En 1975, habitantes del poblado de San Miguel del Milagro, ubicado en el municipio de Nativitas, en Tlaxcala, hallaron por accidente, mientras labraban la tierra, parte de una pintura mural que plasmaba el rostro de lo que hoy es denominado un Hombre-pájaro. Dicho encuentro fue notificado al párroco de la comunidad, quien a su vez informó al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), entidad que iniciaría una serie de excavaciones que dejaron al descubierto Cacaxtla, un importante complejo ceremonial prehispánico cuya relevancia se enfatiza por la presencia de murales que tienen una antigüedad de más de mil años y que se conservan en buen estado.
Para conmemorar los 50 años del descubrimiento de Cacaxtla y sus murales, este jueves 4 de septiembre a las 11 horas en el Museo Regional de Puebla se harán dos conferencias: Primeras excavaciones en Cacaxtla (1976-1979) y Los murales de Cacaxtla, que estarán a cargo de los investigadores Andrés Santana Sandoval y Rosalba Delgadillo Torres, respectivamente.
En el texto Murales de Cacaxtla: imágenes milenarias que resguardan el pasado de Mesoamérica, publicado de manera virtual por el INAH, se explica que Cacaxtla proviene del vocablo nahua cacaxtli que hace referencia a una canasta que se llevaba sobre la espalda para transportar mercancías y que se asocia con los comerciantes. Dicho apelativo le fue asignado debido a que el comercio fue una de las actividades más importantes de sus habitantes, pues los descubrimientos permiten concluir que Cacaxtla fue un importante centro comercial en Mesoamérica.
Esta ciudad fue poblada por grupos olmecas-xicalancas que llegaron del Sur para asentarse en la región del Valle Poblano Tlaxcalteca. La etapa de esplendor del sitio se dio entre los años 600 y 900 de esta era en común, posterior a la decadencia de Teotihuacán.
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Su estilo de construcción es como el de otros lugares de Mesoamérica consistente en construir un edificio sobre otro anterior, de esta manera el sitio cuenta con diferentes etapas constructivas que se desarrollaron a lo largo de 300 años. Precisamente esta forma de construcción superpuesta, permitió la preservación de las etapas constructivas más antiguas y de los murales.
El INAH indica que los murales, que son precisamente uno de los elementos más destacados de Cacaxtla, fueron hallados en diferentes zonas del área conocida como el Gran Basamento; es decir, la gran plataforma sobre la que se construyeron diversos edificios denominados actualmente Edificio de las columnas, El Palacio, Edificio A, Cuarto de la Escalera, Edificio F, Templo de Venus y Templo Rojo.
En el caso de los murales del Templo de Venus señala que son las más antiguas y están sobre dos pilares. Se trata de dos figuras que aparentemente representan un sacerdote y una sacerdotisa, ambas tienen piel azul, sus brazos están dispuestos hacia arriba, portan un collar y se encuentran sobre un fondo rojo plasmadas de pie sobre una cenefa acuática.
En estos murales destaca la presencia de dos glifos de Venus ubicados en la cintura de cada una de las figuras y que se conforman de un ojo rodeado por medio anillo azul y cinco resplandores blancos.
Asimismo, uno de los murales más destacados por su tamaño es el denominado Mural de la batalla, que data aproximadamente de entre el 650 y 700 de esta era en común. En él se observa a dos grupos de personajes aparentemente en batalla, uno de ellos es representado como el dominante y está relacionado con los antiguos habitantes del Altiplano Central, mientras que el otro, que es representado como el sometido, es aparentemente de origen maya.
Análisis recientes de la iconografía de este mural señalan que la escena plasmada en él no se relaciona con actividades bélicas sino con un ritual de sacrificio en honor al Dios del maíz. Asimismo, un estudio comparativo realizado por Claudia Brittenham arrojó que esta pintura mural pudo haber sido realizada por al menos 10 pintores, pues se observan patrones similares en algunos grupos de figuras, los cuales poseen una marcada diferencia en relación con otros grupos de trazos.
En el caso de los murales Hombre-pájaro y Hombre-jaguar éstos se encuentran en el Edificio A del complejo ceremonial: uno de ellos lleva una piel de jaguar y sostiene lanzas de las cuales brota agua; mientras que el otro está ataviado de plumas y porta un atado que envuelve una serpiente de la que brota sangre.
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Mientras que el mural del Templo Rojo, ubicado a un costado de la escalera ascendente de dicho edificio, aparece un anciano que porta orejeras, pulseras, un collar, sandalias, manoplas y piel y tocado de jaguar. A sus espaldas lleva un cacaxtli que contiene un caparazón de tortuga, plantas y otros objetos. Además del hombre fueron plasmadas plantas de maíz cuyas mazorcas poseen rostros humanos de características consideradas mayas. La escena es rodeada por una cenefa acuática y también son representadas aves, un sapo y otros animales lacustres.
Destaca que en la mayoría de los murales fueron utilizados cinco tonos (rojo óxido, amarillo ocre, azul maya, negro de humo y el blanco de la cal), los cuales podían ser mezclados para obtener como resultado colores secundarios. Los pigmentos utilizados son minerales de procedencia local, como cal, carbón, hematita y goethita. El azul en los murales es el denominado “azul maya”, el cual se obtiene de una arcilla a base de paligorskita que era teñida con índigo. El estudio de estos murales ha encontrado múltiples estilos e influencias provenientes de la región maya, la costa del Golfo, Oaxaca, Teotihuacán, Cholula y Xochicalco.
Las conferencias que serán este jueves 4 de septiembre en el Murep, recinto adscrito al Centro INAH Puebla ubicado en la zona de los Fuertes, se llevarán a cabo en el Auditorio Efraín Castro Morales con entrada libre pero cupo limitado a 60 personas. Para más informes se puede escribir al correo [email protected]


