Fifís criminales

“Todos tienen entre 18 y 20 años de edad. Son hijos de acaudalados empresarios y comerciantes de esta localidad. Son un grupo de jóvenes que para romper el tedio que les dejaban sus noches de tragos, decidieron ocupar sus madrugadas en golpear a cuanto indigente deambulaba por las oscuras calles del pueblo o recostado en alguna esquina. Esa fue su rutina durante semanas. (…) Pero un día decidieron ir más allá. En su mundo etílico se impusieron la misión de ‘limpiar la ciudad de basura humana’. La madrugada del domingo 24 de abril bañaron con gasolina y prendieron fuego a Javier González Romero, El Cobijas, un indigentes de 60 años de edad, quien murió horas más tarde en un hospital de la ciudad de Zacatecas, por las quemaduras de segundo y tercer grados que tenía en cabeza y cuello. (…) Sólo uno de los siete jóvenes presentes en el asesinato de El Cobijas, Oscar de la Vega Fernández, está detenido. El presunto victimario, Ricardo Wong Morones, quien según los testigos bañó con gasolina al indigente, está prófugo y presumiblemente huyó a Alemania”. Así inicia la nota publicada por La Jornada de Zacatecas, que da cuenta del macabro suceso en Fresnillo, allá por el año 2005. El caso quedó impune, pues Wong sigue prófugo. Curiosamente, en 2017, en la misma ciudad, otro indigente estuvo a punto de morir quemado por otro grupo de personas sin que se sepan todavía sus identidades. Las razones por las que Wong no enfrentó a la justicia quedan claras por lo que afrima Claudia Valdéz en su columna La Casa de los Perros para el portal Noticias Ya!, tambien en 2017: “Feliz se le vio a Fernando Alanís Ortega, director general de Industrias Peñoles , en compañía de Carlos Pavón, líder de los mineros, festejando el VII Aniversario del Sindicato. Ellos rieron hasta más no poder como buenos amigos y cómplices que son, de situaciones muy irregulares como el despojo de tierras a los habitantes de La Velardeña, en Durango, sin dejar en el olvido jamás, cómo ambos ayudaron a Ricardo Wong Morones, hijo de Justo Wong, gerente entonces de la Mina Peñoles Fresnillo, a escapar de la justicia luego de haber asesinado a Javier González Romero El Cobijas, la madrugada del domingo 24 de abril del 2005”. Bien, una impunidad bien fifí, para usar los términos de moda.

Hace unos años, en 2015, cuatro jóvenes vercruzanos de lo más granado del “Jet Set” jarocho -ahora conocidos por el tristemente célebre mote de los “Porkys de Costa de Oro”- decidieron divertirse a costa de una joven menor de edad, la secuestraron en la calle, la llevaron a casa de uno de ellos, la manosearon y uno de ellos la violó. El caso llevado a la luz pública por el padre de la joven, terminó en la aprehensión de Diego Cruz -que fue detenido en Madrid (lugar al que se fugó) por la Interpol al salir de una fiesta- y Enrique Captain, mientras que un tercero, Gerardo Rodríguez Acosta, fue absuelto porque sólo “observó” los hechos y un cuarto, Jorge Cotaita Cabrales se encuentra prófugo. Captain está preso en espera de sentencia y Diego Cruz fue sentenciado en 2019 a cinco años de cárcel por pederastia simple y a pagar una multa de un salario mínimo (unos 70 pesos); lo último que encontré en las noticias es que podría ser liberado bajo caución pues el delito no es grave… ¡¿En serio?! Por cierto que, en el portal de MVS donde aparece la nota y una entrevista al padre de la víctima allá en 2019, un individuo llamado Johan Sutton comentó “Daphne ahora tiene la vagina blindada gracias al stress post traumatico (sic) que sufrió”. Vaya comentario más ruin, misógino y estúpido de un “simpatías” que no encuentra la gravedad del asunto. Este sujeto forma parte del problema, sin duda. Lo que ha operado en el caso de estos jóvenes, al igual que el de Zacatecas, es el de la impunidad vía la corrupción y el abuso que el dinero y la posición social que tienen los familiares de estos malandrines garantiza. Son de la peor calaña existente, y representan otro caso de impunidad fifí.

Ahora, el caso más reciente, es el de Diego Mañón Melgoza, presunto responsable del feminicidio de Jessica González perpetrado recientemente en Morelia, Michoacán. Según reporta el portal de ADN40, “La Fiscalía General del Estado de Michoacán (FGE) obtuvo de un juez de Control, orden de aprehensión para detener a Diego Urik ‘N’, presunto responsable del feminicidio de Jessica González Villaseñor, informó este domingo el fiscal Adrián López Solís, quien anunció la entrega de una recompensa a quien aporte datos que faciliten la ubicación y detención del investigado. (…) Durante un mensaje, el fiscal expresó su comprensión a la indignación y enojo expresado por la sociedad en este caso, por lo que informó que resultado de una investigación realizados por diversas áreas especializadas, se logró establecer circunstancias de modo, tiempo y lugar conforme a las cuales se perpetró el feminicidio y se determinó la probable responsabilidad de Diego Urick ‘N’”. Por lo que se lee en las notas, Diego es estudiante del Tecnológico de Monterrey campus Morelia y, según sugiere el Diario de Yucatán, familiares del presunto culpable ubican a la familia en Europa. Al momento de redactar este texto, Diego fue detenido. Ojalá no se trate de otro criminal fifí que la libre por la corrupción y sus influencias.


Todos estos casos me llevan a diversas reflexiones. Lo primero, es que también los ricos son violadores, asesinos, pederastas, acosadores, corruptos, ladrones y un largo etcétera. Muchos de ellos han amasado fortunas gracias a la corrupción y a la asociación delictuosa. Aquí se aplica esa “máxima jurídica” de que “quien está en la cárcel, es porque no tiene dinero”. Pero quiero extender más el análisis. Estos sujetos, con más o menos recursos, han tenido privilegios que muchos otros mexicanos no tienen: han estudiado principalmente en escuelas y universidades privadas sin tener que abandonar los estudios para sobrevivir. Comen tres veces al día y pueden pasear y divertirse sin preocupación y a veces sin límite. Y, por último, pero no menos importante, tienen recursos económicos suficientes y relaciones políticas sólidas como para escapar de cuanta estupidez, canallada y crimen cometan. No olvidemos que los Porkys recibieron su apodo de otro grupo de juniors que asesinaron y se salieron con la suya en Xalapa allá por 2001. Y, por si no bastare este esquema, habría que sumar a lo anterior la discriminación. Es decir, es frecuente que haya preocupación en hogares de cualquier nivel social si la hija sale con un chico que tiene tatuajes y perforaciones por todo el cuerpo, es moreno, tiene el pelo pintado del color que sea y proviene de un barrio humilde, pues se pensará de inmediato que es un delincuente. Pero si la hija sale con un chico de tez clara, vestido a la moda, perfumado, que estudia en el Tec de Monterrey y trae un auto del año, que proviene de una familia de nombre exótico y habita en colonia “bien”, pues entonces no habrá riesgo. La verdad es muy otra. Los delincuentes, no tienen una imagen específica ni provienen de un estatus social específico. Nuestra sociedad meritocrática y colonialmente patética construye sus propias trampas. Es necesario entenderlo: el racismo, el clasismo, la misoginia, la homofobia y todas estas lacras existen en todos los sectores sociales porque el patriarcado y la modernidad, con sus más asquerosas consecuencias, están presentes. Los fifís también pueden ser criminales, que nos quede claro.