Sábado, abril 10, 2021

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Expertos: pese al Covid-19, el Día de muertos prevalecerá porque lo sostiene una raíz cultural profunda 

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La fiesta de Día de Muertos no representa un acto religioso de índole cristiano sino una tradición, y es así por una fuerte razón: porque es la más antigua del territorio mexicano, pues su práctica comenzó en tiempos tempranos mesoamericanos como consta en las ricas ofrendas halladas arqueológicamente. 

 Lo anterior, fue señalado por el arqueólogo Eduardo Merlo Juárez y el historiador Fabián Valdivia para quien la tradición, pese a la contingencia marcada por el Covid-19, prevalecerá por su esencia que se sostiene por una raíz cultural profunda, y aunque no exista la expresión pública, permanecerá y se fortalecerá en lo privado y lo doméstico.  

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 “No se podrán hacer las danzas en los pueblos, como los Tecuanes o la danza de Zancudos. Habrá una tristeza porque los muertos no podrán ser recibidos como se hace desde hace miles de años”, dijo Merlo en la víspera del Huey Micailhuitl, la Gran Fiesta de los Muertos del mundo prehispánico. 

 Invitado por el Museo de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), el cual prepara actividades en su sitio de Facebook, Merlo dijo que éstas eran una fiesta de cosecha pues la agricultura estaba programada así: para recoger los primeros frutos y recordar a quienes enseñaron a cultivar el campo convirtiéndose en abono de la tierra.  

 Señaló que previo a la llegada de los españoles la fiesta era en agosto, y sin que éstos pudieran desaparecerla, cambió a noviembre conservando las viejas tradiciones de cinco días de fiesta, pues esa era la duración de las “fiestas que valían la pena”. 

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 Era un tiempo, afirmó el ex investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia, para recibir, agasajar y despedir a los difuntos, que eran los invitados de honor. Como arqueólogo dijo que existen evidencias muy antiguas de esta tradición, con enterramientos y ricas ofrendas.  

  “No van niveles, ni agua que refiere al bautizo, ni sal. No es un acto religioso cristiano, sino una tradición. Si somos rigoristas la religión católica no admitiría este tipo de fiestas. Esto es mucho más atrás, de ahí se deriva que la gente todavía, en muchas partes, ponga este banquete con todo lo que se pueda para el difunto: que se venga a comer lo que no pudo comer en vida”.  

 Afirmó que el pueblo mexicano es más del mundo indígena con 30 siglos de esplendor contra unos cinco siglos de influencia occidental.  

 Recordó que la fiesta de los difuntos empieza el 28 de octubre para los que murieron violentamente, continúa el día 29 de octubre para los ahogados, el 30 de octubre para las ánimas olvidadas, el 31 de octubre sigue con los niños y los días 1 y 2 de noviembre para el resto de los adultos, siendo ésta una herencia del mundo prehispánico. 

 Eduardo Merlo comentó que esta vez, con la contingencia del Covid-19 y los cementerios cerrados y restringidos para quienes acostumbran a ir, en la casa habrá que poner el banquete y la ofrenda, con los recursos que permitan. “La fiesta es efímera, pero es con mucho sentimiento, y la más tradicional por una razón: porque es la más antigua”. 

 “Hay que preservar algo que nos identifica ante otros pueblos y ante nosotros mismos. El Halloween quedó avasallado por los desfiles de catrinas. La influencia de Estados Unidos que heredó a su vez de Europa, ya no preocupa. La renovación de la fiesta está borrando toda esa influencia”, concluyó. 

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