En un libro reciente, el INAH analiza las formas de circulación de la violencia en México

Las formas de circulación del discurso violento, su introyección y normalización en la sociedad, particularmente la mexicana, son abordadas en el libro El espectáculo de la violencia en tiempos globales, novedad editorial del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Coordinado por las antropólogas físicas Martha Rebeca Herrera Bautista y Amaceli Lara Méndez, el volumen reúne 14 artículos de jóvenes investigadores, quienes analizan las formas de propagación de este fenómeno social.

Este equipo de estudiosos, el cual participó en el Seminario de Antropología de la Violencia –dirigido por Martha Rebeca Herrera Bautista desde hace ocho años– encontró material suficiente bajo inocentes y descaradas formas y formatos: exvotos religiosos, caricaturas, pegadizas letras de canciones, narcoblogs, incitación en la red a la pornografía y a los desórdenes alimenticios… y un largo etcétera.


Amaceli Lara explica que la perspectiva antropofísica busca explicar, desde el punto de vista cultural, fenómenos sociales como la violencia, cuyos componentes entrañan la psicología del individuo, el contexto doméstico y de trabajo, o las maneras en que aprendemos a convivir. “La escalada de los actos violentos es preocupante porque hace patente la descomposición interna de la cohesión social”, manifiesta.

Para Martha Rebeca Herrera, quien desde la Dirección de Antropología Física del INAH ha impulsado estos estudios, señala que si bien la violencia representada y, en ocasiones, sublimada en los medios de comunicación, sirve para dominar nuestros miedos o redima nuestras pasiones y frustraciones mediante un efecto catártico, existe una arista de violencia real, extrema, que nos hace cuestionar el momento en que vivimos.

“Desde hace por lo menos dos décadas, asistimos a la exposición de imágenes de violencia extrema por la televisión o vía internet, esos videos en los blogs de narcos, donde podemos observar a los sicarios confesar sus atrocidades, o las páginas donde se incita a las adolescentes a formar parte de colectivos en pro de la anorexia o el suicidio.

“Me derrumbo al pensar el grado de insensibilidad al que hemos llegado, sobre todo por las generaciones más jóvenes dependientes de estas tecnologías, que nos permite reírnos ante el dolor de los otros, deshumanizados al hacer de la muerte un espectáculo y de la violencia extrema una forma de entretenimiento”, dice Rebeca Herrera.

De ahí la necesidad de deconstruir estos discursos que pueden presentarse bajo cautivantes formas, por ejemplo, en los exvotos religiosos, a los que suele analizarse por su composición “naif”, pero que en algunos casos retratan la cultura machista llevada al extremo.

Anabella Barragán Solís exploró los diversos tipos de violencia en un conjunto de retablitos de los siglos XIX y XX de la comunidad de San Andrés Huixtac, municipio de Taxco, Guerrero. De un centenar de estas piezas, al menos una cuarta parte –precisa– abordan hechos que ponen en peligro la integridad o la vida de los personajes.

Bajo una premisa dubitativa y desde una perspectiva neurocientífica, en el texto El arte de la violencia o la violencia del arte, una investigación de Amaceli Lara, co coordinadora del libro, presenta varias corrientes que exploran la autolaceración del cuerpo, su modificación con fines estéticos, la filmación y exposición del sufrimiento como una expresión que induce a cierto tipo de reflexión sobre el cuerpo humano o el de otros seres vivos como objetos.

“El objetivo es provocar en el lector que sea más crítico con lo que ve, con lo que escucha, con lo que lee, respecto a cómo lo valoramos como arte en general; para caer en cuenta sobre lo que reproducimos y aceptamos en nuestra familia, en la comunidad y en nuestra propia mente. Estamos en un momento crítico como sociedad y la violencia se tiene que atacar en muchos frentes para que esto tenga algún cambio. No se ha dado suficiente fuerza a la educación por la paz. No vamos a cambiar si no se explica a los niños por qué debemos actuar de diferente forma. No vamos a cambiar si no hay suficientes oportunidades de trabajo que hagan que quienes tienen que mantener a una familia no descarguen sobre ella esa ira y frustración”, finalizó.