Felguérez, pilar de la ruptura

Fue uno de los pilares de la ruptura plástica mexicana.

Manuel Felguérez (1928-2020).

Ese puñado de creadores que se aventuró a romper con una tradición artística. No más de veinte. Pero que si se calibran en cuanto sus aportaciones, constituyen un caudal de herencias para el México contemporáneo. La paradoja radica en que (retadores) se conformaron como colectivo ulterior al de los muralistas (revolucionarios).


Pero habrá que enlistar sus nombres: Gilberto Aceves Navarro, Lila Carrillo, Arnaldo Coen, Pedro Coronel, José Luis Cuevas, Enrique Echeverría, Fernando García Ponce, Alberto Gironella, Roger von Gunten, Rodolfo Nieto, Brian Nissen, Tomás Parra, Gabriel Ramírez, Vicente Rojo, Kazuya Sakai, Francisco Toledo y el recientemente fallecido Manuel Felguérez.

La llamada Generación de la Ruptura.

Provenientes directos, advierte Lelia Driben en La Generación de la Ruptura y sus antecedentes (FCE), de esa suerte de alentadores que para ellos representaron Vlady y Juan Soriano. Y hasta de los modernistas solitarios Rufino Tamayo, Carlos Mérida, Gunther Gerzso, Mathias Goeritz y Wolfgang Paalen. En la perspectiva, claro está, de la tercia Orozco, Rivera y Siqueiros.

Porque en suma, advierte la propia Driben, qué fue si no el mayor momento del muralismo: “una singular y controvertida vanguardia en México, al compás de una sociedad que afloraba de la gesta revolucionaria y comenzaba a difundir cambios en la sociedad y en el Estado-nación”.

Tras diez años de intensa actividad, los muralistas darían paso a lo que la autora denomina, apoyada en Octavio Paz, los modernistas solitarios. Una soledad artística provocada por “el dominio excesivo y autoritario de la demasiada prolongada Escuela Mexicana de Pintura, que practicaba un indigenismo pictórico y un realismo localista desgastado, reiterativo, epigónico y patético a veces, aunque muchos de ellos tienen algunas obras bien logradas”.

Hasta que la casa en la que vivía Vlady, hijo del poeta ruso Victor Serge y llegado a nuestro país en 1943, se volvió centro de reunión de lo que sería el colectivo estudiado, además de dar domicilio a la galería Prisse, nombre propuesto por Gironella. Vendrían después otras galerías: Proteo, Antonio Souza, Juan Martín (donde se concentraría la obra del grupo), Pecanins, así como exposiciones, salones, premios.

(Fue Gironella quien propuso que la galería se llamara Prisse. Ello porque un día llegó un sueco al lugar y, mientras observaba las obras que enseguida compraría, un gato entró a la sala y su atractivo —que parecía querer competir con los cuadros— distrajo su atención, quien comenzó a llamarlo ¡prisse, prisse!).

La Generación de la Ruptura, así con mayúsculas, estaba consolidada.

Diverso y coincidente a un mismo tiempo, el grupo, y gracias a su obstinación, “se transformó en el abanico diverso y cambiante que compone el vigoroso acervo de la pintura mexicana”.

El nombre

No hay duda de que la Generación ha sido motivo de polémica en diferentes momentos del arte plástico mexicano. Su mismo nombre es causa de controversia. Teresa del Conde, recuerda Driben, fue quien propuso identificar al colectivo como tal. “Ella comenta que tomó esta definición de una reflexión hecha por Octavio Paz al respecto”. Si bien Vicente Rojo prefiere decir que fue la generación de la apertura. De acuerdo a la autora, se trata de “los artistas que abrieron colectivamente las puertas de la vanguardia internacional en México”.

Tributo al recién fallecido

Nacido en Valparaíso, Zacatecas, Felguérez fue un artista que “dispara una concepción de la visualidad deshabitada de huellas que se relaciona con los impulsos secretos, ésos que laten en la hondura de cuerpo y espíritu y que conforman el último lazo con el romanticismo. Siguiendo a Paz y Juan García Ponce, Driben afirma que en la obra de Felguérez “se trata de mostrar invisible en lo visible, porque toda obra es, en primera y última instancia, visualidad, y ni siquiera en El espacio múltiple y La superficie imaginaria todo es visualidad; siempre hay ocultos indicios, pero el acento está puesto en la visualidad”.

“Artista total de México”, observó Alejandra Frausto, secretaria de Cultura federal, “su legado es vasto y diverso, su obra reconocida mundialmente, nutrió la obra de otros artistas. Generosa y extraordinaria persona, entrañable. Mi sentido pésame y acompañamiento a su familia, en especial a Meche”.

Lelia Driben, La Generación de la Ruptura y sus antecedentes, Fondo de Cultura Económica, México, 2013, 64 pp. y láminas

@mauflos