Debo admitir que, después de conocer la experiencia derivada del primer periodo presidencial de Donald Trump (2016–2020), en el cual abundaron, como ahora, las bravatas algunas de ellas no cumplidas, otras, sin duda, las refinó y algunas otras las ha cumplido puntualmente. El periodo de Joe Biden le permitió afinar su proyecto, allegarse de un equipo caracterizado por su conservadurismo fascistoide y concebir el mundo con una visión norteamericana, al estilo del Destino Manifiesto.
Es, Trump, un individuo directo, sin duda, pero también mentiroso, soberbio y megalomaniaco. No respeta a los demás, ni a personajes gobernantes ni países, tiende a dirigir por sobre los demás, violar soberanías y el espíritu de autodeterminación de los pueblos. Aquí sí, es una amenaza para el mundo.
En su nueva etapa, sus anunciadas amenazas se han convertido en decretos, firmados y emitidos casi a diario. Así como puesto a operar a parte de su equipo, como el Secretario de Estado Marco Rubio o el de Defensa, Peter Brian Hegseth, un antiguo presentador de televisión.
Como ya lo hemos señalado en alguna colaboración anterior, Trump ha abierto ahora muchos frentes, incluso con antiguos aliados, como la Unión Europea, la cual fue excluida en las pláticas de paz en Ucrania, bajo la argumentación que está por la guerra, lo cual ya ha provocado una reunión informal en Francia. Ya no digamos la decepción del presidente ucraniano Volodímir Zelenski.
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Para algunos articulistas, como Isidro H. Cisneros, se está desplegando a nivel internacional un nuevo orden político y económico, donde al parecer Donald Trump empieza a aplicar aquella máxima que dice “si no puedes derrotar a tu enemigo, únetele”, que al parecer es lo que ocurre con Rusia. Al respecto, ya veremos que sucede en la reunión próxima en Arabia Saudita, entre el presidente norteamericano y Putin.
Hay entonces una diferencia sustantiva con su anterior mandato, ahora mostrando una mayor dureza, no obstante que apenas que está por cumplir un mes de su asunción el pasado 20 de enero, lo cual preludia lo que será su periodo de cuatro años en el gobierno norteamericano.
Y supongo que falta otro punto, el asunto de los aranceles impuestos prácticamente para todo el mundo, de tal manera que se evidencie el efecto bumerang que puede suceder en algunos casos, como puede ser en el ramo automotriz. La guerra comercial a nadie ayuda, tampoco al proteccionismo gringo.
Tampoco se ha dado cuenta, Donald Trump, que su postura rijosa en el ámbito internacional, ha estado provocando un creciente sentimiento antinorteamericano, incluso en antiguos países aliados, con excepciones, claro está, como es el caso de Israel. Tarde o temprano esto pudiese darse en manifestaciones que incluso pueden trascender al interior del territorio estadounidense.
Con toda esta explicación, esta nueva gestión de Donald Trump, es preocupantemente distinta a la primera, por lo cual no hay que mantenernos a la expectativa, sino denunciar lo denunciable y actuar en consecuencia. Hay que oponernos y detener las intentonas expansionistas de Trump.
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