Lunes, diciembre 15, 2025

Estado actual de la pandemia Covid-19

La pregunta sobre si la pandemia por Covid-19 ha terminado requiere una respuesta técnica que pueda distinguir dos fenómenos biológicos y sociales: la terminación de la emergencia político-sanitaria y la erradicación biológica del virus.

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El consenso epidemiológico, respaldado por la evidencia hasta marzo de 2025, indica que Covid-19, como fenómeno pandémico agudo y desestabilizador, ha concluido su fase de emergencia global; sin embargo, la enfermedad causada por el SARS-CoV-2 no ha sido erradicada. El virus ha establecido un patrón de endemia controlada, lo que significa que circula de manera constante y predecible dentro de la población, debiendo de ser gestionado mediante programas de salud pública rutinarios, aunque mantiene riesgos residuales significativos, especialmente para los grupos más vulnerables.

En este sentido es fundamental establecer una distinción terminológica precisa: la fase de Pandemia, es decir, la expansión global y explosiva de un patógeno, es distinta de la declaración de una Emergencia Sanitaria de Preocupación Internacional (PHEIC, por sus siglas en inglés, que es el marcador formal de la OMS). Por otro lado, la Endemia es la presencia constante y predecible del agente infeccioso.

El sistema de salud mundial se encuentra ahora en la fase endémica; pero esto puede ser engañoso.

A pesar de que las restricciones sanitarias han sido levantadas en la mayoría de las jurisdicciones, el Coronavirus SARS-CoV-2 continúa evolucionando y circulando a nivel mundial. La OMS, como principal organismo rector de la salud global, mantiene un riguroso monitoreo de la situación. La publicación de actualizaciones epidemiológicas de Covid-19, confirma que la vigilancia no ha cesado. Estos informes continúan monitoreando las tendencias de positividad de pruebas a nivel global y regional, la morbilidad y mortalidad, las admisiones hospitalarias, por supuesto las que se llevan a cabo en Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) y crucialmente, la evolución de las Variantes de Preocupación (VOC – Variants of Concern); es decir aquellas que tienen un impacto negativo demostrado en la salud pública (mayor transmisibilidad, mayor gravedad, o menor eficacia de las contramedidas como vacunas o tratamientos). Variantes de Interés (VOI – Variants of Interest), lo que implica aquellas que tienen cambios genéticos que podrían afectar la transmisibilidad, la gravedad o la capacidad de evadir la inmunidad y están siendo monitoreadas de cerca; para finalmente considerar a las Variantes Bajo Vigilancia (VUM – Variants Under Monitoring) que son las que tienen mutaciones que podrían requerir una mayor vigilancia o que son de interés, pero cuyo impacto aún no está claro.

La OMS mantiene informes específicos sobre Covid-19, lo que sugiere que, si bien el nivel de riesgo es manejable, aún requiere una vigilancia mejorada por encima del umbral de una enfermedad estacional típica. La continuidad de estos reportes detallados en 2025, refleja una de las principales lecciones aprendidas de la fase pandémica y que es la necesidad de institucionalizar la vigilancia y la transparencia de los datos a largo plazo.

La normalización social y la flexibilización de las medidas de mitigación, como el establecimiento del uso voluntario del cubrebocas en espacios públicos en estados como Puebla desde mayo de 2022, indican una baja preocupación de enfermarse. No obstante, esta flexibilidad implica una preocupación inherente entre la gestión del riesgo sanitario y el hartazgo social y político. La posibilidad de reintroducir la obligatoriedad del cubrebocas ante repuntes localizados, demuestra que las medidas de mitigación, en la fase endémica, se aplican de forma flexible, dependiendo de la carga viral local, que hasta ahora es bajo para patógenos realmente peligrosos.

Desde una perspectiva de salud pública estructural, la pandemia ha dejado una cicatriz demográfica profunda e irrecuperable. Covid-19 revirtió aproximadamente una década de avances en la esperanza de vida a nivel mundial, según reportes de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la ONU. Este impacto subraya que el costo de la pandemia sobrepasa el fin de la emergencia, obligando a los responsables políticos a integrar estos datos en cualquier análisis de planificación de salud a largo plazo, para mejorar las estrategias sanitarias ante futuros desafíos.

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La vigilancia persistente de la OMS, incluyendo el seguimiento de las variantes, asegura que el riesgo viral global no debe subestimarse. Los sistemas de salud están obligados a mantener la “guardia alta” y a informar sobre indicadores clave como hospitalizaciones y mortalidad, manteniendo así la infraestructura de respuesta global.

El fin de la emergencia sanitaria en México, en su momento, activó un plan de gestión a largo plazo compuesto por siete elementos estratégicos, diseñado para institucionalizar la respuesta y preparación, sin la necesidad de pasar por un estado de emergencia.

Este plan incluye:

  1. Recomendaciones sobre el uso correcto de cubrebocas.
  2. Manejo de incapacidades laborales.
  3. Intercambio de servicios y continuidad de la atención.
  4. Vigilancia, monitoreo y alertamiento (integrando la vigilancia al sistema de enfermedades respiratorias virales).
  5. Reconversión hospitalaria (mantenimiento de la capacidad de respuesta).
  6. Integración del Covid-19 al Programa de Vacunación Universal (PVU).
  7. Manejo clínico y actualización de planes de respuesta.

Un componente clave de este plan es la preservación de la capacidad de respuesta hospitalaria. La experiencia histórica de la pandemia, donde se lograron reconvertir 74,000 camas, incluyendo 11,000 con ventilador, fue catalogada como la reconversión más grande del mundo en su momento. Esta experiencia, liderada en gran parte por el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), sentó las bases técnicas para una respuesta efectiva ante futuras epidemias. El mantenimiento de esta capacidad de reconversión hospitalaria es un indicador que debe ser preservada institucionalmente, asegurando que la respuesta a un hipotético regreso de una variante de alta virulencia o un nuevo patógeno esté disponible.

Puedes leer: Vacunas anti Covid-19: ciencia, economía y política

Y nosotros debemos de cuidarnos.

Aunque la mayor responsabilidad del manejo en las enfermedades epidémicas recae en los sistemas de salud, individualmente debemos de comprometernos a cuidarnos individual y colectivamente. Las enfermedades poblacionales de carácter grave continuarán y de esto debemos de estar plenamente conscientes y, sobre todo, preparados.

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