con el pretexto de la modernidad, con la consecución de la comodidad humana, del mercado y de la ciencia.

Los países occidentales, muchos de Europa y Estados Unidos principalmente, tienen una gigantesca deuda con el resto del mundo. Y, aunque no les parezca, han sido corresponsables del surgimiento de fundamentalismos nuevos y viejos (como el checheno o el Estado Islámico, respectivamente) en el orbe. Es decir, ellos mismos han provocado que buena parte de las sociedades del mundo vivan en pobreza extrema, con una ignorancia atroz y en condiciones terriblemente deplorables, lo que las hace presa fácil de grupos fundamentalistas de cualquier orden, sean musulmanes, católicos, cristianos o del cuño que se les ocurra. Pero a su vez, son responsables de la ignorancia de sus propias sociedades lo que ha propiciado el surgimiento de fundamentalismos propios (muy en la tónica de la superioridad de raza, la xenofobia y el cristianismo).  Supuestamente la modernidad lograría que la irracionalidad traída por las religiones quedara extirpada del quehacer de la humanidad. Sin embargo, fuera de hacerlo, trajo consigo otros fundamentalismos acaso más atroces por ser pretendidamente más legítimos y justos. Por ejemplo, la idea misma de la libertad de expresión que constantemente se utiliza para justificar ataques arteros, memes “inteligentes y jocosos” o cuanta porquería se les ocurra a medios que ocultan su sordidez detrás de una presumida sátira (como el mismo Charlie Hebdo), ciudadanos machistas, homofóbicos, racistas y un largo etcétera. También ha traído la discriminación por motivos tecnológicos, económicos y hasta deportivos, todo sustentado en el pensamiento evolutivo y desarrollista.

En resumidas cuentas, resulta tan fundamentalista un pensamiento meritocrático/neoliberal/ excluyente (y es responsable de tantas muertes a lo largo y ancho de este mundo de porquería) como cualquier fundamentalismo religioso. ¿No me creen? Traten de discutir con alguien que piensa así y les dirá que “el pobre es pobre porque quiere”, “la empresa es buena y los capitales son puros”, “todo debe tener una aplicación práctica, de lo contrario no sirve”, “si esos indios no explotan sus recursos, que lo haga la empresa” y muchas otras ideas que justifican golpes de estado como el que se dio en Bolivia o la llegada al poder de personajes como Trump, Bolsonaro o Brown. Es necesario reflexionar sobre acontecimientos terribles como este, pero no dejarnos llevar por una ficticia empatía occidental con esos países europeos que están siendo objeto de los ataques terroristas. Si miramos con atención, para el común de muchos de los ciudadanos de esos países “desarrollados”, nosotros formamos parte de ese mundo “subdesarrollado” y podemos ser tan “negativos, salvajes y primitivos” como los terroristas. La discriminación y la xenofobia están a flor de piel en Europa y Estados Unidos y cualquiera que parezca extranjero (usualmente por el color de piel y el tamaño de la barba), corre el riesgo de ser detenido e interrogado, sin importar siquiera si nació en ese lugar. Como constatación de lo anterior, dejo el comentario de una lectora/or que comentó la nota sobre el particular publicada en el diario español El Mundo: “Estos criminales islámicos campan a sus anchas por Occidente porque los que nos desgobiernan así lo quieren. Es su plan. La solución está clara, aunque no sea fácil, hay que echar a tiros a los que nos sojuzgan desde sus poltronas. Para salvar la nación y nuestra herencia todo ha de valer. En cuanto los invasores vean las cabezas de sus benefactores en picas dejarán de venir”. Por supuesto, ahora los invasores son los musulmanes que están apropiándose de Europa. ¡Vaya fanatismo!

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