Jueves, junio 17, 2021

Recomendamos

El proceso electoral en México es un engaño.

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La experiencia nos demuestra que todas las elecciones en este país están controladas por el Estado y este juega un papel estratégico en este sistema capitalista: le toca mantener “la paz social”, mantener las cosas como están y desarticular cualquier movimiento social que aparezca. Los movimientos por pequeño que sean pueden crecer, mientras no los mediatizan con promesas de solución a sus problemas. Las condiciones para que resurja el movimiento popular están dadas: la enorme pobreza y desigualdad, así como la injusticia e impunidad.

En las elecciones, el Estado, (con su poder ejecutivo y sus aparatos electorales y judiciales) no es ningún árbitro como piensan todavía muchas capas de la población, está al servicio de la clase dominante, la que tiene el poder.

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En México tenemos un sistema de partidos propios de una democracia burguesa, que sólo simula y quiere hacernos creer que el pueblo ejerce el poder por medio de sus representantes electos en las votaciones. ¿Es acaso cierto esto? Claro que no, los candidatos que aspiran a un puesto de elección popular no son elegidos por nosotros en este sistema, los candidatos compran sus puestos, primero a sus partidos y buscan apoyo de los dueños del dinero, incluso del narco negocio, todo  tienen un precio. Según sus recursos económicos compran la candidatura y las alianzas que tienen con la burguesía  para entrar a la contienda que está totalmente controlada por el Estado (Vean datos de todos los partidos haciendo eso en todo el país).

Este sistema capitalista habla de libertad de compra y venta, hacen creer que todos podemos comprar el poder o siquiera la subsistencia, pero no es cierto, no hay libertad porque cuando nos rebelamos en contra de lo establecido, del despojo, la injusticia, la explotación, inmediatamente nos reprimen con su aparato de coerción.

La imposición de la ideología dominante a través de las instituciones del Estado como la educación, los medios de comunicación, la religión y hasta la cultura, disfraza la explotación de la clase trabajadora, al grado que muchos trabajadores no se sienten proletarios o asalariados, cuando lo único que poseemos es nuestra fuerza de trabajo, no somos dueños de los medios de producción.

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En nuestro país el PRI gobernó por más de 70 años, siendo una dictadura de partido, no se permitía ninguna participación popular, Los grandes movimientos de trabajadores y estudiantes fueron brutalmente reprimidos, encarcelaron y desaparecieron a muchos luchadores sociales. Sin embargo había muchas luchas y fueron estos movimientos los que presionaron para que el gobierno hiciera una reforma política; así dieron participación a otros partidos en la contienda, con muchas limitaciones y siempre bajo el control y las reglas del  juego del Estado.

Pero este aparente avance fue sólo  una válvula de escape ante el enorme descontento social, incluso sirvió para dividir a muchas organizaciones que creyeron en las elecciones para avanzar en la lucha. Sin embargo, lejos de avanzar, en muchos lugares estas organizaciones populares desaparecieron y a los luchadores que no creímos este engaño nos ha costado mucho esfuerzo volver a articular la lucha social independiente, pues cada que hay proceso electoral se dividen nuestras fuerzas, incluso los pueblos. Los partidos nos dividen y al final los candidatos electos son los que nos golpean al legislar o mandar en contra del pueblo.

La llegada de AMLO a la presidencia fue un cambio de gobierno que aprovechó el descontento general, pero no cambió el poder ni siquiera el régimen, el Estado es un aparato de dominación, y así el nuevo gobierno, sólo realiza algunas reformas, pero gobierna para la burguesía. Basta ver la imposición de la Guardia Nacional o los megaproyectos militarizados, por lo tanto las elecciones en este sistema capitalista no resuelven los problemas fundamentales de los trabajadores. Es necesario construir una Democracia Sindical y Política del pueblo, que garantice la participación libre de la clase trabajadora en las decisiones.

La democracia real es una forma de gobierno que rige las relaciones de una sociedad y actúa con la voluntad de la mayoría, se espera con ella que haya una igualdad real de toda la sociedad.

En la actualidad en el Estado y en las organizaciones sindicales cooptadas por el poder, siguen con sus instancias verticales, los de arriba deciden, roban y traicionan a los de abajo. Usurpan el poder.

Las elecciones de este año nos demuestran que sólo son reacomodos en los negocios, por eso la rebatinga, los candidatos que aparecen postulados por los partidos que son financiados con nuestros impuestos, compran sus candidaturas para mantener esos negocios, o apoderarse del presupuesto local y federal. Vía la corrupción, cuando terminan su periodo en el cargo ya poseen riquezas escandalosas.

Además se reeligen. Son las mismas personas que contienden por un puesto porque  pertenecen a un grupo de poder, y brincan de un puesto a otro y de un partido a otro así parezca el opuesto. Toda su vida viven del erario público, envejecen, se van pero dejan su lugar a su parentela, hijos y hasta nietos, y esto no se acaba hasta que los de abajo decidamos expulsar a estas camarillas enquistadas en el poder. Ellos son nuestros verdugos, son los que gobiernan y dictan leyes en nuestra contra.

A los dirigentes sindicales, de organizaciones sociales y de movimientos logran cooptarlos, así debilitan a las bases de las organizaciones, pues algunos por ingenuidad se ilusionan creyendo que de esa forma se puede avanzar en la lucha. También hay otros con intereses personales que se aprovechan siempre que hay elecciones. Conocemos muchas historias de dirigentes que se corrompieron y que ahora sirven a su amo y algunos hasta se vuelven patrones o gobernantes.

Quedan muy escasos dirigentes que han pretendido en esos espacios levantar la voz por los de abajo, sin embargo poco o nada logran, no tienen fuerza, sus voces son acalladas y no pasa sus iniciativas.

Los trabajadores debemos seguir construyendo organizaciones desde la base, independientes del Estado y de los partidos, porque lo que no hagamos nosotros nadie lo hará.

(Trabajadoras de base en lucha)

 ¿Cómo combatir la ideología dominante?

En este periodo de crisis, el descenso relativo de luchas visibles en las calles del mundo y de México, se contrasta con aquellos pueblos que a pesar de la pandemia de enfermedades, violencias y empobrecimiento, siguen luchando, con formas de compartir local, nacional e internacionalmente y con un espíritu de solidaridad, colaboración y de compromiso de luchar en el mismo sentido  contra el capitalismo, el patriarcado, el racismo, la depredación de la tierra y las guerras neo colonizadoras del imperialismo.

Son pocos los centros que ejercen poder comunitario y popular, que cuentan con asambleas además de servicios y proyectos propios. Son quizás menos quienes se resisten y se rebelan a la guerra contra los pueblos y sus formas de violentar y someter al poder de transnacionales, financieros y sus Estados.

En esos lugares enfrentamos una ofensiva en el campo cultural e ideológico que intenta y muchas veces logra controlar los conflictos y vencer las resistencias activas. Los proyectos rebeldes y revolucionarios son los primeros que la ideología dominante desprecia, etiqueta, intenta aislar y borrar su voz.

La pandemia y la necesidad del capital de crear formas de acumulación intensiva que eliminen o despojen a los pueblos en lucha, hace que utilicen un lenguaje y una actitud en los medios, la educación, los discursos y decretos políticos, la publicidad y espectáculos que embrutecen para que  perdamos la decisión de luchar, y la de prepararnos y actuar para acumular fuerza, ganar la iniciativa y avanzar por un camino de construcción del poder del pueblo.

Entre sus formas principales está el utilizar símbolos que sirvan para excluirnos y despreciarnos.

Por ejemplo en la pandemia, los grandes capitales elevan los precios de medicamentos y de servicios de reparto y comunicación, con ello agigantaron sus ganancias. Mientras mantienen servicios sociales desmantelados y limitados a lo urgente. Provocan el agravamiento de enfermedades y muertes por causas diferentes al COVID 19 y no valoran a los trabajadores que tienen un contacto masivo y constante con la población. La ultraderecha y la derecha en la Universidad Anáhuac, la Panamericana,  el ITAM y otras  forman en la ideología de “selección natural” que ven como estorbo a pobres y débiles por causa de la explotación y el olvido.

En cambio, los pueblos y colectivos aprenden a formarse en talleres, en jornadas de propaganda directas o en línea para conocer denunciar  y para saber cuál es la vida que queremos y cómo podemos lograrla. Cada día hay más mujeres y jóvenes, que saben usar medios electrónicos y directos, con alta creatividad y audacia para extender el contacto ameno y fraterno con la gente para que desnudemos a los opresores.

Hay experiencias colectivas para darnos a la ayuda mutua cuando nuestras familias y vecinos han fallecido o se contagian. La ayuda para compras de medicamentos o alimentos, nos vuelve repartidores solidarios. Las medicinas tradicionales que aprendemos de nuestros mayores o de las comunidades originarias que ponen la salud y la educación en manos del pueblo.

Las campañas de terror psicológico y simbólico.

El pánico el shock que se creó por la pandemia sobre si existía o no el COVID, que si mataban en los hospitales, que si las vacunas no sirven de protección o inventar supuestos males, con ello aumentó la incertidumbre, pero nos urgimos a la búsqueda en lo alternativo o en la experiencia de lo que sabemos entre nosotros. 

Como era de esperar, en los medios de manipulación se da amplia cobertura a la nota roja, difundiendo la violencia social que ellos animan y planean, para que desconfiemos de nuestros vecinos y hasta de compañeras de trabajo y estudio. Se usa para aterrorizar, o para seguir a los partidos y empresarios ya sean liberales y conservadores, y luego ellos nos criminalizan si actuamos por nuestra  cuenta.

La alarma aleja, separa, por el contrario nuestra alerta anima a juntarnos para fortalecernos.

El terror cala si nos quedamos sin empleo e ingresos, da miedo no tener qué comer o cómo curarnos. El miedo nos ciega a ver que hay maestros democráticos y muchos trabajadores y comunidades que se dan apoyo colectivo, con ahorro solidario y, a la vez exigen que se atienda nuestros problemas con suficiencia.

El mayor error en estos días de elecciones en muchos países y en México, es que confiemos que uno u otro partido haga por nosotros lo que solo nosotros podemos hacer organizados: luchar por una vida digna y libre sin capitalismo ni opresión.

 Errores políticos de la izquierda que crean desencanto*

Martha Harnecker

a) Reducir la acción política a lo institucional

El trabajo de la militancia se delega progresivamente en las personas que detentan cargos públicos y administrativos. La política se transforma en una acción exclusivamente administrativa o institucional. El esfuerzo prioritario deja de ser la acción colectiva para convertirse en la acción parlamentaria o en la presencia mediática .

b) Dejar que la derecha fije el calendario de las luchas de la izquierdaLa izquierda que respeta las instancias democráticas suele estar a la defensiva. Al limitar el trabajo político, salvo escasas excepciones, al uso de la institucionalidad vigente casi exclusivamente, es decir, al adaptarse a las reglas del juego del enemigo, casi nunca lo toma por sorpresa. Se cae en el absurdo de que el calendario de las luchas de la izquierda lo fija la derecha.

c) Ir a elecciones en el marco heredado sin denunciarlo

¿Cuántas veces no hemos escuchado quejas de la izquierda contra las condiciones adversas en las que tuvo que dar la contienda electoral, luego de constatar que no ha logrado en las urnas los resultados electorales esperados? Sin embargo, esa misma izquierda muy pocas veces denuncia en su campaña electoral las reglas del juego que se le imponen y plantea como parte de esa campaña una propuesta de reforma electoral. Por el contrario, suele ocurrir que en búsqueda de los votos ¾ en lugar de hacer una campaña educativa, pedagógica, que sirva para que el pueblo crezca en organización y conciencia ¾ utilice las mismas técnicas para vender sus candidatos que las que usan las clases dominantes.

Y esto determina que, en caso de un fracaso electoral, además de la frustración, el desgaste y el endeudamiento productos de la campaña, el esfuerzo electoral no se traduzca en un crecimiento político de quienes fueron receptores y actores, dejando la amarga sensación de que todo ha sido en vano. Muy distinta sería la situación si la campaña se pensase fundamentalmente desde el ángulo pedagógico, usando el espacio electoral para fortalecer la conciencia y la organización popular. Entonces, aunque los resultados en las urnas no fuesen los mejores, el tiempo y los esfuerzos invertidos en la campaña no serían algo perdido.

Con razón algunos sostienen que el culto a la institución ha sido el caballo de Troya que el sistema dominante logró introducir en la misma fortaleza de la izquierda transformado logrando minarla por dentro.

La acción militante tiende entonces a reducirse a la fecha electoral, pegadas de carteles y algún que otro acto público.

d) Someterse a reglas institucionales que fomentan el personalismo y afectan la unidad

Por otra parte, las propias reglas del juego electoral impuestas por las clases dominantes dificultan la unidad de la izquierda y fomentan el personalismo. Obligan en algunos países a trabajar por el propio partido en lugar de hacerlo por un frente más amplio.

La izquierda tiene que ser consciente de este problema y debe elaborar reglas internas que desactiven los efectos de este tipo de reglas institucionales.

e) Depender en cuanto al financiamiento de la organización política casi exclusivamente de los cargos institucionales

Por desgracia, el financiamiento de los partidos proviene cada vez más de la participación de sus cuadros en las instituciones Izquierda del estado: parlamento, gobiernos locales, tribunales de control electoral, etcétera; con todo lo que ello entraña de dependencia y de presiones.

*Apartado del artículo de Marta Harnecker: Prácticas de la izquierda que contribuyen al desencanto. Lo publicamos con su formato original como parte de un proceso autocrítico necesario y vigente ante el comportamiento político electoral o de gobiernos que se dicen de izquierda. El texto completo puede hallarse en www.rebelión.org.

“Aguardamos la hora decisiva, el momento preciso en que los pueblos se hunden o se salvan.”

Emiliano Zapata

 

www.elzenzontle.org

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