Miércoles, octubre 20, 2021

El Reino

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Hace unos días recibí por guats un mensaje por demás ilustrativo del mundo en que nos encontramos. Fue supuestamente enviado por Rick Mathes, capellán de prisiones de Estados Unidos y empieza de la siguiente manera: “Con el ataque terrorista atribuido al grupo ISIS, me cuestiono el grado de tolerancia que los musulmanes aplican al mundo entero, pues bien. En todos los países se les abre las puertas y ellos construyen sus mezquitas (templos de los musulmanes); pero cuando los cristianos (grupo minoritario) pide construir una iglesia en sus países se les niega o si se les concede los atacan. Cabe entonces preguntarse ¿Se puede creer en su tolerancia? O solo son caballos de Troya esperando el momento oportuno. Ante tales interrogantes, que cada cual que juzgue, estas son sus creencias y la gente ya comienza a ponerse nerviosa y con razón. Se cierran las iglesias y se eliminan símbolos religiosos para no herir la sensibilidad. ¿De quién? Pero en su lugar se abren mezquitas, les estamos cediendo espacios, ¿eso es normal?” Y luego, el texto describe una supuesta reunión que representantes de tres iglesias, la católica, la protestante y la musulmana tuvieron con miembros del sistema de prisiones. En ella, cada uno expuso las características de su religión y sus principales preceptos. Al final, Mathes cuestionó al musulmán: “Por favor, y corríjame si me equivoco, pero entiendo que la mayoría de imanes y clérigos del Islam, han declarado la Yihad (guerra santa) contra los infieles del mundo.  De modo que matando a un infiel, que es una orden para todos los musulmanes, tienen asegurado un lugar en el cielo.  Si así fuera el caso… ¿puede usted darme una definición de infiel? Sin discutir mis palabras, contestó con seguridad: ‘Son los no creyentes’. Contesté: ‘Permítame asegurarme que le entendí bien. A TODOS los seguidores de ALÁ, le ha sido ordenado matar a TODO el que no es de su fe para  poder ir al cielo? ¿Es correcto?’” Claro, la respuesta del imán, según el texto fue sí. ¡Vaya manera de manipular el discurso islámico! No pretendo en este espacio aclarar la enorme complejidad del islam, de sus numerosas vertientes e interpretaciones de sus escritos, de sus numerosos grupos y expresiones de los que ISIS o los Talibanes son sólo un par. Se trata de una manipulación descarada de lo que ocurre en Afganistán por parte de ciertas iglesias cristianas para no perder adeptos frente a lo que ellos denominan el “avance” del islam en su país. Lo llamativo es que se hace una traducción al español (muy mala, por cierto) y se disemina por la red sin que se repare en el sentido de esta. Se parte de la premisa de que los musulmanes son malos y ya está. Odio e ignorancia que combaten odio e ignorancia. Estamos fritos.

Lo que me interesa en este instante es denunciar la superficialidad de ese texto y la forma en que abona al pensamiento único producido en occidente y que fue encabezado en su momento por la iglesia católica, pero que ahora tiene expresión también en las variadas religiones de corte cristiano que avanzan con paso firme en muchos espacios de América Latina y del mundo. Como lo he dicho en otras entregas de esta columna, lo hacen no sólo en la vida privada; lo hacen en la vida pública tratando de imponer agendas en contra de la “ideología de género” desde el activismo; penetran en las comunidades de múltiples formas, no sólo con templos sino con albergues y centros de ayuda; e incluso, teniendo injerencia directa en la toma de decisiones y el desarrollo de políticas públicas vía la colocación de sus miembros en puestos políticos importantes. Ignoro en verdad si es que el islam está o no avanzando inexorablemente en Estados Unidos, pero de que estas iglesias lo hacen en América Latina, de ello no me cabe duda. Y, más allá de discursos piadosos y de manifestaciones de fe, han demostrado que su fanatismo -igual o peor que el islámico que denuncian- puede llegar a ser sumamente dañino. Para muestra, un botón: hace no mucho, pentecostales de una comunidad q’eqchi’ en Guatemala lincharon y quemaron vivo a un especialista ritual de la comunidad por ser “brujo”; por supuesto, también están las denuncias de abusos de todo tipo -incluidos los sexuales- en albergues y centros de rehabilitación cristianos. Por su parte, Chiapas, como una especie de “escenario de disputa religiosa”, se debate en conflictos constantes entre católicos tradicionalistas, partidarios de la teología de la liberación e iglesias cristianas no católicas. Se añaden a estos conflictos los intereses políticos del PRI (vinculados a los movimientos tradicionalistas católicos y de usos y costumbres, cuyo caso ejemplar sería San Juan Chamula) y otros partidos vinculados a la teología de la liberación y las iglesias cristianas no católicas que han generado todo tipo de conflictos donde los desalojos forzosos y el asesinato parecen la norma. Como afirma Jaume Vallverdú en su artículo “Violencia religiosa y conflicto político en Chiapas, México” publicado en 2005 por la Revista Nueva Antropología, además “del recurso a las lenguas autóctonas en las tareas misioneras, el éxito inicial de las confesiones protestantes se explica por otros factores, como su oposición a los excesivos gastos que representaban las fiestas tradicionales, la lucha contra el consumo de alcohol, la prevención de la salud y la asistencia de los enfermos, la intensidad de los cultos religiosos, el fomento de la participación indiscriminada en los mismos y el rápido nombramiento de pastores indígenas (Viqueira, 1998: 232). Todos estos factores han tenido una importancia sostenida en lo que respecta a la implantación y el desarrollo de las iglesias evangélicas en las comunidades y, como veremos, algunos de ellos se han situado en la base misma de las controversias y los conflictos sociales”. Al final, como se ha visto con el tiempo, los que pagan terriblemente son los feligreses de una u otra comunidad religiosa y más allá de la salvación o no de su alma, las instituciones son las que se quedan con la mejor parte que son los recursos económicos y, ahora, la negociación política.

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De hecho, muestra de lo anterior es la controversia generada recientemente en Argentina con el estreno de una serie producida por Netflix y escrita por Claudia Piñeiro: El Reino (2021). El serial de ocho capítulos se centra en un pastor evangélico metido a la política que se ve envuelto en el asesinato de su compañero de fórmula, lo que destapa la cloaca detrás de la política y su perversa relación con la religión, en este caso, la evangelista. “La serie también despertó críticas -según una nota publicada en el portal de Infobae- y en un comunicado, la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas se expresó descontenta con el guion. En uno de sus pasajes más contundentes, afirmaron: ‘Crear un producto cultural, como es una ficción de cine o una serie, desde la base del odio, para generar rechazo social a un colectivo religioso, es un acto que no realza la belleza de una profesión que se debería caracterizar por la transparencia y pureza intelectual y creativa, y no por usar la actuación para denostar y fogonear el rechazo social a quienes piensan distinto a quien produce esa obra.’ Por otro lado, responsabiliza del guion exclusivamente a Claudia Piñeiro, omitiendo que co-escribió la obra junto a Marcelo Piñeyro, de quien no dicen nada”. Claro, lo anterior pues Piñeiro no sólo es mujer y una escritora exitosa en ese país, sino es una constante defensora de las mujeres y su derecho a decidir -incluyendo el aborto- y a participar de forma activa en la vida política y social de su país. La virulenta reacción de los evangelistas propició a su vez un cruce de mensajes en redes sociales entre partidarios y detractores de la serie. Lo cierto es que “El Reino” exhibió en una sola historia, buena parte de los vicios que se le atribuyen a estos grupos religiosos, muchos de los cuales se encuentran ampliamente documentados. El caso de Naasón García, líder de la Luz del Mundo es ejemplo claro. Por supuesto, hay que decir que la iglesia católica tiene una larga trayectoria de violencia, vicios, corrupción, abusos sexuales y alianzas espurias y nefastas con el poder, del que Marcial Maciel apenas es la punta del iceberg; sin embargo, muchos de estos grupos están opacando a estos malandrines con sotana. El escándalo surge, por tanto, de la descarnada exhibición que se realiza en la serie y que, al ser cierta en muchos casos, incomoda. Todos tenemos conocidos o familiares recién convertidos a estas religiones y sabemos de su fanatismo y necedad; no es sorpresa tampoco que estas religiones amasen amplias fortunas que se hacen evidentes en las ostentosas construcciones de los templos y las ostentosas vidas de algunos de sus líderes. Gracias al escándalo, la productora ha anunciado ya la producción de una segunda temporada. Contrario al rechazo de estos grupos a lo evidente, debieran aprovechar el escándalo sus congregaciones para en verdad hacer un examen de conciencia y verificar si es que sus líderes se comportan de esa manera y no cerrar los ojos a la verdad. Después de todo, el que estos grupos participen en la lucha política no sólo va con la idea de colocar sus agendas en la vida pública, sino del más antiguo y perverso ejercicio del poder… y claro, de la obtención de recursos. Sin duda, el islam y sus fundamentalismos no son un peligro para nosotros. El nuestro está latente, muy cerca y no nos hemos dado cuenta. Ojo, mucho ojo

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