En Puebla, 62 por ciento de los 120 mil empleos que generan los talleres textiles permanece en la informalidad. Esta condición, más que una alternativa, ha sido la única vía para que la industria local resista frente a la competencia china y continúe activa, aunque al margen de la legalidad y la protección social.
Antonio Bassil Alam, expresidente de la Cámara Nacional de la Industria del Vestido, delegación Puebla, advirtió que las grandes industrias prácticamente han desaparecido y ha dado paso a una cadena de talleres pequeños y medianos, donde el anonimato y la falta de registro son la regla.
“La industria pesada ya casi está desapareciendo y se está fragmentando en las familiares, industria pequeña y todas están en el anonimato porque realmente pues no estás en registro, lo que llaman el 62 por ciento del empleo informal”, explicó.
La capacidad de estos talleres para subsistir se debe a que han centrado su actividad en la confección de uniformes escolares e industriales, un sector que la mercancía china no puede absorber, ya que su producción se orienta principalmente a prendas de moda y a grandes volúmenes para cadenas comerciales formales.
Así, la demanda de uniformes es atendida por talleres familiares y medianos, quienes, a diferencia de los grandes importadores, logran adaptarse a las necesidades del mercado local y continuar operando, aunque sea en condiciones precarias.
La fragmentación de la industria ha derivado en una estructura productiva predominada por la informalidad y sustentada por redes familiares y comunitarias. Esta situación, sin embargo, limita de manera significativa el acceso de los trabajadores y propietarios a la seguridad social, créditos y opciones reales de crecimiento económico.
Bassil Alam subraya que la falta de incentivos gubernamentales efectivos es el principal obstáculo para que estos talleres puedan formalizarse. Los pequeños empresarios temen que los trámites y el costo de las obligaciones fiscales resulten insostenibles frente a sus posibilidades de ingresos.
“Si no hay un programa de gobierno bien estudiado para rescatarlos con ese incentivo pequeño, jamás van a poder salir”, advirtió el exdirigente, quien señaló que la solución debe pasar por procesos sencillos y accesibles, apoyados por la tecnología actual.
Hace 15 años, Bassil Alam propuso un plan para formalizar a más de 120 mil empleos en el sector, lo que habría permitido reflejar ese dinamismo en las estadísticas oficiales y elevar el rango del trabajo formal. Sin embargo, la estrategia fue ignorada por el gobierno de Mario Marín debido a que ya se encontraba en la recta final del sexenio.


