Como viles rompehuelgas fueron tratados ayer los líderes y representantes de primer nivel de los sindicatos que conforman la Confederación de Trabajadores de México (CTM) en Puebla, pues en la entrada del Salón Country, a donde acudieron para celebrar el Día del Trabajo, individuos de trato hosco los sometieron a una escrupulosa revisión con la supuesta encomienda de evitar que ingresaran armas al festejo.
Ya desde antes de entrar los varones encargados del cateo prodigaban las desconsideraciones: “¡póngase el gafete o no pasa!”, le ordenó en tono grosero, por ejemplo, uno de esos sujetos a una lideresa de la tercera edad, a quien ni siquiera tuvo a bien saludar antes de regañarla.
Las reporteras, fotoperiodistas y camarógrafos que recibieron su acreditación por WhatsApp -una réplica digital del gafete- corrieron la misma suerte con los hombres que hicieron las veces de cadeneros de antro: “¡No pasan sin el gafete oficial (sic), háblenle al de prensa, son órdenes de Leobardo!”, vociferaban con prepotencia, refiriéndose a Leobardo Soto Martínez, secretario General de la central obrera en la entidad.
Pero no todo fue maltrato para los cetemistas. De hecho, solo en la aduana hubo esas descortesías. Un botón de muestra: para comodidad de sus agasajados, la CTM dispuso de camiones que los acarrearon al Country y, franqueada la fila de la auscultación oprobiosa, personal del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) le obsequió a cada asistente un par de condones, lo cual causó hilaridad y pícaras bromas sobre lo acertada que resultaba la dotación para la ocasión.
Adentro nadie se quedó de pie, todos tuvieron mesa y un paquete de cervezas Victoria en lata, las cuales tuvieron que enfriar con hielos, porque los discursos de sus líderes e invitados se prolongaron por hora y media antes de que se diera la indicación de que podía iniciarse la ingesta.
Tampoco hubo reparo en la procuración del bailongo, porque, a la manera de cualquier festival en boga, se armaron dos entarimados para sendas agrupaciones, a fin de que cuando terminara la actuación de una comenzara de inmediato la interpretación de la otra y no se diera tregua a los cuerpos para descansar.
El acto protocolario fue absolutamente solemne. Los honores a la bandera corrieron a cargo de soldados y una banda de guerra de la Secretaría de la Defensa Nacional.
Los discursos y porras trajeron por unos instantes el aura de la llamada dictablanda, porque la CTM es antes que nada una central priista que sigue al pie de la letra sus usos y costumbres. El derroche de orgullo nepotista corrió por cortesía de Leobardo Soto Enriquez, quien rindió loas a su padre, sus abuelos paternos y maternos mencionándolos como próceres del cetemismo.
Pero sin duda la pieza de oratoria más fiel a los viejos tiempos en que la familia revolucionaria lo era todo, la pronunció Silvia Tanús Osorio, secretaria General en el ayuntamiento angelopolitano, a quien todos los priistas que tomaron el micrófono -Leobardo Soto, su hijo, amén del diputado local y dirigente estatal del tricolor, Néstor Camarillo- reconocieron como maestra. Los dos Leobardos, padre y vástago, aprovecharon la ocasión para darle una medalla a la experimentada política, como esas piezas de joyería que regalan los padrinos en las primeras comuniones, y se la impusieron en el cuello, para que nunca se la quite, expresó el líder máximo de la CTM en Puebla.
El de ayer fue también el refrendo de ese ornitorrinco político, electoral, ideológico, partidista llamado PRIAN -sin el PRD, cuyos representantes brillaron por su ausencia-, pues en las sillas principales de invitados sentaron a los diputados federales panistas Mario Riestra Piña y Carolina Beauregard Martínez, a quienes los dirigentes de la CTM los reconocieron por su oposición a la Reforma Eléctrica y su “defensa de los obreros” (sic).
No solo eso, sin tapujos, Leobardo Espinosa Martínez -quien fue uno de los principales colaboracionistas del PRI con el morenovallismo- dijo que el edil albiazul de la ciudad de Puebla, Eduardo Rivera Pérez, ausente en el acto, estaba dando “cátedra” política con su gestión.
Alejado del recato, el líder de la que sigue siendo la principal central obrera afiliada al PRI, hizo un reconocimiento a los patrones poblanos y de otras partes del país y, al final del acto, en correspondencia, un grupo de empresarios le entregaron a Leobardo Soto Martínez una suerte de diploma metálico, que él alzó orgulloso para posar ante las lentes de la prensa poblana.
