Miércoles, julio 17, 2024

El plan de Norma Layón podría extinguir el tianguis de Texmelucan tal como pasó con el de Tepeaca

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El esquema de intervención del tianguis de San Martín Texmelucan que busca impulsar la edil de este municipio, Norma Layón Aarún, es similar al proyecto fallido, que en los años 90, se impuso al tianguis más antiguo de América Latina que era el de Tepeaca y que se acabó extinguiendo por ese plan fracasado, que fue resultado de la obstinación de un alcalde y que se privilegiara la intereses económicos de un grupo de empresarios, por encima del beneficio colectivo de más de 10 mil pequeños comerciantes.

Mediante un proyecto, que está a punto de echar a andar el próximo mes, la edil Norma Layón quiere que el tianguis de San Martín Texmelucan –que es uno de los más grandes de México, con más de 15 mil vendedores—quede en manos de unos cuantos inversionistas privados y se desplace a las agrupaciones populares que, desde hace 28 años, organizan la vida orgánica de dicho centro de abasto.

El camino que lleva la presidente municipal, desde ahora, se advierte que podría tener los mismos resultados catastróficos que hubo con el tianguis de Tepeaca. Para entender esa idea es necesario analizar este paralelismo que se tiene entre ambos proyectos:

Layón ha planteado que dos empresas inmobiliarias son las propietarias de las 30 hectáreas de San Lucas Atoyatenco, que es donde está asentado el tianguis, por decisión de los ayuntamientos de los años 90 del siglo pasado.

Quiere que cada hectárea se ponga a la venta o se subaste, para que la compre el mejor postor, en un esquema de intermediación que seguramente provocará que se tripliquen los precios de los predios, frente al valor que pudieran tener en una condición normal.

Todo lo está haciendo sin comunicárselo a las organizaciones que agrupan a más de 30 mil integrantes del tianguis, entre comerciantes, trabajadores y prestadores de servicios en dicho centro de abasto.

La justificación de Norma Layón es que se debe acabar con los líderes sociales del tianguis de San Martín Texmelucan y en su lugar, quiere que haya un sistema gerencial que administre el sitio.

¿Qué pasó en Tepeaca hace alrededor de 30 años?

En ese municipio del sur estado de Puebla estaba asentado un tianguis que databa del año 1440, por lo que se le consideraba el más antiguo de América Latina. En ese tiempo agrupaba a unos 10 mil comerciantes que se instalaban semanalmente en la plaza principal de Tepeaca y docenas de calles aledañas.

Había un alcalde priista llamado Julián Yunes Arellano, que estaba obstinado en acabar con la influencia de los líderes sociales del tianguis y al mismo tiempo, transferir el control del centro de abasto a manos empresariales.

A espaldas de los comerciantes, Yunes pactó con la empresa Prisma Neo la construcción de la Central de Abasto de Tepeaca (CAT), que tuvo una inversión de 2 mil millones de viejos pesos que se obtuvieron mediante un crédito con Banobras. El objetivo era obligar a que los tianguistas se instalaran en unas enormes explanadas de la CAT y los mayoristas, compran las naves del inmueble.

Para justificar la acción, Yunes firmó un acuerdo con Pedro Vázquez, quien se ostentaba como el líder de los tianguistas, cuando en realidad era solamente uno de los 12 dirigentes sociales que controlaban el enorme mercado.

Es escándalo brotó cuando se pusieron a la venta las bodegas de la CAT y cada una costaba 15 mil millones de viejos pesos, debido a que habían intervenido varios intermediarios para construir la Central de Abasto de Tepeaca y todos querían una tajada del negocio. En ese entonces se estimaba que el costo real de cada espacio no rebasaba los mil millones de viejos pesos.

Lo mismo pasó con los pequeños tianguistas, se les intentó vender los espacios en las explanadas a precios que equivalían a varios años de trabajo.

Yunes confiaba que el proyecto iba a funcionar, entre otros motivos, porque los líderes del tianguis estaban divididos y confrontados.

Para que el proyecto cuajara, el Poder Ejecutivo entonces encabezado por el gobernador Mariano Piña Olaya dio un plazo fatal a los pequeños comerciantes para trasladarse a las explanadas de la CAT. Para ello se echó mano de los granaderos que eran encabezados por el siniestro director de Seguridad Pública, el militar José Ventura Rodríguez Verdín.

El día del plazo fatal, los tianguistas se fueron a la Central de Abasto. Ocuparon sus espacios y los obligaron a firmar pagarés, a precio de oro, por los pocos metros que a cada vendedor le asignaron en las explanadas a cielo abierto de la CAT.

A la siguiente semana, al grito de: “Nos vamos para siempre de Tepeaca”, de manera sorpresiva surgió un bloque de líderes unidos del tianguis, encabezados por Lorenzo Hernández Becerra, Rafael Téllez, Héctor Guerrero y Cruz Reynoso, quienes de manera improvisada trasladaron el tianguis a la comunidad de Huixcolotla, ubicada a una distancia de 18.6 kilómetros.

Se fue el 93 por ciento de los tianguistas y el 80 por ciento de los vendedores al mayoreo. Llegaron a un predio de 9 hectáreas que no tenía agua, drenaje y energía eléctrica. De hecho, no había nada, eran terrenos desocupados que cedió el ejido de la región y el ayuntamiento de San Salvador Huixcolotla.

Una semana más tarde, se necesitó que se ampliara la zona a más de 25 hectáreas, porque no cabía la gente.

El entonces subsecretario de Gobernación Mario Marín Torres amenazó a Lorenzo Hernández Becerra, que era el principal líder de los comerciantes, con la siguiente advertencia, palabras más, palabras menos: “Te doy una semana para regresar a Tepeaca o los harán volver los granaderos a la fuerza”.

“Si pueden desalojar a 10 mil comerciantes bravos, nos regresamos. Si no, déjanos en paz”, le habría respondido un retador Lorenzo Hernández.

Los dejaron en paz. La Central de Abasto de Tepeaca por años se quedó como un “elefante blanco”, con una deuda impagable y Huixcolotla es la Central de Abasto más importante del sur del estado.

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