Lunes, julio 15, 2024

El Zapata y Piedras Negras hacen historia

Destacamos

Una encerrona con toros de Piedras Negras no es platillo de uso común en estos tiempos. En realidad en ningunos, pues la prócer divisa tlaxcalteca nunca resultó demasiado apetitosa para los contados diestros capaces de partir plaza sin alternantes al lado. Y miren ustedes por dónde, en la época más adversa que ha enfrentado la tauromaquia en nuestro país, con la Plaza México clausurada por la intolerancia animalista (que por supuesto incluye a jueces censuradores), la baja política lanzando rayos y centellas contra la fiesta y el taurinismo haciendo el tancredo, un torero de Tlaxcala –como los astados criados en Tlaxco desde siglo y medio atrás–, Uriel Moreno “El Zapata”, decide homenajear a la célebre divisa rojinegra anunciándose con seis de sus ejemplares, algo que no había ocurrido desde que lo hiciera en el Toreo de la Condesa Luis Freg, aquel formidable estoqueador nacido en Nonoalco a quien se conocía en España como “Don Valor”.

Es El Zapata uno de los contados diestros que nos van quedando con acento propio, afán de superación, cultura taurina y consciencia real de su valer y el de la tauromaquia de este país. No debe extrañarnos, por tanto, que haya unido su propia iniciativa a la de Marco Antonio González Villa, heredero actual de la ilustre estirpe de los González de Piedras Negras, dando como resultado la corrida del sábado en la plaza de Apizaco, atinadamente rebautizada con el nombre de Rodolfo Rodríguez “El Pana”. Que no podía ser una tarde cualquiera lo supimos desde que se hizo el anuncio de la encerrona. Este sábado 15 de octubre de 2022 Apizaco fue la Meca del toreo mexicano, con seis toros auténticos y un torero de verdad.

La corrida. Los de Piedras Negras constituyeron una variada muestra de casta, más que de fuerza, mal muy de la época. Uriel Moreno tuvo el detalle de subrayar la mexicanidad de su apuesta –decíamos que es un torero consciente de quién es y de dónde viene—alternando el terno de luces, con el que despachó la primera mitad del festejo, y el traje charro de faena, enfundado en el cual terminó, en hombros, la corrida.

Predominaron en su actuación la variedad y la suficiencia. Suficiencia torera para dar a cada toro su lidia, uniendo alegría y poderío a partes iguales. Y con la variedad de repertorio y recursos que han hecho de El Zapata un caso aparte en los tres tercios y a través del tiempo (26 años de alternativa ya). Le cortó las dos orejas al magnífico tercero, cuyo cadáver mereció la vuelta al ruedo. Y una oreja al cuarto y al quinto, sin permitir que hubiera tiempos vacíos ni que decayera el tono de la tarde en momento alguno.

Al final, su salida en hombros fue compartida con el ganadero Marco Antonio González.

Corrida de la Hispanidad en Madrid. La temporada española está cerrando a todo tren. Madrid clausuró su año el martes 12 de octubre con lleno de “No hay billetes”, según viene siendo costumbre cada vez que cualquier plaza anuncia a Andrés Roca Rey. Con el peruano hicieron el paseo un Alejandro Talavante urgido de rescatar algo en su muy floja campaña de reaparición y Francisco de Manuel. Toros de Victoriano del Río, el hierro del momento. Un momento que se prolonga ya casi un decenio.

Aquí un paréntesis: en la conmemoración de la llegada de Colón a nuestro continente, la empresa enviaba un mensaje sobre lo que llaman ahí día de la hispanidad encartelando con el extremeño Talavante a un peruano y al hijo de un venezolano como es De Manuel, de presencia algo forzada en el cartel. ¿No habría sido preferible anunciar a un espada de México, el país americano con mayor presencia histórica en las plazas del mundo? Opciones no faltarían, porque en este 2022 han destacado particularmente, dentro del limitado marco dispuesto para ellos por el empresariado ibero, Joselito Adame, Leo Valadez e Isaac Fonseca, el novillero del año sin sombra de duda. Y merecedor de una confirmación de alternativa a todo lujo en Las Ventas, no de un frugal cierre de campaña, en Valencia, en fallido concurso ganadero y con dos alternantes del montón. Era apenas su cuarta corrida como matador de alternativa. El ninguneo es evidente. Y lo encabeza el verborreico Simón Casas, operador en jefe de la vigente empresa del coso venteño.

Roca y De Manuel en hombros. Cerrado el paréntesis vamos a los hechos, esperado el uno y sorpresivo el otro. Primero porque Andrés Roca Rey se justificó plenamente y le cortó las orejas a su primero, “Jaceno” (615 kg), un astifino castaño con albarda y frente rubias, que llegó al tercio de muleta repitiendo, sin clase pero con emoción, y con el que estuvo el limeño a la altura de las circunstancias. Se hirió con el estoque la palma de la mano, causa de que corriera turno con De Manuel para matar al sexto, negro y reservón, al que le insistió bastante muleta en mano sin conseguir redondear nada. Y contando con la enemiga de los guardianes de la pureza, que le estuvieron pitando nada más por contrarrestar los tibios aplausos de la mayoría. Naturalmente, eso no impidió que sumara el peruano la tercera puerta de Madrid de su meteórica carrera.

Para Francisco de Manuel –he aquí la antes aludida sorpresa—fue la primera, y tuvo la contundencia de tres orejas como contraseña. Suyo fue el mejor lote, pastueños y de duradera embestida los dos, especialmente el quinto, “Espiguita” (572 kg), toro de gran calidad y mucha transmisión a los tendidos. Encomiable la decisión del muchacho, de buena figura y atinada colocación casi siempre. Hubo altibajos en sus faenas pero la gente respondió con creces a su entrega, presente ya en ajustados quites y aún más en dos muleteos cuyo principal mérito consistió en no cederles protagonismo a un par de animales nobles pero encastados y nada bobos, a los que además mató muy bien. A “Espiguita” le cortó las orejas, y había paseado una de su primero, con lo que tuvo para erigirse héroe máximo de una tarde en la que Victoriano del Río a nadie defraudó, pese al par de cojos que hubo que devolver para que Roca pudiera encontrarse con “Jaceno”.

El que decepcionó a tirios y troyanos fue Talavante. Le tocaron los dos más mortecinos del excelente encierro y él anduvo tan rígido e inexpresivo como a lo largo de toda su campaña. Además, recordando seguramente el triste episodio de José Tomás con aquel toro de Adolfo de 2001, tras fallar reiteradamente con el verduguillo decidió plegar la muleta y esperar a que sonaran los tres avisos de rigor para que “Vampirito”, el cuarto, se le fuera técnicamente vivo (el animal fue apuntillado desde un burladero). Creo que es tiempo de abrir debate sobre el dudoso beneficio que le está reportando la tutela de nuestro admirado Joselito Arroyo, representante de una tauromaquia tan ajena a la del extremeño que su alianza, al menos hasta ahora, puede calificarse de contraproducente.

Cien de Morante. Así se lo planteó al comienzo y, al cierre de su temporada, quedó felizmente cumplida. La corrida 100 de Morante de la Puebla, el viernes, en Zaragoza, no fue triunfal, pero el artista sevillano tiene la satisfacción de haberse afirmado como sostén del complicado año de la vuelta a la normalidad taurina, contrariando las dudas previas acerca de su capacidad física, ya que no la taurina, para responder al reto autoimpuesto por su celo y afición toreras, no intactas sino crecientes al cabo de cinco lustros de alternativa y algunos kilillos de más.

Famoso por su falta de fortuna en los sorteos, José Antonio dejó, sin embargo, muestras sobradas de la madurez de su arte y la originalidad de su fructífera exploración arqueológica en las fuentes históricas de la tauromaquia. Díganlo si no sus memorables faenas con “Ballestero” de Garcigrande (Sevilla, 07.05.22), “Pelucón” de Alcurrucén (Madrid, 01.06.22) y “Derribado” de García Jiménez (Sevilla, 23.09.22), entre otros ejemplos palmarios de que el toreo, en semejantes manos, alcanza categoría de arte mayor.

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