Sábado, abril 10, 2021

Expolio e identidad

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Parecieran notas aisladas, pero se encuentran integradas por una terrible realidad: el expolio histórico del que son resultado. Primero, el próximo 9 de febrero, la casa de subastas Christie’s, en París, subastará un lote de 33 piezas prehispánicas (algunas ya identificadas por el INAH como apócrifas) de dudosa procedencia, es decir, no se sabe cómo fueron adquiridas, pero lo más probable es que hayan sido sustraídas de su lugar de origen de manera ilegal. Las autoridades mexicanas ya se han pronunciado al respecto y exigen que la subasta no se lleve a cabo. Por otro lado, la lucha de autoridades de cultura de la República Dominicana que buscan que un museo de Turín, en Italia, devuelva un ídolo que es fundamental para su memoria y que debe ser exhibido en su país. En ambas circunstancias, como lo he dicho, se evidencia el expolio del que han sido objeto nuestras sociedades de América Latina desde el periodo colonial hasta la fecha. No sólo se nos ha dicho cómo debe ser contada nuestra historia, cómo debe ser investigada, qué lugar nos corresponde en el concierto histórico internacional (en un lugar muy atrás), sino también se nos niega la posibilidad de contar con nuestro patrimonio pretextando el respeto a la vida privada (de los dueños/ladrones que subastan ahora esos materiales) o el del respeto al “obsequio” que supuestamente algún palurdo líder del país caribeño habría realizado a cierta familia italiana, cosa que se ha comprobado es mentira. Ya he abordado el tema del patrimonio y la identidad en múltiples ocasiones, y he dejado claro el papel que ha desempeñado el pensamiento y la práctica neoliberales en la vacuidad que enfrentamos en este sentido. Hace un par de semanas hablé de Caral, importante ciudad peruana perteneciente a un pasado extremadamente remoto (allá por 3000 mil antes de nuestra Era) y que hoy se ve vulnerada por agricultores que buscan apropiarse de terrenos en la región. En ese espacio enfaticé la importancia del patrimonio, de su conocimiento, reconocimiento y aprecio por parte de los herederos de los que lo desarrollaron y de que, para lograr una vinculación de los ciudadanos con el mismo, es fundamental darle vida, hacerlo presente. Y una forma de hacerlo, es reflexionar, aunque sea a toro pasado, lo que nos afectan este tipo de acontecimientos.

La demanda por recuperar lo que podría ser el último cemí de la cultura taína en República Dominicana representa no sólo una acción política y propagandística de los que detentan el poder en ese país caribeño; por el contrario, es un intento importante por recobrar identidad, memoria, dignidad, aspectos que tanto se han perdido en nuestras latitudes gracias al franco desinterés por parte de autoridades y sociedad en general por nuestro pasado. En esta ocasión, hablo de un objeto que ni siquiera está en territorio dominicano, pero que simboliza un elemento fundamental en la construcción de la identidad de esa nación. Según un reportaje publicado por el diario El País, “El gran señor taíno, considerado una deidad por el pueblo que habitó la isla de La Española (actuales Haití y República Dominicana), murió entre 1439 y 1522, poco antes o poco después de que la historia del mundo estuviese a punto de cambiar. Su cráneo divino fue introducido en el interior de una figura de algodón de 75 centímetros de altura con forma humana. Es el único cemí o zemí de algodón que queda en el mundo. Todos los demás han desaparecido. El que perdura se halla en el Museo de Antropología y Etnografía de la Universidad de Turín (Italia). El Gobierno isleño lleva tiempo exigiendo su vuelta y hasta prepara una sala en el Museo del Hombre Dominicano para él con las máximas medidas de seguridad, pero el centro universitario italiano argumenta que fue un regalo del presidente Pedro Santana en 1848. Los dominicanos lo niegan. Su viceministro de Patrimonio Cultural, el arquitecto Gamal Nasser Michelén, explica así la reclamación: ‘Quien pierde su patrimonio, pierde su identidad’”. Curiosamente, hay que decirlo, en República Dominicana no quedan taínos que puedan defender su patrimonio y resulta interesante que ahora sí tenga importancia. Como sea, es indiscutible que tal pieza pertenece más a los dominicanos que a los italianos.

Por su parte, como menciona una nota de la revista Proceso, “Bajo el título ‘Quetzalcoatl: serpent à plumes’, la casa Christie’s de Francia realizará una subasta, el próximo 9 de febrero, para ofertar 33 piezas prehispánicas pertenecientes a culturas azteca, maya, mixteca y tolteca. Según los precios de la misma casa de subastas, las piezas, que no refirió cómo fueron adquiridas, podría alcanzar entre 2 mil y 900 mil euros, es decir, 49 mil y 22 millones de pesos”. Sea por presiones de la comunidad científica del país -que suele enterarse mucho antes que nuestras autoridades-, sea por una indignación genuina, el gobierno mexicano ya ha solicitado a su homólogo francés que detenga la subasta y el INAH ha interpuesto una denuncia ante la Fiscalía de nuestro país para investigar el caso. ¿Qué pasará? El gobierno francés argumentará, como buen gobierno liberal, que no puede interferir entre particulares y la subasta se llevará a cabo. “La pieza que más destaca Christie’s -continúa la nota de Proceso- es la escultura de ‘Cihuateótl’, diosa de la fertilidad (catalogada en el ‘lote 13’), proveniente de El Zapotal, Veracruz, con una altura de 87 centímetros. Se describe con una falda ‘ceñida con un cinturón de serpiente de doble cabeza’ y un gesto en el rostro como si estuviera hablando. Podría alcanzar entre los 600 mil y 900 mil euros. Otra de las piezas con alto valor es una máscara teotihuacana (situada en el ‘lote 23’) de 15 centímetros de altura, cuyo precio podría rondar los 350 mil y 550 mil euros, y cuya descripción destaca: ‘las máscaras de piedra de Teotihuacan han sido atesoradas desde el siglo XIV, tal como se ha podido observar en las ofrendas aztecas descubiertas en las excavaciones del Templo Mayor en la Ciudad de México’”. ¿En verdad tienen valor económico esas piezas?

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Se ve difícil que tanto el cemí taíno retorne a casa como que la subasta se detenga. No obstante, debemos reflexionar, ¿qué tanto en verdad afecta a nuestra identidad tales infamias? Por supuesto que habrá indignación en redes sociales, la arena donde ahora se expresa toda la emotividad posible; empero, nunca será del tamaño de la reacción contra las tropelías o estupideces de cualquier “lady” o “lord” que estén de moda. Me pongo a pensar en los cientos de miles de tarados y taradas que ignoran deliberadamente las disposiciones de aislamiento que llevamos desde que inició la pandemia, que se creen cualquier estupidez conspirativa y que hasta presumen sus covifiestas desafiando a la muerte… ¿les importará un comino el destino de nuestro patrimonio? Por supuesto que no y menos en un mundo donde lo colectivo y lo social, elementos fundamentales para que las culturas construyan identidad, se encuentran cancelados por el pensamiento dominante de “autoayuda/ emprendedurismo/ individualismo/ sálvese quien pueda/ échale ganas, tú puedes y si no, mereces ser pobre”. En nuestro país hay una larga tradición de investigación arqueológica, histórica y antropológica, dedicadas al estudio de nuestro pasado más remoto y de las expresiones culturales del presente; hay instituciones de mucho prestigio y hay investigadores de primer nivel. No le envidiamos nada a ningún país del llamado “primer mundo”. Sin embargo, no es suficiente. Incluso, a veces me queda la sensación de que todo lo que investigamos y publicamos, no deja de ser información para armar catálogos de venta de esas piezas a subastar o para justificar la permanencia de piezas robadas y que siguen en museos por toda Europa y Estados Unidos. Hay mucho por recuperar, mucho patrimonio perdido y mucho que discutir y hacerlo más allá de la indignación pasajera de publicación feisbuquera o tuiter efímero. Pero, además, pienso que la reflexión puede ser diferente y decir que, si no nos importan nuestras comunidades originarias actuales, mucho menos nos importará su pasado, que, nos guste o no, también es nuestro. Hay mucho por hacer y va mucho más allá de simplemente recuperar el afamado Penacho de Moctezuma…

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